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La
nota del día
Un
veto a favor de la sensatez
De moral no parecen entender mayor cosa quienes promueven amnistías
para violentos y abusivos.
Por ser inconstitucional y usurpar competencias de otros poderes
del Estado, el presidente Flores vetó el decreto de amnistía
a favor de los huelguistas del ISSS, acto que va en abono de la
seguridad jurídica y la obediencia a la ley. La amnistía
fue propuesta por los comunistas del FMLN y recibió el apoyo
de los partidos de oposición, quedando ahora pendiente una
nueva votación para intentar ratificarla.
Muy mal irá el país si la Asamblea hace hábito
de emitir decretos para condonar la violación de leyes y
reglamentos que ella previamente ha promulgado. Caeríamos
en una especie de efímera jurisprudencia elástica.
La huelga fue y continúa siendo ilegal, viola los derechos
de las personas, empresas y organizaciones que sostienen el Seguro,
se presta para toda clase de atropellos e intenta socavar el orden
jurídico nacional. Además los comunistas son juez
y parte en el asunto: por un lado incitan a la desobediencia, fomentan
la huelga, la apoyan con todos sus medios, apadrinan desórdenes
públicos y engañan a la población sobre lo
que verdaderamente ocurre. Pero por el otro promueven legislaciones
a favor de sus propias movidas, como el funcionario que compra servicios
a la empresa de la que es dueño.
El ejemplo que se da a la gente no puede ser más nefasto.
Se llega a pensar que a pura fuerteza, con medidas de
hecho, o recurriendo a la violencia, cualquier grupo consigue pasar
por encima de la ley, aunque atropelle derechos ajenos. Esto precisamente
se vio en el caso de los buses chatarra; dueños de buses
que son diputados del PCN forzaron, en alianza también con
los comunistas, a que se mantuvieran circulando unidades que además
de contaminar el aire que todos respiramos, son una amenaza para
los pasajeros y otros vehículos. Muchos buses llegan a partirse
en dos al accidentarse, con obvias consecuencias para los pobres
usuarios que van dentro.
Parlamentar o trato entre bandas
La facultad de hacer leyes o promulgar decretos no constituye una
especie de cheque en blanco, donde las únicas limitantes
son las constitucionales. Las leyes deben guardar equilibrios, no
privilegiar a unos en menoscabo de otros y ajustarse a lo que es
el derecho válido en las sociedades civilizadas. Que la Asamblea
se meta a inventar nuevas justicias y legislar de acuerdo
a las necesidades políticas de sus miembros, es abrir las
puertas a la anarquía.
La buena ley es una respuesta a determinadas circunstancias, que
parte de un orden moral y una necesidad racional. Pero de moral
no parecen entender mayor cosa quienes promueven amnistías
para violentos y abusivos. De hecho, los marxistas, una religión
de fanáticos, rechazan la moral que conocemos, la única
posible, como una invención burguesa. Ése
es el origen de los monstruosos esquemas que mueven regímenes
como el cubano, capaz de condenar a veinte años de cárcel
a un hombre por difundir sus ideas usando un fax.
Los parlamentos, un mecanismo democrático fundamental, operan
a base de entendimientos, alianzas, debates, arreglos. Pero siempre
tiene que existir apego a la moral y a la sensatez. De lo contrario
se cae en tratos de pandillas.
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