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La Asamblea Legislativa
Muy mal mensaje

Teresa Guevara de López*
Editorial
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

El balance final de esta gestión legislativa no puede ser más negativo, si se considera que su quehacer se redujo a lo que ha dado en llamarse “negociación”, pero que en buen castellano se llama chantaje.

Los niños al nacer reciben el nombre que los distinguirá toda la vida, pero a los siglos hasta que han terminado se les nombra con su característica más relevante: el Siglo de Oro, el Siglo de las Luces, el Siglo de la Revolución Industrial. Si hubiera que bautizar a la Asamblea Legislativa que terminó sus labores el pasado 30 de abril, como que el nombre no sería muy honroso, pues después de tres años de actividades más desacertadas que positivas como que quisieron cubrirse de gloria con sus últimas actuaciones y dejar un mensaje desastroso. Lamentable, porque tienen la obligación sagrada de dar buen ejemplo para servir como un modelo para la población, especialmente para la juventud.

¿Qué lección han querido dar al reducir las multas para los cafres que manejan en estado de ebriedad? ¿Será un premio para el irresponsable que manejaba el camión que volcó en El Espino y presumía de hacerlo mejor cuando estaba bolo? Parece que antes que el bienestar del pueblo que les eligió, velaron por sus propios intereses económicos, como lo demuestran las victorias sucesivas obtenidas contra los pobres usuarios, un adversario tan débil e indefenso que no tiene voz ni voto en la Comisión de Transporte y a quien han condenado a muerte al obligarlo a subirse en buses viejos, que han protagonizado tantos accidentes que justamente podrían calificarse de homicidios; al haber aumentado los pasajes como protesta a la supresión del subsidio del diesel; al no haber aprobado el proyecto de seguro obligatorio para los buses, que protegería a sus pobres víctimas. Debe ser porque afectaría sus bolsas.

Otra triste enseñanza ha sido irrespetar la ley y el orden para que todo ciudadano que quiera expresarse, protestar y exigir algo, aunque no tenga derecho, sepa que la mejor manera de conseguirlo es la violencia. Dejar de trabajar, gritar, atropellar, destruir, hostigar constantemente dañando a la mayor cantidad de gente posible en sus propiedades, en su trabajo y en sus actividades hasta llegar a causar el caos. Y entonces no sólo obtendrá lo que pedía (aunque no lo merezca), sino que logrará que le paguen por no haber trabajado y hasta que lo indemnicen. Lamentable moraleja que dejó la vergonzosa huelga de los médicos, un gremio con vocación de servicio, antes enaltecido por sus dignos representantes y reducido hoy a innobles bochincheros. ¿Cómo podrán hablar a sus hijos de respeto y disciplina?

El balance final de esta gestión legislativa no puede ser más negativo, si se considera que su quehacer se redujo a lo que ha dado en llamarse “negociación”, pero que en buen castellano se llama chantaje. Muchas leyes y decretos aprobados no han sido en función de beneficiar a las mayorías ni de velar por su bienestar, sino para tapar movidas y fraudes, un toma y daca para encubrir los errores del partido, chantajeando al otro para que sea cómplice de la maniobra. Y así han cambiado radicalmente de posición y color, con tal de lograr prebendas en otros ámbitos.

El comportamiento personal de los padres de la patria también ha dejado mucho qué desear y no podría servir de ejemplo para los que los sustituyan. Derroche abusivo de los fondos públicos en comilonas y viajes inútiles, vehículos y personal usado en negocios particulares y otros muchos ejemplos que evidencian que no han trabajado para servir al pueblo, sino que se han servido del cargo para lucrar. Y para que el vaso rebalse, la negativa arrogante a demostrar su honradez dando cuenta de sus bienes al inicio y al final de su gestión, lo que hace sospechar que tienen la cola bien pateada. Si no han cumplido la ley, no deberían seguir ejerciendo el cargo. Pero muchos con derroche de cinismo parecen enorgullecerse de haber realizado una buena gestión, como argumento para seguir ocupando puestos de dirigencia.

Si se califica su haraganería al no asistir a las comisiones, su atrevimiento al aprobar leyes que ni siquiera han leído, ni estudiado, ni analizado y que incluso han llegado a confesar que no habían entendido, habrá que concluir que el mensaje ha sido más que pobre, por lo que el nombre con que se podría designar el trabajo de esta Asamblea no es precisamente muy honroso. Y que en conciencia deberían ser juzgados por haberse burlado del pueblo que los eligió y pagó sus altos e inmerecidos salarios y por haberse olvidado del juramento que hicieron al tomar posesión de su cargo, porque la patria, con la vara de la justicia en la mano, se los podrá demandar.
*Predicador Católico

 

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