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Atacan los “neocons”

Sergio Muñoz Bata*
Editorial
El Diario de Hoy
E-mail: sergio.munoz@latimes.com


Lograr insertarle racionalidad al proceso de paz en el Medio Oriente es una empresa con una larga historia de fracasos.

Les llaman “neocons”, abreviando, al estilo americano, el sustantivo de neoconservadores. Favorecen el uso de la fuerza y no les avergüenza abogar públicamente por el engrandecimiento de la república imperial.

Agrupados inicialmente bajo el patrocinio intelectual de Irving Kristol en torno a la revista Commentary, los “neocons”, cuyo acceso al poder data de la época de Ronald Reagan, han regresado al gobierno por la puerta grande con George W. Bush.

En la Casa Blanca, por ejemplo, está Elliott Abrams, quien fuera figura prominente del escándalo Irán-Contras en la administración de Ronald Reagan. En el Departamento de la Defensa está Paul Wolfowitz, uno de los artífices de la guerra contra Iraq. Douglas Feith está en la vicepresidencia.
Algunos de sus miembros más prominentes, como por ejemplo Richard Perle, Bill Kristol, John Bolton, Fred Barnes, Morton Kondrake y Robert Kagan, utilizan sin recato la puerta giratoria que conduce de la academia a los medios y/o al gobierno.

Cuentan con sus propias publicaciones, New Republic y Weekly Standard, aunque colaboran ocasionalmente en diarios como el Wall Street Journal y Washington Post. Muchos de sus asociados aparecen los domingos en la mayoría de los programas políticos de la televisión.
Su influencia en el Congreso es enorme. El líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, Tom Delay, repite fielmente sus mensajes. Y de manera extraoficial, Newt Gingrich, quien fuera el líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, parece haberse convertido en el vocero del movimiento.

Gingrich fue, precisamente, quien a principios de marzo se lanzara en contra del Departamento de Estado en un discurso cuyo destinatario principal era su titular, Colin Powell. Hablando ante el American Enterprise Institute, uno de los “think tank” que sirve a los intereses de los republicanos, Gingrich se insertó en el debate sobre el plan de paz en el Medio Oriente, atacando al Departamento de Estado y elogiando al Departamento de la Defensa: “A seis meses del fracaso diplomático y a un mes del triunfo militar”, dijo Gingrich, el Departamento de Estado “vuelve a proponer políticas que impiden recoger los frutos de la difícil victoria” en la región.

Esta visión crítica a Powell de los “neocons” debe ser vista desde dos perspectivas paralelas. En primer lugar como reclamo al empeño de Powell de llevar a discusión el tema de Iraq a las Naciones Unidas. Y en segundo lugar, como antecedente del debate al interior de la administración respecto al plan de paz para el Medio Oriente. Si bien el plan de paz fue propuesto por el presidente Bush, la autoría le pertenece a Powell, que trabajó en colaboración con representantes de Naciones Unidas, la Unión Europea y Rusia.

El multilateralismo que Powell propone es anatema para los republicanos conservadores y para los “neocons”, cuya predilección por el unilateralismo en política exterior es bien reconocida. También lo es su aversión a los organismos internacionales, llámense Naciones Unidas, Corte Mundial, Acuerdo de Kioto, etc.

En realidad, lo que es nuevo y peligroso es que después de los atentados del 11 de septiembre y después del abrumador triunfo militar de Estados Unidos sobre Iraq, los grupos archiconservadores están intentando llevar al país a una situación que privilegia la respuesta militar unilateral ante el posible conflicto.
Lograr insertarle racionalidad al proceso de paz en el Medio Oriente es una empresa con una larga historia de fracasos. Bush debe mostrar su compromiso con el asunto separándose de los “neocons” y haciendo público su apoyo incondicional a Powell.

*Miembro del consejo editorial de Los Angeles Times.


 

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