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Opinando
La utopía de los sin Dios
Tenía
razón el Consejo Permanente de la Comisión Episcopal
italiana cuando declara: No se puede ser simultáneamente
cristiano y marxista
Es frecuente oír decir hoy en día que no existe un
Ser Supremo. Que la materia es eterna, que sólo se transforma.
Y un sinnúmero de afirmaciones de tal aspecto, sin ninguna
base; no siendo estas gratuitas aseveraciones, sino tesis sin ningún
fundamento. Pues no vemos explicación razonable en el universo,
cómo es que la materia inerte pudo haber aparecido sin ninguna
causa y dar la vida y existencia que no posee; porque nadie da lo
que no tiene, y reconocemos que todo en la naturaleza responde
a un motivo o a una finalidad.
De tal manera que siempre que nos paremos a contemplar la
armonía del universo y el orden que se halla escrito con
letras mayúsculas en su invariable proceso y en su efectiva
subordinación, o en la minuciosa organización y microscópicos
detalles de la hoja de un árbol, del oído de un animal
o del ojo del hombre, encontraremos en todas la misma clarísima
evidencia de una inteligencia gigante e infinita.
Los valores religiosos tienen una conexión esencial con el
hombre; definido él como animal racional o como animal político,
podría también determinarse como animal religioso.
Pues la historia nos presenta al ser humano y a la religión
inseparablemente unidos. No conociéndose pueblo que no haya
tenido su religión. Desde el culto de Osiris en Egipto y
el de la antigua Babilonia. Ya dos mil años antes de Jesucristo
donde el código de Hammurabi nos presenta la teología
de Marduk como la religión de Estado. Siguiendo después
las religiones en sus múltiples formas en Grecia y en Roma
antes del cristianismo, hasta las actuales tribus perdidas en los
bosques, que adoran en medio de su salvajismo el fetiche o al animal.
Siempre recordaremos aquella descabellada frase del astronauta ruso,
que una vez que salió de la atmósfera dijo: Yo no
he visto aquí a Dios, luego no existe. Este materialista
en su ignorancia y necedad no distingue entre lo físico y
lo espiritual, entre lo sensible y lo que no lo es.
Desconociendo que Dios es un espíritu. Que no ocupa espacio.
La historia se encuentra en el tercer capítulo del
Éxodo. Cuando Moisés le pregunta su nombre, Dios le
responde: Yo soy el que Soy. Él Es, lo cual se dice en hebreo
Yahveh.
Allá aquellos que por malicia o ignorancia niegan la existencia
de un Ser Supremo. Siendo oportuno traer a cuenta el tema de incompatibilidad
entre fe cristiana y marxismo. Porque la relación entre
ella y el compromiso político ha constituido un tema apasionante
y complejo. De ahí que nos interese grandemente referirnos
a la incursión del marxismo en amplios sectores de la feligresía
católica. Pudiendo afirmarse que durante mucho tiempo tanto
de la parte cristiana como la marxista se sostuvo firmemente
que había oposición entre la creencia cristiana y
el marxismo.
Pero desde hace algunas décadas muchos católicos han
considerado que se pueden tener ambos razonamientos, aceptando el
marxismo como doctrina. Son los mal llamados cristianos marxistas.
Quienes hoy conscientes o no acogen los postulados de
esa ideología y, por supuesto, el ateísmo que ello
conlleva.
Sin embargo es necesario aclarar que desde las encíclicas
Qui pluribus (1846) y Quanta cura (1864)
la iglesia Católica ha condenado el marxismo y su traducción
histórica el comunismo marxista-leninista. Pero ¿qué
es esa ideología marxista que la Iglesia declara incompatible
con la fe? Es el marxismo en cuanto teoría y en cuanto praxis;
en cuanto teoría, porque el marxismo es materialista y ateo
en su núcleo esencial; en cuanto praxis, porque de conformidad
con la hipótesis que lo inspira, se propone la lucha violenta
de clases, niega la originalidad y la transparencia de la persona,
reabsorbiéndola en la sociedad y en la historia, y está
encerrada en un mesianismo puramente terrestre.
Además, tenemos que del a-teísmo de Marx se transformó
con Lenin, al anti-teísmo. Y se emprendió una lucha
despiadada contra toda religión. Por eso, la iglesia Católica,
con justa razón, afirma que aquellos feligreses, que aunque
por nobles ideales como la opción de los pobres
se adhieren al marxismo, están equivocados.
De tal manera que tenía razón el Consejo Permanente
de la Comisión Episcopal italiana cuando declara: No
se puede ser simultáneamente cristiano y marxista.
*Lic. en Filosofía y Dr. en
Derecho.
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