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Orientaciones
familiares
Manejando los recuerdos
Dado
que los recuerdos que han impactado más hondamente a una persona
pasan a la memoria permanente se vuelven imborrables. Cuando tales
recuerdos se adquirieron como resultado del abuso verbal, físico
o sexual, se convierten en fantasmas permanentes que roban la paz
de la víctima.
Por ser desagradables, la persona lucha por expulsar de su memoria
las imágenes del pasado; pero, con su lucha solamente logra
que los mismos se arraiguen de manera más fuerte.
¿Cómo puede una persona tratar con los recuerdos que
le provocan tanto mal? En primer lugar, no debe cometer el error de
tratar de negar la existencia de tales memorias. Las personas que
se dicen a sí mismas: Eso ya no tiene importancia, sucedió
hace mucho tiempo, solamente están engañándose.
La persona debe reconocer la existencia de los recuerdos, debe también
reconocer que son tan fuertes que han marcado sus vidas desde que
las cosas sucedieron y que continuarán marcándolas mientras
no se tomen medidas para su manejo.
El paso del tiempo no es el remedio para los recuerdos lacerantes.
Muchas personas han sufrido a lo largo de toda su vida por recuerdos
de hechos desagradables que ocurrieron en su niñez y que nunca
fueron tratados adecuadamente.
Aceptado el hecho de que algunos recuerdos son imborrables, la persona
debe enfrentarlos. Esto significa exteriorizarlos. Relatar a un consejero
lo sucedido enfrenta a la persona con aquellas memorias que ha estado
evadiendo por mucho tiempo. Para muchos, el solo acto de relatar lo
ocurrido se convierte en una descarga que les proporciona un alivio
importante a su proceso de restauración.
Seguidamente, la persona debe comenzar a tomar control de sus memorias.
Hasta ese momento han sido ellas las que le han controlado. Ahora
es necesario invertir las cosas.
En este proceso se necesita la ayuda de un consejero capacitado que
pueda orientar a la persona sobre la manera de poner un alto a la
influencia que los recuerdos han tenido sobre sus sentimientos, conducta,
reacciones, socialización, etc.
Con la ayuda de Dios y con una orientación apropiada las personas
pueden aprender a convivir con sus recuerdos manejándolos de
tal manera que no afecten su vida presente y mucho menos su vida futura.
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