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Reconociendo
méritos
MAMÁ... LA PROFESIÓN POR EXCELENCIA
Es
la profesión en donde todas, según el caso, hemos
ido dejando una vida o vida y media, intentando cosechar buenos
frutos.
Sucedió hace varios años, cuando mis hijas estudiaban
en la Escuela Americana. Era un día cualquiera en que las
recogía en el colegio, cuando otra madre, a la que conocía
bastante bien, se me acercó y me dijo histérica y
muy indignada: ¿Sabes lo que tú y yo somos?.
Antes de que yo pudiera contestarle, me interrumpió para
explicarme cuál era la razón de su furia y por que
me hizo esa pregunta.
Recién venía de renovar su licencia de conducir en
la oficina de tránsito. Cuando la oficial que tomaba los
datos le preguntó cuál era su ocupación, ella
no supo qué responder. Al percatarse de esto, la oficial
le dijo: A lo que me refiero es si trabaja Ud. o es simplemente
una ..... Claro que tengo un trabajo, le contestó
ella, soy una mamá", a lo que la oficial respondió
enfática: No ponemos mamá como opción,
vamos a ponerle ama de casa....
Había yo olvidado por completo la historia, hasta que un
día a mí me pasó exactamente lo mismo, sólo
que esta vez en la alcaldía. La funcionaria era obviamente
una mujer de carrera universitaria, eficiente, de mucha postura,
y tenía un título muy despampanante que decía
Interrogadora oficial. ¿Cuál es
su ocupación?, me preguntó. No sé todavía
la razón que me hizo contestarle lo siguiente; sin embargo,
las palabras simplemente salieron de mi boca: Soy una Investigadora
Asociada en el campo del Desarrollo Infantil y Relaciones Humanas.
La funcionaria se detuvo, el bolígrafo quedó congelado
en el aire y me miró como si no hubiese escuchado bien. Repetí
el título lentamente, haciendo énfasis en las palabras
más importantes. Luego, observé asombrada cómo
mi pomposo anuncio era escrito en tinta negra en el cuestionario
oficial. Me permite preguntarle, dijo la funcionaria,
con un aire de interés, ¿qué es exactamente
lo que hace Ud. en este campo de investigación?. Con
una voz muy calmada y pausada, le contesté: Tengo un
programa de investigación -¿qué madre no lo
tiene?- (normalmente me hubiera referido a lo anterior, como adentro
de la casa y afuera en la calle, al trasladar hijas de un lado a
otro, al colegio, a clases extra, a paseos). Estoy también
trabajando para mi maestría (la familia completa) y ya tengo
siete créditos (todas mis hijas).
Por supuesto que el trabajo es uno de los que mayor demanda tiene
en el campo de humanidades (¿alguna madre está en
desacuerdo?) y usualmente trabajo 14 horas diarias (en realidad
son más, como 24). Pero el trabajo tiene muchos más
retos que cualquier trabajo sencillo, y las remuneraciones también
están ligadas al área de la satisfacción personal
(mucho más que las económicas). Se podía sentir
una creciente nota de respeto en la voz de la funcionaria, mientras
completaba el formulario. Una vez terminado el proceso, y con una
mirada de profunda admiración, se levantó de la silla
y personalmente me acompañó hasta la puerta.
Al llegar a casa, emocionada por mi nueva carrera profesional, salieron
a recibirme cuatro de mis asociadas de laboratorio, una de 14 años,
dos de 11 (gemelas) y otra de 2. Arriba podía escuchar a
nuestra séptima y nuevo modelo experimental (de 6 meses de
edad), en el aprendizaje de desarrollo infantil, probando un nuevo
programa de patrón en vocalización.
Las otras dos trabajaban arduamente en sus tareas de investigación
escolástica. ¡Me sentí triunfante! ¡Le
había ganado a la burocracia! Había entrado en los
registros oficiales como una persona más distinguida e indispensable
para la humanidad que sólo una madre más.
Esta narración, que es un reflejo de los tiernos y orgullosos
sentimientos que produce en todas las mujeres el ser madre, es en
verdad una historia, en la que por haberme identificado con la protagonista
-al igual que estoy segura que muchas de ustedes lo han hecho-,
sobre todo, personalmente, en la parte del montón
de hijas que coincide con mi propia familia, que recibí por
correo electrónico hace unos ocho meses y decidí compartirla
en el próximo día de la madre, optando por adaptarla
un poco a mis propias experiencias.
Ustedes coincidirán conmigo en que, no obstante una enorme
cantidad de madres ostentan asimismo otros títulos universitarios,
ser MAMÁ es la profesión por excelencia,
porque, además de toda la gratificación que da el
sentirnos realizadas como mujeres, es la única carrera que
viene directamente de Dios.
Desde la creación del hombre, Dios es el rector de esa Universidad
llamada Vida, donde se aprende a ser mamá y alcanzar
maestrías en infinidad de materias, como por ejemplo ARQUITECTURA
-cuando construimos los futuros de nuestros hijos-; LEYES -cuando
creamos reglamentaciones que les indican el buen camino a seguir-;
FILOSOFÍA y SICOLOGÍA -cuando, entre otros, adquirimos
la sabiduría para discernir que no son nuestros clones, o
que como seres humanos podrían tener caídas, de las
que, con comprensión, debemos ayudarles a levantarse-.
Es la profesión en donde todas, según el caso, hemos
ido dejando media vida, una vida, o vida y media, intentando cosechar
buenos frutos de las semillas que en el trayecto fuimos sembrando
para labrar sus vidas.
La verdad, verdad... ¡Somos la mamá de Tarzán!
*Columnista de El Diario de Hoy.
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