\
Turismo
 
Inicio del Sitio Sábado 3 de mayo
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

Recibamos la paz del Resucitado

Por Juan Pablo II
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

En estos días de la Pascua es grande el júbilo de la Iglesia por la resurrección de Cristo. Después de sufrir la pasión y la muerte en cruz, ahora vive para siempre, y la muerte ya no tiene ningún poder sobre El.

La comunidad de los fieles, en todas las partes del mundo, eleva al cielo un cántico de alabanza y acción de gracias a Aquel que ha librado al hombre de la esclavitud del mal y del pecado mediante la redención realizada por el Verbo encarnado. El amor misericordioso de Dios se revela de forma plena y definitiva en el Misterio pascual.

Después de su resurrección, el Señor se apareció en repetidas ocasiones a los discípulos. Los evangelistas refieren varios episodios, que ponen de manifiesto el asombro y la alegría de los testigos de acontecimientos tan prodigiosos. San Juan, en particular, destaca las primeras palabras dirigidas por el Maestro resucitado a los discípulos.

«¡Paz a vosotros!», dice al entrar en el Cenáculo, y repite tres veces este saludo. Podemos decir que la expresión: «¡Paz a vosotros!», en hebreo «shalom», contiene y sintetiza, en cierto modo, todo el mensaje pascual. La paz es el don que el Señor resucitado ofrece a los hombres, y es el fruto de la vida nueva inaugurada por su resurrección.

Por lo tanto, la paz se identifica como «novedad» introducida en la historia por la Pascua de Cristo. Nace de una profunda renovación del corazón del hombre. Así pues, no es el resultado de esfuerzos humanos, ni se puede conseguir sólo gracias a acuerdos entre personas e instituciones. Más bien, es un don que hay que acoger con generosidad, conservar con esmero y hacer fructificar con madurez y responsabilidad. Por más complicadas que sean las situaciones y por más fuertes que sean las tensiones y los conflictos, nada puede resistir a la eficaz renovación traída por Cristo resucitado. Él es nuestra paz.

Con la muerte en cruz, Cristo nos ha reconciliado con Dios y ha puesto en el mundo las bases de una convivencia fraterna de todos. En Cristo el ser humano frágil, y que anhela la felicidad, ha sido rescatado de la esclavitud del maligno y de la muerte, que engendra tristeza y dolor. La sangre del Redentor ha lavado nuestros pecados. Así hemos experimentado la fuerza renovadora de su perdón. La misericordia divina abre el corazón al perdón de los hermanos, y con el perdón ofrecido y recibido es como se construye la paz en las familias y en todos los demás ambientes de vida.

Renuevo de buen grado mi más cordial felicitación pascual a todos vosotros, a la vez que os encomiendo, juntamente con vuestras familias y vuestras comunidades, a la protección celestial de María, Madre de la Misericordia y Reina de la paz.

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal