Turismo
 
Inicio del Sitio Jueves 15 de mayo
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

ALVIZ el caza fortunas

Joaquín Alviz tenía todo listo para construir un imperio económico en El Salvador. Sus errores y traiciones delataron la forma como encuentra el dinero. En sólo un negocio -el de la revisión técnica de vehículos- buscaba $120 millones.

El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Sus propias torpezas impidieron al empresario español Joaquín Alviz construir en El Salvador un verdadero imperio económico.

En un sólo negocio, el controvertido empresario pretendía apuñar $120 millones en 10 años.

También quería convertirse en un magnate constructor de obras estatales con la ayuda de amigos y socios.

Con el dominio total (y fraudulento) del negocio de la revisión de vehículos, Alviz quería alzarse unos $10 millones al año.

A eso se le sumarían los $33 millones en obras que la ANDA le encargó, en muy poco tiempo, a pesar de su inexperiencia en proyectos de ese tipo.

Pero Alviz es ambicioso: quería atrapar otras obras gubernamentales y hasta de alcaldías del país para colocar las enormes baldosas sobre las que construiría su imperio en El Salvador.

A sus 46 años, Joaquín Alviz es el típico empresario lambiscón que se mueve con cuidado y sagacidad.
Cuando necesita ejercer el poder, se vuelve terriblemente arrogante y, a veces, hasta violento.

Alviz tiene un truco: vive, esencialmente, de recibir y sacarle lustre a información privilegiada.
Tales son sus apetitos económicos que, fácilmente, se convierte en un contorsionista de los negocios.
Hoy puede aparecer como experto buscador de galeones hundidos hace 400 años.

Mañana es especialista en revisión de vehículos.

Más tarde, dice ser el hombre que más conoce de filtraciones de agua.
Después, lo que sea, siempre que huela a millones.

Cerquen a Flores

Madrid, 2 de marzo de 2003. El presidente Francisco Flores está colocado al lado de José María Aznar, en la sala de conferencias que el jefe del Gobierno español usa para reunirse con los periodistas de su país.
El recinto está medianamente lleno. Flores casi acaba una visita oficial a España y se dispone a cerrar su gira con una rueda de prensa.

Lea además

 

La historia oculta
¡Llamen a Perla!
Tres españoles recién llegados al país fueron a la oficina del presidente de ANDA, Manuel Arrieta, sin que éste sospechara que los europeos cargaban, en sus maletines, dos explosivos documentos no registrados en la institución.

Es un momento en que a ambos gobernantes les llueve parejo por el apoyo que dan a la guerra que George Bush empezará en Iraq dentro de pocos días.

Cuando el interrogatorio periodístico casi acababa, una española alta y rubia que no identifica el medio que representa alza la mano, pide la palabra y dispara contra Flores.

Al mandatario salvadoreño le pregunta si su Gobierno arranca, ilegalmente, negocios a empresarios españoles, como dice saberlo por los informes que posee.

Flores se desconcierta por unos segundos. Interpreta mal la pregunta. Cree que se trata del negocio del río Lempa.

En su respuesta habla generalidades sobre empresarios de buena fe que intentan acabar una obra inconclusa en su país.

Pero la periodista no preguntaba sobre el río Lempa.

Los salvadoreños que sabían de las andanzas de Joaquín Alviz comprendieron que la mujer trataba de interrogar a Flores sobre el negocio del español en la revisión técnica de vehículos.
Ese negocio lo había logrado de manera fraudulenta y todavía en ese momento trataba de advertir, en su país, que se lo habían arrancado con malas artes.

!Hasta el periodismo y la casa de gobierno español llegaron las truculencias de Alviz!

Con los buenos

Flores se había reunido, pocas horas antes, en Madrid, con representantes de la empresa Isolux, los socios que Alviz dejó tirados en el proyecto del río Lempa y a quienes jamás les dio explicaciones de las sumas millonarias que manejó.

Para salvar su prestigio en América Latina, los representantes de Isolux le dijeron a Flores que ellos terminarían las obras inconclusas.

Un esquema

La participación de Isolux en el río Lempa explica, por sí sola, el esquema que usó Alviz para alzarse con negocios públicos en El Salvador, o en cualquier país de América Latina.

Fue Alviz el primero en recibir información privilegiada, quizá en España, que la ANDA recibiría un préstamo por $30 millones para modernizar la planta de agua del río Lempa, construida, muchos años atrás, por la empresa israelí Tahal.

Cuando tuvo esa información, corrió a Isolux y a otra compañía española con experiencia para ofrecerles que se asociaran con él.

Les aseguró que podía lograr un jugoso negocio en El Salvador y repitió que se trataba de una obra de $30 millones.

El esquema de Alviz es predecible: él pone los contactos.

También madura las influencias necesarias para conseguir los contratos. Pero, como necesita socios, siempre busca compañías que realicen, por él, los trabajos técnicos.

Para eso, utiliza su empresa Icasur.

Una vez que tiene a su lado a los socios técnicos, se transforma en el líder del proyecto, asume la administración y, con eso, el control del dinero.

Es evidente que, en el caso del proyecto del río Lempa, Alviz usó contactos y amigos para obtener información privilegiada y, posiblemente, influir en la obtención del negocio, como se los adelantó a sus antiguos socios.

Además, en ese proyecto actuó con suficiente astucia como para saber que los dineros para la ANDA los pondría el Estado español .

Alviz sabía algo más: que a cambio de la gigantesca suma de dinero, la licitación pública estaba condicionada para que sólo empresas españolas pudieran participar en el concurso.

Finalmente, una junta de representantes de la ANDA y de la embajada española le asignaron las obras al consorcio que Alviz constituyó con empresas de su país que sí saben del negocio.

Pero las cosas terminaron mal para él: a pesar de seis prórrogas concedidas por la ANDA para entregar una obra que debió acabar en 2001, el proyecto del río Lempa todavía no está listo.

En el camino acabó peleado con sus socios, alguna parte del dinero la usó a discrecionalidad y está envuelto en un pleito legal que se sigue en España.

La revisión

Pero el modus operandi de Alviz quedó totalmente descubierto con la revisión técnica de vehículos.
El caso se puede resumir así: el Ministerio de Ambiente pretendía entregar a dos compañías diferentes ese tipo de examen.

Alviz, cargado de ambición, pretendió quedarse con todo el negocio.
Para lograrlo, utilizó a un antiguo empleado suyo llamado Antonio Martínez Lavado.

Ambos se encontraron en España. Compraron una sociedad que se dedicaba a importar bisutería y, rápidamente, la transformaron en una firma especialista en revisión de vehículos de lo que ambos no sabían nada.

Luego regresaron al país. Participaron en la licitación y ganaron la totalidad del negocio.

¿Lo hicieron solos? Nadie lo cree.

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal