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Una
mirada de fe
Honra a tu madre
En
el libro del eclesiástico se nos dice: El que honra
a su madre se prepara un tesoro; el que respeta a su padre tendrá
larga vida; el que obedece al Señor será el consuelo
de su madre (Sir.3. 4,6)
Mayo es un mes muy especial, no sólo por ser el mes de las
flores, de la Virgen María, del inicio de las lluvias, de
las siembras en los campos, etc., sino porque tiene una connotación
muy especial: Es el mes en que se festeja a las madres por el don
de la maternidad que han recibido de Dios.
Algunos podrían pensar que la celebración del Día
de la Madre es una estrategia del mercado y del comercio para hacer
negocio y aumentar sus ganancias. Celebrar a la madre es algo mucho
más profundo que se lleva en el corazón y que está
por encima de cualquier otro interés, ya que el amor de una
madre no se mide por un regalo por más caro que sea, se le
ama por ser quien es, se le honra con el corazón, los labios
y una recta conducta en fidelidad a sus consejos y enseñanzas.
Esta celebración no es nueva, ya en la antigua Grecia se
celebraba a Rhea, como la madre de los dioses, después pasó
a ser una tradición muy popular en la Inglaterra del Siglo
XV, cuando a los empleados de las casas y de los palacios se les
permitía, una vez al año, hornear un pastel para que
lo llevaran como regalo a sus madres.
Posteriormente, en Estados Unidos, una mujer llamada Julia
Ward Howe, propuso dedicar un día especial a la paz, en el
que se celebraba una misa en Boston, invitando a todas las madres
que habían ofrecido sus hijos para la milicia. Esta celebración
se extendió rápidamente a todo el país y se
decidió ponerla el segundo domingo de mayo. La primera de
estas celebraciones se realizó un 10 de mayo, por lo que
muchos adoptaron este día para celebrar oficialmente el Día
de las Madres.
Es muy comprensible que todos queramos halagar a nuestra madre con
algún regalo significativo, pero para honrarla no siempre
son necesarios los regalos, nadie debe sentirse mal si no lo puede
hacer. Lo más hermoso para una madre es saber que sus hijos
la honran en vida siendo honestos y sinceros. El 10 de mayo es un
día muy esperado por todas las madres, porque
esperan tener no sólo la compañía de sus hijos,
sino recibir de ellos cariño y gratitud aunque no existan
regalos.
El cuarto mandamiento de la ley de Dios nos dice: Respeta
a tu padre y a tu madre, para que se prolongue tu vida sobre la
tierra que Yahvé, tu Dios, te da (Ex.20.12). Honrar
a padre y madre significa respetarlos, comprenderlos y ayudarlos
en todas sus necesidades materiales y espirituales. Las personas
ancianas se encuentran cada día con más problemas
que hacen dura su vida, ya no pueden trabajar, muchos se deprimen
y se sienten solos. En estos casos, no bastan los regalos materiales,
la mejor medicina es el cariño de sus hijos, y éste
es un derecho que ellos tienen y no se les puede quitar.
Dios ha querido que honremos a nuestros padres, a los que nos
han dado el don más precioso que es la vida y nos han hecho
conocer a Dios. Es un mandamiento que nos recuerda el cuidado que
debemos tener por nuestros padres, sobre todo cuando llegan a la
vejez, cuando están enfermos o se sienten solos. No es raro
ver a muchas madres ancianas que añoran el cariño
de sus hijos porque los han descuidado o abandonado. Vivir
fuera del primer hogar por motivos de trabajo, matrimonio o alguna
otra justa razón, no es motivo para olvidarse de los padres.
Corona de los ancianos son los hijos de los hijos (Pr.17.6).
En los primeros meses y años de nuestra existencia
dependíamos totalmente de nuestra madre, lo que ella ha hecho
por cada uno de nosotros no tiene pago, ella es la primera imagen
de amor que tenemos, y esto exige correspondencia a sus cuidados,
no por cortesía, sino por un deber que es sagrado y que debe
formar parte de nuestras convicciones más profundas.
En el libro del eclesiástico se nos dice: El que honra
a su madre se prepara un tesoro; el que respeta a su padre tendrá
larga vida; el que obedece al Señor será el consuelo
de su madre (Sir.3. 4,6). Esto significa que Dios bendice
a los buenos hijos que cumplen estos deberes sagrados para con los
que les dieron la vida, la educación y les ayudaron a crecer
física y espiritualmente. Para todas las madres mi admiración
y respeto, y para las que nos miran desde el cielo, un recuerdo
filial en las plegarias.
*Párroco de la iglesia María
Auxiliadora (Don Rúa).
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