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La
nota del día
El
vandalismo ataviado de rojo
Primero hay que arrasar con lo que está en pie para luego
levantar la sociedad socialista Al igual que en todas
sus marchas, los comunistas y grupos afines causaron ayer destrozos,
festejando el día del trabajo.
La turba lanzó morteros contra una constructora, un hotel,
el edificio de una aseguradora, un laboratorio, varias oficinas,
automóviles y bienes privados, además de agredir a
la gerente de un negocio situado sobre la Roosevelt. Esto en adición
a las pintas con eslóganes marxistas, acusaciones contra
el gobierno, insultos y llamados a la insurrección.
Al frente del desfile iba una conocida agitadora, la que en previas
ocasiones ha pedido dar fuego a San Salvador, mientras
a la cola caminaban varios cabecillas del FMLN, los del futuro
mejor, la concertación y la nueva directiva
de la Asamblea. Iban detrás vigilando que se cumpliera el
guión de la farsa.
Marcharon de rojo, como de rojo fueron a votar el 16 de marzo.
Hay que reconocerles a los comunistas una sobresaliente capacidad
para agitar, provocar desórdenes, destruir la propiedad pública
y privada, emporcar paredes, arruinar vehículos, golpear
gente, sembrar cizaña, causar pánico, generar desconfianza
y propagar el odio de clases. Esto, desde luego, cuando no andan
enmontados dando fuego a beneficios, ejecutando alcaldes, matando
vacas, destruyendo alcaldías y aniquilando lo que encuentran
a su paso. Han sido expertos en ametrallar cafetines con todo y
clientela, levantarse burgueses, dinamitar puentes, volar postes
y agredir cajas telefónicas.
Todas esas artes son necesarias, imprescindibles, para construir
un futuro mejor para los salvadoreños. Primero hay que arrasar
con lo que está en pie para luego levantar la sociedad
socialista. Como hizo Pol Pot en Camboya, aunque al pobre
no se le dio chance de colocar siquiera un ladrillo.
De original la marcha de ayer no tuvo nada: fue una repetición
casi exacta de lo que el país padeció en la Década
de los Años Setenta. Comenzó todo con manifestaciones
que salían de la Universidad Nacional y que año con
año iban tornándose más violentas y desafiantes,
hasta culminar con la violenta anarquía que precedió
a la guerra. La diferencia está, tal vez, en que en ese entonces
la Unión Soviética era una superpotencia militar que
buscaba socavar a Estados Unidos rodeándolo de regímenes
comunistas, en una estrategia de dominó donde Cuba y Nicaragua
eran las piezas consolidadas. Pero la sobre expansión en
cinco continentes terminó por romper el espinazo a Moscú.
Sobran excusas para tomarse las calles
¿Es que la marcha de ayer, aunada a la creciente violencia
del discurso comunista, beneficia en algo a los trabajadores? A
juzgar por lo sucedido antes, en los setentas, los trabajadores
son las víctimas principales de la violencia desenfrenada,
de la agitación, de los odios. Comenzando porque al trabajador
que no se une al desorden lo tildan de traidor, lo persiguen y,
en aquellos tiempos, con frecuencia lo ejecutaban.
Excusas para tomar la calle, bloquear y causar desorden y miedo
abundan. Marchas se han escenificado en apoyo de los médicos
que abandonaron y abusaron de sus pacientes. Hubo una solidarizándose
con los talibanes y Al Qaeda; el partido de manera permanente estudia
toda coyuntura política y suceso para decidir si sirve de
pretexto para la agitación.
La marcha coincide con el inicio de labores de la nueva legislatura,
realizado bajo el signo de la exclusión de tres de los cinco
partidos que ganaron diputados. Comunistas y pecenistas se dividieron
la directiva.
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