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El
empobrecimiento se democratiza en A.L.
De
la emigración de campesinos, Latinoamérica pasó
a la de profesionales que huyen de la pobreza. El problema radica
en las instituciones mismas: gobiernos, leyes y sistemas judiciales
politizados.
Cualquier investigación seria sobre el desarrollo económico
latinoamericano arroja resultados lamentables.
En la década de los 90, los campesinos latinoamericanos emigraban
al extranjero en búsqueda de un nivel de vida aceptable,
mientras que en el nuevo siglo observamos un creciente número
de profesionales y ejecutivos latinoamericanos emigrando por las
mismas razones. Es decir, el empobrecimiento se ha democratizado,
afectando a la clase media y también a familias que antes
se consideraban ricas.
La región pierde capital humano aceleradamente. Disminuye
el influjo de capital privado en forma de inversiones directas.
Aumenta la fuga de capitales nacionales buscando protección
contra la inflación, devaluaciones y los corralitos
(es decir, al despojo oficial de la propiedad privada), mientras
los gobiernos tratan de llenar el vacío con préstamos
de los organismos multilaterales que tienden a fomentar la corrupción,
a posponer decisiones políticas difíciles y a hipotecar
el futuro de las nuevas generaciones.
Junto con los préstamos del FMI se imponen aumentos de impuestos
que, al reducir los incentivos al trabajo y la inversión,
incrementan el desempleo y agravan la enfermedad latinoamericana.
Los enemigos
Es una tragedia que está a la vista de quien se moleste en
leer la prensa, pero nuestros gobernantes y políticos siguen
luchando contra enemigos imaginarios.
Ayer era el imperialismo que nos obligaba a intercambiar materias
primas baratas por productos manufacturados caros. Hoy es la globalización,
los subsidios agrícolas de los países ricos y las
asimetrías.
El verdadero problema latinoamericano es bastante más profundo
y mucho más difícil de combatir porque los enemigos
del bienestar y la prosperidad son las instituciones mismas: nuestros
gobiernos, nuestras leyes, nuestros sistemas judiciales politizados,
nuestras constituciones y una educación pública que
a lo largo de varias generaciones ha deformado la manera de pensar
y de actuar de la ciudadanía.
Lejos de promover la responsabilidad individual, la propaganda política
en la educación pública enseña a los niños
que el gobierno es el tío rico y bondadoso que siempre estará
allí para ayudarles, cuidarlos y hacer posible su felicidad.
El problema, claro está, es que el gobierno sólo puede
darnos lo que le quita a otro.
Problema de fondo
El fondo del mal latinoamericano es que tanto los políticos
y funcionarios como la mayoría de los electores ignoran el
verdadero papel de la constitución y las leyes.
La constitución no debe ser una piñata ni los políticos
y funcionarios los encargados de distribuir juguetes y caramelos.
La constitución tendría que ser un documento breve
y preciso, que defienda los derechos naturales del ciudadano de
los abusos de autoridad de los gobernantes.
Las leyes deben ser muy pocas, también claras y de aplicación
general, en lugar de miles de páginas de regulaciones que
resultan del forcejeo político en busca de privilegios para
grupos de presión, en perjuicio de la mayoría.
El inmenso crecimiento de los gobiernos latinoamericanos es el resultado
de la concentración del poder político y económico
en manos de políticos y burócratas. De allí
provienen las decisiones que nos empobrecen, con la concesión
de privilegios especiales a grupos sindicales y empresariales que
utilizan sus conexiones políticas para destruir la competencia,
lo cual golpea la libre iniciativa y elimina la libertad de elegir
de los ciudadanos.
Graves fallas
Los salarios mínimos producen desempleo; los altos impuestos
del estado impiden el ahorro, mientras que los servicios públicos
recibidos a cambio son infames y cada día peores; los controles
de precios producen escasez; la politización del sistema
monetario empobrece a la ciudadanía entera y fomenta la huída
de capitales, mientras que la redistribución de la riqueza
ha sido el mayor de los fraudes porque sólo los políticos
y sus amigos se han beneficiado.
Los latinoamericanos tenemos la costumbre de copiarnos sólo
las malas políticas de los países industrializados,
los cuales jamás hubieran logrado desarrollarse si siendo
todavía pobres las hubiesen puesto en práctica.
Además, regulaciones y licencias para todo es lo que convierte
en ricos y poderosos a políticos y funcionarios, pero sólo
desarmando esa pesada estructura gubernamental y exigiendo amplia
libertad económica podrán los latinoamericanos dar
un vuelco hacia la prosperidad y el bienestar.
* Director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato
Institute. © www.aipenet.com
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