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Tema
del momento
Con o sin
Implantar
cualquier nueva tecnología o sistema de administración
sin el cambio cultural correspondiente puede resultarle ineficiente
y muy caro
Uno de los grandes problemas que siento debemos solventar en nuestro
país es que las cosas que hacemos sean, en primer lugar,
consistentes, y, en segundo lugar, sistematizadas . También
se podría agregar que la gente que las va a hacer pues
las cosas al final siempre tiene que hacerlas alguien las
haga de forma auto-disciplinada.
Para el éxito sostenido de estos tres factores en el mediano
y largo plazo de un proyecto, es necesario implantar un cambio
cultural.
¿Y qué es un cambio cultural? Sencillamente una forma
diferente de hacer espontáneamente las cosas
que uno realiza. ¿Y cómo se puede generar la espontaneidad
en las personas? Cambiando su cultura. ¿Y qué es la
cultura? Es el conjunto de conductas espontáneas que la gente
sin pensar ejecuta. ¿Y por qué tienen esas conductas?
Porque se basan en las cosas en que la gente firmemente cree. ¿Así
de fácil? Sí, así de fácil.
Entonces, ¿para cambiar la conducta de la gente hay que reorientar
sus creencias? Sí, es indispensable hacerlo
Muchos sistemas tecnológicos modernos no funcionan eficientemente
porque la gente que los utiliza no ha cambiado su cultura y continúa
comportándose con el nuevo sistema como lo hacía antes.
Por ejemplo, cuando se le pone una computadora a una secretaria
que tiene inculcada la cultura de utilizar una máquina de
escribir y no se le ayuda a cambiar su cultura conceptual y técnica
de cómo utilizar una computadora, lo normal es que, con la
mejor voluntad, ella utilizará la computadora como si fuera
una máquina de escribir y, por lo tanto, no obtiene todas
las ventajas que ofrece una computadora, en la que se pueden sustituir
párrafos, corregir con un diccionario, utilizar diferentes
tipos de letras, incluir esquemas e incluso fotografías.
También lo podemos observar fácilmente en el sistema
de transporte. Fíjense cómo un microbús nuevo
después de unas pocas semanas o días ya tiene golpes
en la carrocería, y los señores motoristas, a pesar
de tener motores y cajas de velocidades técnicamente mucho
mejores que las unidades anteriores, los siguen manejando como si
fueran máquinas antiguas, además continúan
pasándose los semáforos en rojo y maltratando a los
viajeros, y la única diferencia es que actualmente lo hacen
con una máquina nueva.
Para mí, el problema principal estriba en que la cultura,
es decir, los nuevos hábitos conductuales, o no se los han
enseñado bien o simplemente no se quieren aplicar. El resultado
es la pérdida de rentabilidad y que el giro del negocio como
tal en la mente de los empresarios y sus empleados aún no
se ha dado. Es decir, sigue siendo hacer dinero con el microbús
como sea, en lugar de hacer negocios transportando con
calidad y seguridad a sus clientes.
Hace falta un cambio cultural, y lo que digo tanto para las secretarias
como para los motoristas, no es una crítica porque sí,
sino más bien un buen consejo.
Dentro de poco serán muy bien cotizados los motoristas educados
y cuidadosos tanto con los clientes como con las máquinas,
al igual que los son ya las secretarias que saben utilizar correctamente
todos los equipos informáticos.
Si se acuerdan, antes una secretaria tenía una libreta y
un lápiz y debía saber incondicionalmente taquigrafía.
En estos momentos debe saber escribir de una grabadora donde su
jefe le ha dejado un mensaje o tratar los correos electrónicos
que desde algún lugar del mundo le envía, además
debe saber inglés y muchas otras cosas más.
Sin cambio cultural en el nuevo concepto de utilización de
los nuevos recursos, la empresa siempre pierde rentabilidad y dinero.
De la misma forma sucede con la implantación de los nuevos
sistemas de gestión de la calidad, por ejemplo las Normas
Internacionales ISO 9000.
Es muy importante cambiar la cultura de los usuarios del sistema,
desde la dirección de la empresa hasta el nivel operativo.
Estas normas requieren de autodisciplina en el cumplimiento de una
serie de requisitos y, por lo tanto, de cambios conductuales en
las personas. Por ejemplo, en relación con documentar los
procesos de trabajo y respetarlos, utilizar eficientemente los recursos
de la empresa, trabajar cumpliendo unas especificaciones de calidad
determinadas y entregando los pedidos a tiempo. Las conductas correspondientes
son para estos casos: saber depurar y documentar todos los procedimientos
de trabajo y cualquier cambio que sea necesario hacer a la hora
de utilizar cualquier recurso disponer de una forma de uso prevista
que no genere desperdicio, trabajar cumpliendo estrictamente los
estándares de calidad y no de cualquier forma y, por último,
ser puntual con el manejo del tiempo.
Quiero decir que, por ejemplo, una persona que expresa el manejo
del tiempo refiriéndose a una determinada hora diciendo tipo
ocho en su conducta específica nunca será puntual
y tampoco lo serán las personas de su entorno.
Por esta razón, a la hora de implantar un sistema de gestión
de la calidad que puede ser crucial para el futuro de la empresa,
es muy importante pensar si hacerlo con cambio cultural
o sin cambio cultural. A veces por falta de conocimiento,
de experiencia o por ahorrar, los empresarios o los funcionarios
interesados sólo en el certificado desatienden el cambio
cultural que el sistema requiere en nuestro entorno, y el resultado
final es que el sistema ni se mantiene ni se mejora y, por lo tanto,
poco a poco la gente deja de creer en él y pierde significado.
En El Salvador ya hay buenos ejemplos en los dos casos.
Yo creo fervientemente en la capacidad de cambio de las personas
por medio de la reorientación de sus creencias y sigo pensando
que con cambio cultural es mucho mejor, los sistemas
son más sostenibles y, lo más importante, mejoramos
la calidad de las personas al enseñarles nuevos hábitos
de trabajo.
Implantar cualquier nueva tecnología o sistema de administración
sin el cambio cultural correspondiente puede resultarle ineficiente
y, además, muy caro. ¿Está usted dispuesto
a aceptar el cambio cultural?
*Ingeniero y columnista de El Diario
de Hoy.
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