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Despiden
a las víctimas de accidente
Un
centenar de personas acompañó hasta el cementerio
a los familiares de los niños fallecidos en accidente en
San Miguel.
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Los pacientes de los distintos
hospitales son los principales afectados por la huelga.
Foto EDH
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Eran las tres de la tarde. Cientos de personas caminaban en uno
de los carriles de la carretera del Litoral, en la jurisdicción
del cantón El Brazo, de San Miguel. Todos llevaban el mismo
rumbo: el cementerio del caseríos Los Llanitos de ese cantón.
Los restos de los cuatro infantes que murieron atropellados por
un pick up y un furgón, la tarde del 1 de mayo, recibieron
ayer cristiana sepultura.
Las personas que acompañaban a las familias dolientes caminaron
siete kilómetros hasta el camposanto. Cuatro vehículos
conducían cada uno de los ataúdes.
La temperatura extrema y el sofocante sol fueron insuficientes para
impedir que el cortejo fúnebre llegara a su destino.
En medio del pesar y dolor de las familias, mientras la Policía
aclara las causas del accidente, la principal sospechosa del siniestro
huye de la justicia.
A María Teresa Guzmán, abuela de Brenda Cruz, José
Santos Cruz y Jhonatan Alexander Castellanos, las palabras no podían
consolar la pérdida de su nietos.
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Lea además
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La
conductora del pick up es prófuga
La supuesta responsable
del accidente que acabó con la vida de cuatro niños
huye de la justicia. Compañeros de trabajo se solidarizaron
con ella.
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Apenas llevaba 16 días en el país, había arribado
procedente de Estados Unidos antes de la Semana Santa, cuando recibió
la noticia. Su corazón aceleró las palpitaciones hasta
su llegada al cantón El Brazo, San Miguel, el 2 de mayo.
Quería que todo fuera una mentira... mi viaje de regresó
parecía eterno y cuando llegué al aeropuerto y vi
a otro de mis hijos, deseé que el carro tuviera alas...,
recuerda.
Quienes no pudieron acompañar el descanso de los niños
fueron precisamente sus padres, inmigrantes que residen de forma
ilegal en Estados Unidos.
La abuela recuerda que les fue imposible viajar para dar el último
adiós a sus hijos.
Las pocas palabras de los familiares más próximos
expresan el dolor que los padres sienten a miles de millas de su
pueblo natal.
También en un país que no es el suyo, la madre de
los hermanitos Rafael Guzmán y Alexander Guzmán, amigos
de los nietos de María Teresa, llora por la muerte de Rafael
y suplica por la salud de Alexander.
El niño de 9 años se debate entre la vida y la muerte
en el Hospital de Niños Benjamín Bloom de la capital.
Me encomendó a sus niños... que voy a decirle,
se repetía María Teresa. Ellos estaban a su cargo.
El menor fue referido hasta ese centro, procedente de un hospital
privado de San Miguel.
Hoy, el pequeño Julio César Cruz es el único
que sobrevivió al trágico accidente.
Antes del entierro, Julito se sentó cerca del ataúd
de su hermanita y le habló: Brendita, te dije que corriéramos
cuando el carro venía sobre nosotros... pero no me hiciste
caso.
Unas palabras que se perdían en medio del canto de los dolientes:
Se va un ángel buscando la nueva vida. Se va diciendo
a su madre, no llores que en reino de Dios estoy.
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