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La nota del día
Se celebra hoy el Día del Trabajo

Los trabajadores deben evitar que se les siga instrumentalizando para servir doctrinas anacrónicas.

El “Día del Trabajo” es propicio para reflexionar sobre el trabajo, pensar con más detenimiento alrededor de las oportunidades, de los problemas y de las ideas en boga sobre los trabajadores y el mundo laboral. Lo importante esta vez -1 de mayo de 2003- es que los extraordinarios acontecimientos de los últimos tres años obligan a los sectores del país a poner en marcha un proceso de modernización de las relaciones entre los obreros y sus empresas, así como respecto al nuevo papel que tienen que asumir los sindicatos y organizaciones de empleados. El mundo de 2003 es radicalmente diferente al mundo de hace quince o hace cuarenta años, y no es posible estar en el Siglo XXI con los conceptos con que estuvimos en el Siglo XX.
La ciudadanía en su totalidad debe comprender el significado del derrumbe del socialismo, dramáticamente simbolizado por la demolición del Muro de Berlín. En igual forma como se han ido destruyendo las alambradas, las torres con ametralladoras, suprimiéndose la policía política y los campos de concentración del comunismo, hay que terminar con los mitos del marxismo, que en parte fundamentaron las luchas sindicales del pasado.

Los obreros no deben ser instrumentalizados

-Los trabajadores deben cobrar conciencia de que no existe una “clase proletaria”, con intereses o ideas esencialmente distintas a las del resto de la población. Todos queremos progresar, todos queremos ser felices y todos desempeñamos un papel vital para construir el futuro;
- la relación entre las empresas y sus trabajadores no se basa, exceptuados casos marginales, en la “explotación”. De ser así, las empresas más prósperas se- rían las que peor pagarían a su personal, pero sucede lo contrario. No hay trabajador que no prefiera incorporarse a las grandes empresas de un país, en vez de emplearse en establecimientos de poca monta;
- los “paraísos de los trabajadores” -regímenes en los que se pretende que el poder está en manos de “obreros y campesinos”- han demostrado ser verdaderos infiernos, en donde los únicos privilegiados eran los cabecillas del partido comunista. Las miserables condiciones de vida que prevalecen en Cuba y Corea comunista son todo lo opuesto a lo que aspira cualquier persona sensata;
- la agitación laboral, los desórdenes en las calles y el terrorismo comunista ocasionan un descenso en los niveles de vida y una reducción de empleos. Ningún trabajador salvadoreño debe olvidar cómo las tomas de fábricas y los conflictos laborales de hace casi dieciocho años destruyeron decenas de miles de empleos y lanzaron a centenares de millares de personas a la pobreza. La agitación se tradujo en el éxodo de más de un millón de salvadoreños al exterior.

La prosperidad está relacionada directamente con la tranquilidad.
- Las economías centralizadas, las burocracias, “los movimientos populares”, la “propiedad social” y las reformas agrarias han provocado el empobrecimiento agudo de los pueblos en vez de ser la solución al subdesarrollo. El único camino para escapar de la marginalidad y de la pobreza es una economía libre -los sistemas económicos de mercado-, con precios libres, salarios no controlados y seguridad para las inversiones.
Los trabajadores deben evitar que se les siga instrumentalizando para servir a doctrinas anacrónicas, para favorecer a un socialismo que pertenece a un sangriento pasado. No hay que permitir que los fósiles políticos -los grupos o individuos que se aferran a las viejas supersticiones sociales- destruyan empleos, mientras los empresarios, agricultores, comerciantes y profesionales generan empleo y satisfacen necesidades vitales de la población.

 

 

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