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El Salvador en perspectiva
Los modernos anarquistas

Mario Rosenthal*
El Diario de Hoy
mrelsalv@navegante.com

Los salvadoreños son celosos de su libertad por haberles sido coartada en el pasado

El tumulto de la marcha del Primero de Mayo, que degeneró en una exhibición de vandalismo, quema de llantas, vitrinas rotas, pinta de paredes, obstrucción del tránsito y daños a un hotel, hace recordar las sabias palabras del promotor histórico de la democracia, el filósofo Jean Jaques Rousseau, testigo de la Revolución Francesa: “No hay que confundir el clamor de una turba con la voz del pueblo”.

Ante este espectáculo tenemos derecho de preguntar: ¿Qué tiene que ver esto con la democracia? y responder sin vacilación: “¡Sencillamente, nada!”, porque es la única respuesta correcta. Y lo más vergonzoso es que funcionarios electos por el sistema democrático presenciaron y aplaudieron la oprobiosa manifestación de repudio a la verdadera democracia. Da que pensar el hecho de que un crecido grupo de policías vio los destrozos sin intervenir, en un evidente gesto de apoyo político a la impunidad que se les brinda a estas facciones.

¿Quiénes eran los que llevaron a cabo los hechos y qué fin perseguían? Lo que salta de inmediato a la mente es que eran comunistas, socialistas o anarquistas, aunque esas etiquetas están pasadas de moda y realmente no significan nada. Nadie podría estar tan ciego como para edificar de nuevo el muro de Berlín, o vivir en Cuba o Corea del Norte, o en China continental, que lentamente está abandonando la economía stalinista/marxista.

Lo que mejor los describe es que son modernos anarquistas, al estilo de los años 1890, que lanzaban bombas a archiduques. Para nosotros es una persona que repudia el capitalismo y todavía cree que la historia es la lucha de clases. El dueño de un hotel, de un almacén o de una fábrica es su enemigo y proclaman que su misión es destruirlo.

Lo que tienen en común es el credo básico marxista de que la propiedad privada es un robo al trabajador. Se pueden cambiar de nombre, de partido, de bandera, de nacionalidad, pero nunca dejan de repudiar al capitalismo, hasta que ellos mismos se convierten en capitalistas. Cuba es el resultado de este falso dogma: una dictadura inamovible durante más de 40 años, con ejecuciones, prisión de disidentes, represión y hambre para todos.

De manera que lo que tenemos aquí, a nuestro modo de pensar, es una turba destructiva, anticapitalista y, sin duda, antiestadounidense, que es el paradigma del capitalismo mundial, que tanto bien ha hecho a nuestro país y que acoge a varios millones de salvadoreños, quienes envían miles de millones de dólares anualmente para sostener sus familias.

Este incidente, y otros parecidos, nos obliga a reflexionar sobre la armazón en que está construida nuestra democracia. El entramado que sostiene toda la estructura es la Constitución y las leyes, decretos y códigos subordinados que regulan la administración, las operaciones y las relaciones entre humanos. Si no se hacen respetar por los medios legales autorizados, no valen nada. Desvanece la seguridad de posesión y de la vida. En otras palabras, reina el caos.

Por las crecientes poblaciones, la democracia tiene que ser representativa, y la nuestra deposita la representación en los partidos políticos, que por lo general se unen por tendencias afines. Donde existe la libertad es inevitable la competencia férrea por el poder entre los partidos, pero siempre respetando las leyes y reglamentos establecidos para llevar a cabo el proceso.

Los salvadoreños son muy celosos de su libertad por haberles sido coartada varias veces en el pasado. Pero algunos la han confundido con libertinaje que es irreconciliable con un régimen de derecho. Turbas y manifestaciones como la que estamos comentando no son espontáneas, son planeadas y ejecutadas por fuerzas que no respetan los procesos democráticos, y aunque sus reclamos sean reales, sus métodos para lograr sus fines los anulan. El Salvador ya pasó un largo período de desajuste y violencia por irrespeto a la democracia, y hay que estar alerta para que no se repita.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

 

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