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La
Asamblea Legislativa
Muy mal mensaje
El
balance final de esta gestión legislativa no puede ser más
negativo, si se considera que su quehacer se redujo a lo que ha
dado en llamarse negociación, pero que en buen
castellano se llama chantaje.
Los niños al nacer reciben el nombre que los distinguirá
toda la vida, pero a los siglos hasta que han terminado se les nombra
con su característica más relevante: el Siglo de Oro,
el Siglo de las Luces, el Siglo de la Revolución Industrial.
Si hubiera que bautizar a la Asamblea Legislativa que terminó
sus labores el pasado 30 de abril, como que el nombre no sería
muy honroso, pues después de tres años de actividades
más desacertadas que positivas como que quisieron cubrirse
de gloria con sus últimas actuaciones y dejar un mensaje
desastroso. Lamentable, porque tienen la obligación sagrada
de dar buen ejemplo para servir como un modelo para la población,
especialmente para la juventud.
¿Qué lección han querido dar al reducir las
multas para los cafres que manejan en estado de ebriedad? ¿Será
un premio para el irresponsable que manejaba el camión que
volcó en El Espino y presumía de hacerlo mejor cuando
estaba bolo? Parece que antes que el bienestar del pueblo que les
eligió, velaron por sus propios intereses económicos,
como lo demuestran las victorias sucesivas obtenidas contra los
pobres usuarios, un adversario tan débil e indefenso que
no tiene voz ni voto en la Comisión de Transporte y a quien
han condenado a muerte al obligarlo a subirse en buses viejos, que
han protagonizado tantos accidentes que justamente podrían
calificarse de homicidios; al haber aumentado los pasajes como protesta
a la supresión del subsidio del diesel; al no haber aprobado
el proyecto de seguro obligatorio para los buses, que protegería
a sus pobres víctimas. Debe ser porque afectaría sus
bolsas.
Otra triste enseñanza ha sido irrespetar la ley y el orden
para que todo ciudadano que quiera expresarse, protestar y exigir
algo, aunque no tenga derecho, sepa que la mejor manera de conseguirlo
es la violencia. Dejar de trabajar, gritar, atropellar, destruir,
hostigar constantemente dañando a la mayor cantidad de gente
posible en sus propiedades, en su trabajo y en sus actividades hasta
llegar a causar el caos. Y entonces no sólo obtendrá
lo que pedía (aunque no lo merezca), sino que logrará
que le paguen por no haber trabajado y hasta que lo indemnicen.
Lamentable moraleja que dejó la vergonzosa huelga de los
médicos, un gremio con vocación de servicio, antes
enaltecido por sus dignos representantes y reducido hoy a innobles
bochincheros. ¿Cómo podrán hablar a sus hijos
de respeto y disciplina?
El balance final de esta gestión legislativa no puede ser
más negativo, si se considera que su quehacer se redujo a
lo que ha dado en llamarse negociación, pero
que en buen castellano se llama chantaje. Muchas leyes y decretos
aprobados no han sido en función de beneficiar a las mayorías
ni de velar por su bienestar, sino para tapar movidas y fraudes,
un toma y daca para encubrir los errores del partido, chantajeando
al otro para que sea cómplice de la maniobra. Y así
han cambiado radicalmente de posición y color, con tal de
lograr prebendas en otros ámbitos.
El comportamiento personal de los padres de la patria también
ha dejado mucho qué desear y no podría servir de ejemplo
para los que los sustituyan. Derroche abusivo de los fondos públicos
en comilonas y viajes inútiles, vehículos y personal
usado en negocios particulares y otros muchos ejemplos que evidencian
que no han trabajado para servir al pueblo, sino que se han servido
del cargo para lucrar. Y para que el vaso rebalse, la negativa arrogante
a demostrar su honradez dando cuenta de sus bienes al inicio y al
final de su gestión, lo que hace sospechar que tienen la
cola bien pateada. Si no han cumplido la ley, no deberían
seguir ejerciendo el cargo. Pero muchos con derroche de cinismo
parecen enorgullecerse de haber realizado una buena gestión,
como argumento para seguir ocupando puestos de dirigencia.
Si se califica su haraganería al no asistir a las comisiones,
su atrevimiento al aprobar leyes que ni siquiera han leído,
ni estudiado, ni analizado y que incluso han llegado a confesar
que no habían entendido, habrá que concluir que el
mensaje ha sido más que pobre, por lo que el nombre con que
se podría designar el trabajo de esta Asamblea no es precisamente
muy honroso. Y que en conciencia deberían ser juzgados por
haberse burlado del pueblo que los eligió y pagó sus
altos e inmerecidos salarios y por haberse olvidado del juramento
que hicieron al tomar posesión de su cargo, porque la patria,
con la vara de la justicia en la mano, se los podrá demandar.
*Predicador Católico
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