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Una mirada de fe
Honra a tu madre

Oscar Rodríguez Blanco s, d, b*.
El Diario de Hoy
osrobla@hotmail.com

En el libro del eclesiástico se nos dice: “El que honra a su madre se prepara un tesoro; el que respeta a su padre tendrá larga vida; el que obedece al Señor será el consuelo de su madre” (Sir.3. 4,6)

Mayo es un mes muy especial, no sólo por ser el mes de las flores, de la Virgen María, del inicio de las lluvias, de las siembras en los campos, etc., sino porque tiene una connotación muy especial: Es el mes en que se festeja a las madres por el don de la maternidad que han recibido de Dios.

Algunos podrían pensar que la celebración del Día de la Madre es una estrategia del mercado y del comercio para hacer negocio y aumentar sus ganancias. Celebrar a la madre es algo mucho más profundo que se lleva en el corazón y que está por encima de cualquier otro interés, ya que el amor de una madre no se mide por un regalo por más caro que sea, se le ama por ser quien es, se le honra con el corazón, los labios y una recta conducta en fidelidad a sus consejos y enseñanzas.

Esta celebración no es nueva, ya en la antigua Grecia se celebraba a Rhea, como la madre de los dioses, después pasó a ser una tradición muy popular en la Inglaterra del Siglo XV, cuando a los empleados de las casas y de los palacios se les permitía, una vez al año, hornear un pastel para que lo llevaran como regalo a sus madres.

  Posteriormente, en Estados Unidos, una mujer llamada Julia Ward Howe, propuso dedicar un día especial a la paz, en el que se celebraba una misa en Boston, invitando a todas las madres que habían ofrecido sus hijos para la milicia. Esta celebración se extendió rápidamente a todo el país y se decidió ponerla el segundo domingo de mayo. La primera de estas celebraciones se realizó un 10 de mayo, por lo que muchos adoptaron este día para celebrar oficialmente el Día de las Madres.

Es muy comprensible que todos queramos halagar a nuestra madre con algún regalo significativo, pero para honrarla no siempre son necesarios los regalos, nadie debe sentirse mal si no lo puede hacer. Lo más hermoso para una madre es saber que sus hijos la honran en vida siendo honestos y sinceros. El 10 de mayo es un día muy esperado por todas las madres,  porque esperan tener no sólo la compañía de sus hijos, sino recibir de ellos cariño y gratitud aunque no existan regalos.

 El cuarto mandamiento de la ley de Dios nos dice: “Respeta a tu padre y a tu madre, para que se prolongue tu vida sobre la tierra que Yahvé, tu Dios, te da” (Ex.20.12). Honrar a padre y madre significa respetarlos, comprenderlos y ayudarlos en todas sus necesidades materiales y espirituales. Las personas ancianas se encuentran cada día con más problemas que hacen dura su vida, ya no pueden trabajar, muchos se deprimen y se sienten solos. En estos casos, no bastan los regalos materiales, la mejor medicina es el cariño de sus hijos, y éste es un derecho que ellos tienen y no se les puede quitar.

Dios ha querido que honremos a nuestros padres, a los que nos han dado el don más precioso que es la vida y nos han hecho conocer a Dios. Es un mandamiento que nos recuerda el cuidado que debemos tener por nuestros padres, sobre todo cuando llegan a la vejez, cuando están enfermos o se sienten solos. No es raro ver a muchas madres ancianas que añoran el cariño de sus hijos porque los han descuidado o abandonado. Vivir fuera del primer hogar por motivos de trabajo, matrimonio o alguna otra justa razón, no es motivo para olvidarse de los padres. “Corona de los ancianos son los hijos de los hijos” (Pr.17.6).

 En los primeros meses y años de nuestra existencia dependíamos totalmente de nuestra madre, lo que ella ha hecho por cada uno de nosotros no tiene pago, ella es la primera imagen de amor que tenemos, y esto exige correspondencia a sus cuidados, no por cortesía, sino por un deber que es sagrado y que debe formar parte de nuestras convicciones más profundas.

En el libro del eclesiástico se nos dice: “El que honra a su madre se prepara un tesoro; el que respeta a su padre tendrá larga vida; el que obedece al Señor será el consuelo de su madre” (Sir.3. 4,6). Esto significa que Dios bendice a los buenos hijos que cumplen estos deberes sagrados para con los que les dieron la vida, la educación y les ayudaron a crecer física y espiritualmente. Para todas las madres mi admiración y respeto, y para las que nos miran desde el cielo, un recuerdo filial en las plegarias.
*Párroco de la iglesia María Auxiliadora (Don Rúa).

 

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