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Comentando
Atacan
los neocons
Lograr
insertarle racionalidad al proceso de paz en el Medio Oriente es
una empresa con una larga historia de fracasos.
Les llaman neocons, abreviando, al estilo americano,
el sustantivo de neoconservadores. Favorecen el uso de la fuerza
y no les avergüenza abogar públicamente por el engrandecimiento
de la república imperial.
Agrupados inicialmente bajo el patrocinio intelectual de Irving
Kristol en torno a la revista Commentary, los neocons,
cuyo acceso al poder data de la época de Ronald Reagan, han
regresado al gobierno por la puerta grande con George W. Bush.
En la Casa Blanca, por ejemplo, está Elliott Abrams, quien
fuera figura prominente del escándalo Irán-Contras
en la administración de Ronald Reagan. En el Departamento
de la Defensa está Paul Wolfowitz, uno de los artífices
de la guerra contra Iraq. Douglas Feith está en la vicepresidencia.
Algunos de sus miembros más prominentes, como por ejemplo
Richard Perle, Bill Kristol, John Bolton, Fred Barnes, Morton Kondrake
y Robert Kagan, utilizan sin recato la puerta giratoria que conduce
de la academia a los medios y/o al gobierno.
Cuentan con sus propias publicaciones, New Republic y Weekly Standard,
aunque colaboran ocasionalmente en diarios como el Wall Street Journal
y Washington Post. Muchos de sus asociados aparecen los domingos
en la mayoría de los programas políticos de la televisión.
Su influencia en el Congreso es enorme. El líder de la mayoría
republicana en la Cámara de Representantes, Tom Delay, repite
fielmente sus mensajes. Y de manera extraoficial, Newt Gingrich,
quien fuera el líder de la mayoría republicana en
la Cámara de Representantes, parece haberse convertido en
el vocero del movimiento.
Gingrich fue, precisamente, quien a principios de marzo se lanzara
en contra del Departamento de Estado en un discurso cuyo destinatario
principal era su titular, Colin Powell. Hablando ante el American
Enterprise Institute, uno de los think tank que sirve
a los intereses de los republicanos, Gingrich se insertó
en el debate sobre el plan de paz en el Medio Oriente, atacando
al Departamento de Estado y elogiando al Departamento de la Defensa:
A seis meses del fracaso diplomático y a un mes del
triunfo militar, dijo Gingrich, el Departamento de Estado
vuelve a proponer políticas que impiden recoger los
frutos de la difícil victoria en la región.
Esta visión crítica a Powell de los neocons
debe ser vista desde dos perspectivas paralelas. En primer lugar
como reclamo al empeño de Powell de llevar a discusión
el tema de Iraq a las Naciones Unidas. Y en segundo lugar, como
antecedente del debate al interior de la administración respecto
al plan de paz para el Medio Oriente. Si bien el plan de paz fue
propuesto por el presidente Bush, la autoría le pertenece
a Powell, que trabajó en colaboración con representantes
de Naciones Unidas, la Unión Europea y Rusia.
El multilateralismo que Powell propone es anatema para los republicanos
conservadores y para los neocons, cuya predilección
por el unilateralismo en política exterior es bien reconocida.
También lo es su aversión a los organismos internacionales,
llámense Naciones Unidas, Corte Mundial, Acuerdo de Kioto,
etc.
En realidad, lo que es nuevo y peligroso es que después de
los atentados del 11 de septiembre y después del abrumador
triunfo militar de Estados Unidos sobre Iraq, los grupos archiconservadores
están intentando llevar al país a una situación
que privilegia la respuesta militar unilateral ante el posible conflicto.
Lograr insertarle racionalidad al proceso de paz en el Medio Oriente
es una empresa con una larga historia de fracasos. Bush debe mostrar
su compromiso con el asunto separándose de los neocons
y haciendo público su apoyo incondicional a Powell.
*Miembro del consejo editorial de Los Angeles Times.
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