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Palabras
De un sueño extraño
Te encontré en el inmenso silencio de invisibles mares.
Te encontré bajo la tarde, y el sol que caía sobre
ti, te volvía una dorada bestia que buscaba los manantiales
ígneos.
Te encontré en el extraño desierto de un ensueño.
Eras mitad real, mitad del devenir.
Te encontré cuando la vida estaba sola. Venías como
fantasma de mundos de amor. Venías, tal vez, de regreso desde
las estrellas, desde tiempos remotos...
Te encontré en los caminos trazados.
Te encontré y me viste a los ojos.
Te encontré cuando el amor volaba.
Te encontré y tu vida era mía.
Te encontré bajo la tarde.
Te encontré cuando empezaba el invierno.
Te encontré como algo que esperaba.
Te encontré; te fuiste de paso...
Día a Día
Iraq es un país muy rico en petróleo, que malgastó su
riqueza en adquirir el armamento destruido en los primeros días
de la guerra. La aviación iraquí ni siquiera pudo
levantar vuelo; los misiles teledirigidos de los norteamericanos
dieron cuenta de ellos. Y lo mismo sucedió con las divisiones
de tanques, casi tres mil carros de combate, hechos añicos
antes de que entraran en acción. Gran parte de las exportaciones
de petróleo de Iraq en los últimos cuarenta años
fue a dar a los bolsillos de los fabricantes de armas franceses,
alemanes y rusos.
Sin duda, el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente.
Hussein ejerció un poder sin límites en Iraq, como
el de la casa real saudí en Arabia, o el de Assad en Siria.
Y eso les lleva a disponer de los recursos totales de sus pueblos
como si se tratara de sus personales patrimonios.
El rey Fahd de Arabia gastó cerca de ciento cincuenta millones
de dólares en un mes de vacaciones que pasó en Marbella;
se dice que para preparar la comida del hijo favorito del rey, se
contrató a varios chefs franceses, que elaboraban todos los
días un banquete para su señoría. Pero llegado
el momento, éste tocaba un par de platos y el resto iba de
nuevo a los cocineros y la servidumbre.
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