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De
la esperanza al caos
LA ONU ANTE EL NUEVO ESCENARIO MUNDIAL
Cada
uno de estos nuevos fenómenos pone de manifiesto, de una
u otra forma, la inadaptación de la ONU, en su actual
estructura.
Acostumbrados a los conflictos y tensiones y a la falta de eficiencia
de las Naciones Unidas, características del sistema internacional
bipolar instaurado luego de la Segunda Guerra Mundial, los radicales
cambios que se producen en las relaciones internacionales a finales
de los 80 y principio de los 90 dieron lugar a una postura inicial
generalizada de optimismo y esperanza en cuanto al nuevo orden mundial,
basado en la paz, la seguridad y la justicia, y en la que la Organización
de las Naciones Unidas empezaría a desempeñar el papel
para la que fue creada.
Sin embargo, toda una serie de conflictos abiertos, que venían
de la Guerra Fría, como los de Afganistán, Angola,
Camboya, Somalia y en nuestro país, entre otros, entraron
en dinámicas de solución pacífica de la mano
o con la participación de las Naciones Unidas. Sin embargo,
así como llegó la esperanza, vinieron el caos y la
desilusión. A partir de 1991 empezó a hacerse cada
vez más evidente que el nuevo orden mundial no
existía o que, cuando mucho, tenía muy poco de paz,
seguridad y justicia.
En el Siglo XXI, las Naciones Unidas tendrán que atender
a una comunidad de naciones totalmente distintas de las que formaron
y moldearon la organización después de la Segunda
Guerra Mundial. A menudo se ha dicho que el proceso de transición
hacia la nueva era es el fin del bipolarismo y el comienzo del multipolarismo.
Sin embargo, constituye un proceso mucho más complejo y de
más niveles. Está evolucionando un nuevo y más
complejo ambiente global de seguridad, con grandes implicaciones
para todos los países del mundo.
La agenda internacional está llena de problemas nuevos y
viejos y de grandes desafíos. Algunos de los problemas están
relacionados con la globalización o con las implicaciones
globales de ciertos procesos, como el aumento de la población
mundial, las crecientes desigualdades nacionales, etc. La rápida
corriente de cambios, los nuevos factores y las fuerzas del sistema
global no permiten hacer mejoras rápidas y radicales a los
programas y las estructuras multilaterales, ni siquiera en los ámbitos
de cooperación multilateral en que ha existido un consenso
general, como en la prevención de conflictos, en la paz y
la seguridad o en un desarrollo ambiental sostenible.
Hoy el nuevo orden mundial avanza en medio de contradicciones, singularidades
y limitaciones hacia un sistema cuyas características se
mueven entre la unipolaridad y la multipolaridad. En consecuencia,
debemos ser conscientes de que, más allá de los cambios
espectaculares que hemos vivido en los últimos años,
la realidad es que el sistema mundial había ya empezado a
cambiar radicalmente mucho antes. Estamos, por lo tanto, ante un
sistema mundial en profunda mutación que busca, en medio
de tensiones y conflictos, un nuevo sistema de relaciones internacionales
y que exige, en consecuencia, nuevos conceptos, nuevas ideas, nuevos
modelos y representaciones, nuevas normas jurídico-internacionales
y, sobre todo, nuevas políticas, a través de las cuales
poder interpretar y hacer frente adecuadamente a esa nueva realidad
que surge.
Con el quebrantamiento y desafío de Estados Unidos a los
propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas
en su política de llevar la guerra a Iraq sin la autorización
del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, debemos preguntarnos
si el nuevo orden internacional estará basado en el derecho
de la fuerza o a través de la normativa del derecho internacional.
¿Cuáles son los factores de cambio que están
provocando esta crisis, esta transformación y la configuración
de un nuevo sistema mundial?
Podemos señalar, todos ellos íntimamente relacionados
y no siempre fácilmente separables, los siguientes: Debilitamiento
de la centralidad del Estado en las relaciones internacionales;
proceso de difusión del poder, que implica cambios tanto
en la naturaleza como en la distribución del poder; desaparición
de los límites entre el mundo interno del Estado y el mundo
internacional, entre la política interior y la política
exterior; lo económico como problemática; cambio del
problema de seguridad; cambios en el uso de la fuerza, y aparición
de un nuevo consenso internacional, entre otros.
Cada uno de estos nuevos fenómenos pone de manifiesto, de
una u otra forma, la inadaptación de las Naciones Unidas,
en su actual estructura, al nuevo escenario mundial
o sus insuficiencias en cuanto a las funciones que desempeña
en el sistema internacional. Las Naciones Unidas son un conjunto
de estados soberanos, y sus posibilidades de acción
dependen de la esfera de interés común. El problema
es que alrededor de las potencias más poderosas prima su
interés nacional y no el de la comunidad internacional. En
los últimos años, la inmensa barrera ideológica
que durante decenios fue fuente de desconfianza y hostilidad se
derrumbó. Hoy pareciera ser que la nueva barrera será
el poder económico del capital transnacional.
El concepto de la paz no es difícil de comprender; el de
la seguridad internacional, en cambio, es más complejo, porque
también en su caso se plantea todo un mosaico de contradicciones,
en especial cuando está de por medio el control del petróleo.
*Coronel ® y Lic. en Ciencias Políticas.
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