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Opinando
La utopía de los sin Dios

Carlos Adalberto Fonseca*
El Diario de Hoy
Editoriales@elsalvador.com

Tenía razón el Consejo Permanente de la Comisión Episcopal italiana cuando declara: “No se puede ser simultáneamente cristiano y marxista”

Es frecuente oír decir hoy en día que no existe un Ser Supremo. Que la materia es eterna, que sólo se transforma. Y un sinnúmero de afirmaciones de tal aspecto, sin ninguna base; no siendo estas gratuitas aseveraciones, sino tesis sin ningún fundamento. Pues no vemos explicación razonable en el universo, cómo es que la materia inerte pudo haber aparecido sin ninguna causa y dar la vida y existencia que no posee; porque nadie da lo que no tiene, y reconocemos que “todo en la naturaleza responde a un motivo o a una finalidad”.

De tal manera que “siempre que nos paremos a contemplar la armonía del universo y el orden que se halla escrito con letras mayúsculas en su invariable proceso y en su efectiva subordinación, o en la minuciosa organización y microscópicos detalles de la hoja de un árbol, del oído de un animal o del ojo del hombre, encontraremos en todas la misma clarísima evidencia de una inteligencia gigante e infinita”.

Los valores religiosos tienen una conexión esencial con el hombre; definido él como animal racional o como animal político, podría también determinarse como animal religioso. Pues la historia nos presenta al ser humano y a la religión inseparablemente unidos. No conociéndose pueblo que no haya tenido su religión. Desde el culto de Osiris en Egipto y el de la antigua Babilonia. Ya dos mil años antes de Jesucristo donde el código de Hammurabi nos presenta la teología de Marduk como la religión de Estado. Siguiendo después las religiones en sus múltiples formas en Grecia y en Roma antes del cristianismo, hasta las actuales tribus perdidas en los bosques, que adoran en medio de su salvajismo el fetiche o al animal.

Siempre recordaremos aquella descabellada frase del astronauta ruso, que una vez que salió de la atmósfera dijo: Yo no he visto aquí a Dios, luego no existe. Este materialista en su ignorancia y necedad no distingue entre lo físico y lo espiritual, entre lo sensible y lo que no lo es.

Desconociendo que Dios es un espíritu. Que no ocupa espacio. “La historia se encuentra en el tercer capítulo del Éxodo. Cuando Moisés le pregunta su nombre, Dios le responde: Yo soy el que Soy. Él Es, lo cual se dice en hebreo Yahveh”.

Allá aquellos que por malicia o ignorancia niegan la existencia de un Ser Supremo. Siendo oportuno traer a cuenta el tema de incompatibilidad entre fe cristiana y marxismo. Porque “la relación entre ella y el compromiso político ha constituido un tema apasionante y complejo”. De ahí que nos interese grandemente referirnos a la incursión del marxismo en amplios sectores de la feligresía católica. Pudiendo afirmarse que durante mucho tiempo —tanto de la parte cristiana como la marxista— se sostuvo firmemente que había oposición entre la creencia cristiana y el marxismo.

Pero desde hace algunas décadas muchos católicos han considerado que se pueden tener ambos razonamientos, aceptando el marxismo como doctrina. Son los mal llamados “cristianos marxistas”. Quienes hoy —conscientes o no— acogen los postulados de esa ideología y, por supuesto, el ateísmo que ello conlleva.

Sin embargo es necesario aclarar que desde las encíclicas “Qui pluribus” (1846) y “Quanta cura” (1864) la iglesia Católica ha condenado el marxismo y su traducción histórica el comunismo marxista-leninista. “Pero ¿qué es esa ideología marxista que la Iglesia declara incompatible con la fe? Es el marxismo en cuanto teoría y en cuanto praxis; en cuanto teoría, porque el marxismo es materialista y ateo en su núcleo esencial; en cuanto praxis, porque de conformidad con la hipótesis que lo inspira, se propone la lucha violenta de clases, niega la originalidad y la transparencia de la persona, reabsorbiéndola en la sociedad y en la historia, y está encerrada en un mesianismo puramente terrestre”.

Además, tenemos que del a-teísmo de Marx se transformó con Lenin, al anti-teísmo. Y se emprendió una lucha despiadada contra toda religión. Por eso, la iglesia Católica, con justa razón, afirma que aquellos feligreses, que aunque por nobles ideales —como la opción de los pobres— se adhieren al marxismo, están equivocados.

De tal manera que tenía razón el Consejo Permanente de la Comisión Episcopal italiana cuando declara: “No se puede ser simultáneamente cristiano y marxista”.
*Lic. en Filosofía y Dr. en Derecho.

 

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