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Ministerio
Espiga
Señor, enséñanos a orar...
Y
sucedió que, estando Cristo orando en cierto lugar, cuando
terminó le dijo uno de sus discípulos: "Señor,
enseñanos a orar.."
Jesús oraba, sin duda alguna, de una manera nueva y diferente,
tanto que sus discípulos, muchos de ellos con una gran trayectoria
de oración propia de la religión judía y además
graduados en la escuela de Juan Bautista, sintieron la necesidad
de pedir al Maestro ser instruidos en el arte de saber orar.
Esta actitud debe desafiarnos a nosotros, los modernos discípulos
de Jesús, que contando con menos conocimiento y experiencia
que los primeros, mostramos al mismo tiempo menos interes para aprender
a orar.
Afortunadamente y como un verdadero signo de los tiempos, el Espíritu
Santo va suscitando en personas y comunidades un deseo profundo
de orar, que día con día va creciendo.
Actitudes básicas
Como respuesta inmediata a la súplica de sus discípulos,
Jesús les señala las actitudes básicas para
orar, es decir, la oración debe ser insistente, hecha con
fe y, sobre todo, con humildad.
San Lucas nos ha transmitido tres parábolas principales sobre
la oración:
La primera, el amigo importuno (cf Lc 11, 5-13), invita
a una oración insistente: Llamad y se os abrirá.
Al que ora así, el Padre del cielo le dará todo lo
que necesite, y sobre todo el Espíritu Santo que contiene
todos los dones.
La segunda, la viuda importuna (cf Lc 18, 1-8), está
centrada en una de las cualidades de la oración: es necesario
orar siempre, sin cansarse, con la paciencia de la fe. Pero,
cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrara fe sobre la
tierra?.
La tercera parábola, el fariseo y el publicano
(cf Lc 18, 9-14), se refiere a la humildad del corazón que
ora. ¡Oh, Dios! Ten compasión de mí que
soy pecador. La Iglesia no cesa de hacer suya esta oración:
¡Kyrie eleison! (Señor, ten piedad).
¿Cuáles son las características que hacen nueva
y diferente a la oración cristiana?
Jesús nos ha enseñado que la oración cristiana
debe ser hecha al Padre, en el nombre del Hijo, guiados e impulsados
por la fuerza del Espíritu Santo.
Además, tanto la Escritura, el Magisterio como la experiencia
nos ha enseñado que cuando un cristiano ora no está
orando solo, ya que la oración cristiana se hace en comunión
con toda la Iglesia.
*Predicador Católico
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