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De la esperanza al caos
LA ONU ANTE EL NUEVO ESCENARIO MUNDIAL

Marcial Vela Ramos*
El Diario de Hoy
Editoriales@elsalvador.com

Cada uno de estos nuevos fenómenos pone de manifiesto, de una u otra forma, la inadaptación de la ONU, en su “actual estructura”.

Acostumbrados a los conflictos y tensiones y a la falta de eficiencia de las Naciones Unidas, características del sistema internacional bipolar instaurado luego de la Segunda Guerra Mundial, los radicales cambios que se producen en las relaciones internacionales a finales de los 80 y principio de los 90 dieron lugar a una postura inicial generalizada de optimismo y esperanza en cuanto al nuevo orden mundial, basado en la paz, la seguridad y la justicia, y en la que la Organización de las Naciones Unidas empezaría a desempeñar el papel para la que fue creada.

Sin embargo, toda una serie de conflictos abiertos, que venían de la Guerra Fría, como los de Afganistán, Angola, Camboya, Somalia y en nuestro país, entre otros, entraron en dinámicas de solución pacífica de la mano o con la participación de las Naciones Unidas. Sin embargo, así como llegó la esperanza, vinieron el caos y la desilusión. A partir de 1991 empezó a hacerse cada vez más evidente que el “nuevo orden mundial” no existía o que, cuando mucho, tenía muy poco de paz, seguridad y justicia.

En el Siglo XXI, las Naciones Unidas tendrán que atender a una comunidad de naciones totalmente distintas de las que formaron y moldearon la organización después de la Segunda Guerra Mundial. A menudo se ha dicho que el proceso de transición hacia la nueva era es el fin del bipolarismo y el comienzo del multipolarismo. Sin embargo, constituye un proceso mucho más complejo y de más niveles. Está evolucionando un nuevo y más complejo ambiente global de seguridad, con grandes implicaciones para todos los países del mundo.

La agenda internacional está llena de problemas nuevos y viejos y de grandes desafíos. Algunos de los problemas están relacionados con la globalización o con las implicaciones globales de ciertos procesos, como el aumento de la población mundial, las crecientes desigualdades nacionales, etc. La rápida corriente de cambios, los nuevos factores y las fuerzas del sistema global no permiten hacer mejoras rápidas y radicales a los programas y las estructuras multilaterales, ni siquiera en los ámbitos de cooperación multilateral en que ha existido un consenso general, como en la prevención de conflictos, en la paz y la seguridad o en un desarrollo ambiental sostenible.

Hoy el nuevo orden mundial avanza en medio de contradicciones, singularidades y limitaciones hacia un sistema cuyas características se mueven entre la unipolaridad y la multipolaridad. En consecuencia, debemos ser conscientes de que, más allá de los cambios espectaculares que hemos vivido en los últimos años, la realidad es que el sistema mundial había ya empezado a cambiar radicalmente mucho antes. Estamos, por lo tanto, ante un sistema mundial en profunda mutación que busca, en medio de tensiones y conflictos, un nuevo sistema de relaciones internacionales y que exige, en consecuencia, nuevos conceptos, nuevas ideas, nuevos modelos y representaciones, nuevas normas jurídico-internacionales y, sobre todo, nuevas políticas, a través de las cuales poder interpretar y hacer frente adecuadamente a esa nueva realidad que surge.

Con el quebrantamiento y desafío de Estados Unidos a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas en su política de llevar la guerra a Iraq sin la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, debemos preguntarnos si el nuevo orden internacional estará basado en el derecho de la fuerza o a través de la normativa del derecho internacional. ¿Cuáles son los factores de cambio que están provocando esta crisis, esta transformación y la configuración de un nuevo sistema mundial?

Podemos señalar, todos ellos íntimamente relacionados y no siempre fácilmente separables, los siguientes: Debilitamiento de la centralidad del Estado en las relaciones internacionales; proceso de difusión del poder, que implica cambios tanto en la naturaleza como en la distribución del poder; desaparición de los límites entre el mundo interno del Estado y el mundo internacional, entre la política interior y la política exterior; lo económico como problemática; cambio del problema de seguridad; cambios en el uso de la fuerza, y aparición de un nuevo consenso internacional, entre otros.

Cada uno de estos nuevos fenómenos pone de manifiesto, de una u otra forma, la inadaptación de las Naciones Unidas, en su “actual estructura”, al nuevo escenario mundial o sus insuficiencias en cuanto a las funciones que desempeña en el sistema internacional. Las Naciones Unidas son un conjunto de estados “soberanos”, y sus posibilidades de acción dependen de la esfera de interés común. El problema es que alrededor de las potencias más poderosas prima su interés nacional y no el de la comunidad internacional. En los últimos años, la inmensa barrera ideológica que durante decenios fue fuente de desconfianza y hostilidad se derrumbó. Hoy pareciera ser que la nueva barrera será el poder económico del capital transnacional.

El concepto de la paz no es difícil de comprender; el de la seguridad internacional, en cambio, es más complejo, porque también en su caso se plantea todo un mosaico de contradicciones, en especial cuando está de por medio el control del petróleo.

*Coronel ® y Lic. en Ciencias Políticas.

 

 

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