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Opinando
El neopopulismo de la izquierda

Julio Gamero*
El Diario de Hoy
Editoriales@elsalvador.com

Debemos trabajar para reducir la pobreza y crear más condiciones favorables para el pueblo. Pero en forma madura, sin politiquerías.

GLos salvadoreños sufrimos durante la “década perdida” los estragos que provocan las políticas populistas, las cuales están condenadas al fracaso porque ignoran los elementos más esenciales que hacen funcionar una economía. Recuérdese la corrupción, escasez y elevación de precios que hubo en esa época, que no debemos olvidar para no volver a caer en una situación similar.

Para revertir el proceso estatizante y corrupto dejado por el gobierno que llegó al poder precisamente por sus promesas populistas, y que hizo retroceder nuestra economía no menos de 25 años, desde 1989 hasta la fecha los gobiernos de ARENA han tenido que realizar un arduo trabajo para sanear y sentar las bases para que la economía crezca, aunque por circunstancias diversas, algunas de ellas exógenas, ésta no ha marchado como todos quisiéramos.

Igual o peor fueron los daños causados a la economía por el terrorismo. El aparato productivo y la infraestructura nacional fueron sometidos a un sistemático ataque. Las políticas populistas del gobierno de ese entonces y la destrucción que llevó a cabo la subversión fueron una combinación letal para nuestro país, ya que incrementaron el desempleo y la pobreza. Hubo un retroceso en la calidad de vida de todos los salvadoreños.

A veces parece que muchos olvidamos esta etapa de nuestra historia, triste y plagada de malos recuerdos. Quizá ésta sea la causa por la que bloqueamos en nuestras mentes esta época, pero es necesario recordarla únicamente y exclusivamente para no repetirla. Hay que aprender de los errores.

Sin embargo, la izquierda salvadoreña no quiere aprender de los errores. Y está empeñada en ser parte de un eje populista al estilo de los actuales gobiernos de Cuba, Ecuador, Brasil y Venezuela. No es mi intención analizar las condiciones económicas y políticas de esos países, pero es fácil obtener conclusiones con sólo mirar los enfrentamientos sociales y el estancamiento de las economías.

La izquierda ortodoxa salvadoreña se caracteriza por las promesas populistas. Sin explicar cómo (en forma racional, claro), promete bajar como por arte de magia los precios de algunos servicios y productos, aumentar de manera irresponsable los salarios y eliminar algunos impuestos, entre ellos el Fondo de Inversión Vial (FOVIAL). Lógico es que todos quisiéramos ganar más, no pagar impuestos y que todos los servicios tengan bajos precios, pero en la realidad eso no es posible.

La única forma que existe para generar más empleos es incentivar con reglas claras del juego a la empresa privada para que invierta, incrementar la confianza jurídica y fomentar una sana libre competencia. También se debe hacer buen uso de los fondos públicos provenientes de los impuestos, mejorar la infraestructura nacional, propiciar una mejor calidad de la educación y la salud y un mayor acceso a éstas.

Históricamente las prácticas populistas están condenadas al fracaso y está demostrado que los pueblos que han creído en un momento dado en estos políticos, muchos de estos con un salud mental que es todo un misterio, han aumentado sus problemas y comprometido el bienestar hasta de las futuras generaciones.

No obstante, estamos ante un neopopulismo de la izquierda que ofrece, especialmente desde la Asamblea Legislativa, paraísos terrenales y perdona deudas y multas, suspenden embargos y fomenta huelgas ilegales, el irrespeto a la ley y los enfrentamientos sociales. Todo esto disfrazado con una verborrea política romántica.

Esta práctica será más común durante este año preelectoral. Esperamos que la oposición racional, por el bien del país, no se preste a este juego populista que hace mucho daño a nuestra economía y al sistema político y, por consiguiente, a todos los salvadoreños, quienes demandan soluciones responsables a los grandes problemas nacionales.

Debemos trabajar para reducir la pobreza y crear más condiciones favorables para el pueblo. Pero en forma madura, sin politiquerías, y para ello los partidos políticos estamos llamados a dialogar teniendo como horizonte una visión nacional.

* Diputado.

 

 

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