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Sentido
común
Una manita al aeropuerto
Uno
comprende que el asunto no es tan sencillo. Lo que seguimos sin
entender es cómo teniendo las ventajas competitivas que tenemos
no las aprovechamos como se debe.
Los
administradores de nuestro Aeropuerto Internacional El Salvador
necesitan una manita con el gusto. Lo han pintado de gris y ocre.
El edificio parece funeraria, y las salas de espera, salas de velación.
Al aterrizar en Comalapa que es un aeródromo como Dios
manda, uno siente que ha entrado a un país tristón
y avejentado (gris y ocre, como los nuevos colores del aeropuerto).
Curioso, ¿no? El Salvador un país de playas,
sol, lagos y montañas; de gente alegre, bullanguera y despierta;
de sonrisas, colores intensos y gente joven recibe a sus visitantes
en un aeropuerto con aspecto de congoja.
Da la impresión de que este deslizón aeroportuario,
más que una cuestión de gusto que lo es,
sigue reflejando una falta de visión integral en el tema
turismo. No existe en Centroamérica un aeropuerto con tan
pobre promoción de su país como el nuestro. En Comalapa,
pocos se enteran de que han aterrizado en un verdadero paraíso
de playas, lagos, pueblitos encantadores, bahías y montañas
llamado El Salvador. Aquí, a los que entran o pasan por el
aeródromo les dan la bienvenida Mr. Hilfiger, Mr. Polo, Mrs.
Channel y Mrs. Herrera Paloma.
Y es que, y lo decimos con el mejor de los afanes, el aeropuerto
parece otro de los hipermalls que se construyen en la capital. Los
pasillos de la terminal aérea están llenos de tiendas,
marcas y ofertas. Lo malo no es que haya muchas tiendas, el problema
es que nadie venda al país.
Aeropuertos centroamericanos menos fastuosos que el nuestro son
verdaderas ventanas turísticas para el visitante.
La exuberancia de los bosques costarricenses, la belleza de las
playas hondureñas y beliceñas, las majestuosidades
de los lagos y volcanes nicaragüenses y la ancestral herencia
maya y colonial guatemalteca son mercadeados como verdaderos destinos
turísticos en los pasillos, salas y puertas de entrada y
salida de sus respectivos aeropuertos. Vallas luminosas, vídeos,
decoraciones alusivas...en fin, el país entero se le tira
encima al turista. Se nota, pues, orgullo de pertenencia, visión
de país y apuesta al turismo. Que esto no exista en El Salvador,
teniendo el mejor aeropuerto del área y una de las aerolíneas
más importantes de América Latina, es una fenomenal
contradicción.
La Organización Mundial del Turismo ha indicado que Centroamérica,
por tercer año consecutivo, ha tenido el mayor crecimiento
turístico del continente. De hecho, TACA y los gobiernos
centroamericanos parecen haber advertido el fenómeno y han
decidido lanzar la integración turística regional
bajo el concepto: Centroamérica tan pequeña...
tan grande. Qué bien, en el multidestino está
el futuro turístico de la región. Pero qué
mal si nos quedamos últimos en la fila. Y es que mientras
el resto de países centroamericanos todos, absolutamente
todos han emprendido grandes campañas turísticas
multimedia en el mundo, e internamente se han volcado a motivar
a la población sobre las ventajas del turismo, nosotros en
El Salvador no pasamos de lo mismo. Un lo mismo, por
cierto, bastante tímido y modesto.
Nos estamos durmiendo y nos están comiendo el mandado. A
parte de las islas de la bahía en Honduras, los cayos beliceños
y Antigua Guatemala, los centroamericanos tenemos casi la misma
oferta que ofrecer. La diferencia es, de nuevo, el cómo la
está mercadeando cada quien.
Los mismos volcanes, bosques, playas y pajaritos que se ven en Costa
Rica, los vemos aquí. Pero Costa Rica sí sabe vender
lo que tiene. Lo mismo ocurre con el resto de países centroamericanos,
a excepción del nuestro. Sí, claro, por supuesto,
algo se estará haciendo, dirán, y a los mejor hasta
se sacarán unos números y uno que otro proyecto de
ley por ahí. Nadie dice lo contrario. Pero comparado con
lo que hace la competencia, lo nuestro es como un puño
de sal tirado en un estero. El Salvador sigue sin ser un destino
turístico importante. Decir otra cosa es engañarse
solos.
Uno comprende que el asunto no es tan sencillo. Lo que seguimos
sin entender es cómo teniendo las ventajas competitivas que
tenemos no las aprovechamos como se debe. TACA, que es nuestra línea,
mueve el tráfico hacia Centroamérica. Nuestro aeropuerto
sirve de punto de transferencia e interconexión a miles de
pasajeros que vuelan en esta línea. ¿Por qué
no se comienza
promocionando al país en el mismísimo aeropuerto?
Con nuestra terminal ya se hizo lo más es un señor
aeropuerto, hoy falta hacer lo menos. Faltan, me da la impresión,
los detalles. Detalles que, más que grandes inversiones,
requieren sobre todo de buen gusto y de visión vallas
turísticas, rotulaciones modernas y atractivas, bandas de
equipaje en buen estado, decoración apropiada, etc..
¿Qué tal si comenzamos cambiándole esos aburridos
colores con los que lo están pintado? De todas formas, con
los ya casi $30 que pagamos cada pasajero por servicios aeroportuarios,
bien nos alcanzaría para pegarle otra manita de pintura,
¿o no?
*Cirujano dentista y columnista
de El Diario de Hoy.
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