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Venta
de cruces inicia en la capital
Doña
Estela del Carmen Castro llegó al mercado Central, cuando
aún no había amanecido.
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| Doña Estela
Castro, de 58 años, junto a su esposo Arcadio, llegan
todos los años para vender cruces. Foto:
EDH/Mauricio Cáceres |
Salió a las tres de la mañana de su casa en el cantón
Tinteral, en Santa Ana.
Junto a su esposo, don Arcadio, cargaban ramas de jiote, un afilado
machete y unos cuantos clavos, que serviría para elaborar
las cruces.
Este trabajo lo ha desempeñado desde hace quince años.
Sus hábiles manos son el reflejo de la experiencia adquirida
en más de una década.
En menos de dos minutos, doña Estela puede elaborar la cruz,
al gusto del cliente.
Según la creencia, si la cruz no se siembra en las casas,
el diablo llega a bailar a ese lugar.
Este es un palo santo... Ayuda al estómago de los niños
y los protege, agregó la vendedora, mientras une dos
ramas de jiote con un clavo.
Cerca de las cruces no pueden faltar las frutas que se colocan como
parte de la tradición.
También se revisten de cadenas de papel de varios colores
y tamaños.
Las vendedoras de cruces señalan que esta tradición,
que se celebra el tres de mayo, se mantiene muy arraigada entre
los católicos.
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