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Orientaciones familiares
Recuerdos imborrables

Por Pastor Mario Vega
El Diario de Hoy
orientaciones.familiares@navegante.com.sv

Las experiencias que afectan más ampliamente a la conciencia pasan a la memoria permanente y ser vuelven imborrables.

Cuando una experiencia impacta vivamente a una persona, pero, además, lleva envuelta elementos sensoriales de olores, sabores, texturas, contactos físicos y si se añaden alteraciones emocionales fuertes al momento de producirse la recepción de datos, se producirán imágenes mentales que pueden quedar grabadas en la memoria.

Seguramente se recuerdan los detalles que se dieron cuando se fue víctima de un asalto, pero difícilmente se recordará qué fue lo que se desayunó ese mismo día. Se recuerdan los detalles del asalto porque es una experiencia que afecta las múltiples facetas de la memoria humana, pero se olvida lo desayunado porque es una actividad tan rutinaria que no implica emociones intensas.

Las vivencias que más conmocionan son aquellas de abuso verbal, físico o sexual. De ellas, probablemente, el abuso sexual sea la experiencia que acusa una gama mucho más amplia de emociones, sensaciones, olores, texturas, algunas veces sabores, y todo ello puede ser magnificado por el uso de la violencia y las sensaciones de dolor.

Por eso los recuerdos relacionados con este tipo de experiencias se vuelven imborrables. Por tratarse de una experiencia desagradable la persona comienza a luchar por olvidar lo sucedido, por enterrarlo en el fondo de su conciencia. Pero pronto se da cuenta de que cuanto más empeño pone en olvidar mucho más vivos se vuelven sus recuerdos.

Tales vivencias han producido, fisiológicamente, no solamente un intercambio eléctrico entre neuronas sino cambios químicos que envían la experiencia a la memoria permanente.
Las personas pueden echar mano de diversos ardides a fin de bregar con sus recuerdos. El más común es el de la negación. Cuando la persona pretende que todo pasó ya. No desea hablar del tema o lo niega. Trata de convencerse a sí misma que ya olvidó lo ocurrido. Pero, tal actitud, en lugar de contribuir a la superación de su problema lo agrava.

La persona interioriza su dolor y éste comienza a hacer estragos en su autoestima, en sus relaciones con otras personas; le fomenta desconfianza hacia los demás; muchas veces se vuelve agresiva. Es allí donde tal persona necesita de ayuda especializada para aprender a manejar sus recuerdos imborrables sin que continúen dañándole.

 

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