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Panchimalco le da flores a la Virgen

Como todos los años, el primer domingo de mayo las tradiciones se apoderan de Panchimalco. Los ‘historiantes’, los ‘chapetones’, la comida típica y las palmas forman un solo cuadro multicolor
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Lauri García Dueñas
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Las mujeres suelen ser las encargadas de adornar las palmas. Los detalles de cómo prepararlas se aprenden en familia.
Foto EDH

Decenas de palmas iban, poco a poco, llenándose de flores. Las manos ávidas iban ensartando claveles, veraneras e imitaciones de papel en las espigadas hojas.

Panchimalco es un pueblo de costumbres, de calles empedradas y de calores que producen humedades.

Ayer fue el primer domingo de mayo. Y como todos los años, la tradición de la Virgen adornó las calles con estampas llenas de folklore y alegría.

Cecilia Pérez, de 65 años, enseñaba a varias jovencitas a adornar sus palmas. “Porque ellas todavía no pueden”, dijo.

En el callejón, detrás de la casa de Rosa de Rivera, desde muy temprano llegaban las ‘guacaladas’ de flores para ir inventando el color.

Rosa es la “capitana”, la encargada de una de las cofradías de la Virgen. Afuera, se adornaba palmas; adentro, no cabía ni un alma.

Enormes ollas humeaban, llenas de sopa de arroz ‘aguado’, las brasas aumentaban el calor y los olores abrían el apetito.
Varias mujeres se arreglaban para picar las verduras, limpiar los pollos, repartir marquesote y preparar horchata.

La música de la “Super Banda Tropical” no paraba de sonar. El grupo era pequeño, con pocos instrumentos, pero con vocación de cumbia.

De pronto llegaron los ‘historiantes’ y una representación de las batallas que hubo entre moros y cristianos.

Una docena de hombres, con cascos, mantos de colores y monedas, que les sonaban al contonearse, empezaron el baile embriagado en una lucha de machetes y creencias católico-indígenas.
Manuel Vásquez, de 54 años, es historiante desde hace dos décadas. “Representamos la lucha contra la religión y el de la máscara es el gracioso”, comentó.

Vásquez y su grupo participan en varias fiestas patronales. Y cuando los contratan, también bailan.
Sus danzas son orgánicas, llenas de pasos y círculos; el machete choca y choca, las monedas suenan, la tela transgrede el aire. Bailan para la Virgen.

Una sirena, un mono, una serpiente y un pájaro toman vida en las cabezas de los danzantes.
Un enmascarado se dedica a “payasear” y a jugar con la audiencia.

También están los ‘chapetones’, quienes se meten en trajes formales y sombreros de copa. Sus ojos, cubiertos por lentes oscuros, son la burla a la formalidad de los colonizadores.
Las campanas de la iglesia suenan en su fulgor. Las palmas son elevadas, las flores se agitan, la procesión recorre el pueblo. Las flores son para la Virgen.


Imágenes de la tradición
En Panchimalco, año con año se celebra a la virgen y a la lluvia. Los historiantes, las palmas y las flores son pinceladas en un enorme cuadro de fe. Los espectadores se sorprenden de cada muestra de color y tradición.

MÁSCARAS del tiempo
Los historiantes retratan la lucha entre moros y cristianos, el encuentro de dos mundos de tradiciones cristianas y paganas. Los bailes llenan la cofradía. Los platos pasan de mano en mano. La horchata, el agua dulce y la “chicha” calman la sed. Las máscaras son parte de la historia y ésta es tradición, además son recuerdos de otras edades.
ENTRE FIGURAS Y MACHETES
El baile de los historiantes lleva un juego de machetes que simboliza la lucha por la cristianización. Una sirena, un mono, una serpiente o un pájaro bambolean en las cabezas de los danzantes. Una larga procesión acompaña a la virgen: los historiantes, los chapetones, las panchitas, el cura, los músicos. Es una fiesta de color y de mucha alegría.
FLORES PARA LAS PALMAS
Desde temprano, las mujeres se reúnen en las cofradías para empezar a adornar las palmas. Los huacales llenos de flores pasan de mano en mano, poco a poco, se van creando las figuras. Al final, llega el momento crucial. Las flores acompañan a la virgen en su procesión hacia la iglesia. Las palmas se elevan y se vuelven un mar lleno de colores.
 
 

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