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¡Que
vivan los mangos!
Que
ricos son los mangos, ¿verdad que si? Para conocimiento de
muchos, los mangos no son originarios de Zacatecoluca, aunque vean
a las mangueras en la carretera allá por la entrada a Ichanmichen,
ofreciendo mangos chapudos de sol; los mangos son originarios de
la India de donde vivió la Madre Teresa, de allí su
nombre científico: manguífera índica.
Por Don Lito Montalvo
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
¿Se
recuerdan que hace unos cuatro años fui a la India donde
me merqué una moto? También tuve la oportunidad
de comer mangos al natural, de unas variedades, que aquí
no las había degustado.
Allá, a las orillas del Océano Indico, venden gaseosa
de mango, mermelada, tostadas, charamuscas, sorbete y a saber que
más cosas hacen del mango.
Pero aquí, aunque no es autóctono, el mango está
plenamente identificado con la vida del salvadoreño. Bien
recuerdo cuando iba a manguear al cerro de San Jacinto a la finca
del doctor Cornejo, porque cipote que no ha mangueado, no es cipote
verdadero.
¡Palo de mango!, bendito palo de mango, agradecido, que sin
rencor alguno, le prodigas tus mieles generosas envueltas en fibras
color de oro, a aquellos que te lanzan piedras y garrotazos. ¡Palo
de mango!
Maravilloso palo de mango que nunca te chuloneas. A pesar de las
altas temperaturas, siempre conservas tu plumaje de hojas verdes,
con las que cobijas a los que buscan en ti un poco de frescura.
Fruta maravillosa desde muy corta edad, matahambre de pobres, boca
de bolo, deseo de mujer embarazada, mango peche, mango borracho,
mango triste, mango bailarín, mango indocumentado, mango
twist.
A veces no logras llegar ni la pubertad, tierno te cortan y tierno
te venden, acompañado de sal y limón.
Aturran la cara con placer los que te degustan así tiernito
y salivean los que sólo te miran cuado te dan la tronadora
mordida.
Manguito curtido y en curtido. El vinagre te conserva más
tiempo y te da un sabor diferente a mango de olor. Cuando llegas
a tu adolescencia te llaman mango sazón. No estás
maduro, no estás verde, estás como a muchos les gusta,
ni duro ni blandito, sencillamente estás en tu punto: mango
sazón.
El viento, o los nortes como aquí los conocemos, sacuden
tus ramas, palo de mango, dejando tendalada de cipotes verdes en
el suelo, como pericos desmayados, pero siempre guardas tus reservas,
y a pesar de la indiscriminada caída de tus hijos, siempre
te las ingenias para guardar muchos más.
Y entonces viene el proceso de maduración, las mieles ya
están listas, sólo falta el sol, para darle las últimas
pinceladas de color imposible de imitar por los pintores.
Y allí estás en las alturas, en las ramas más
difíciles de llegar, donde ni las piedras más pulsudas
logran derribarte.
La distancia entre ti y el cipote hambriento se hace infinita, y
entre más alta, más codiciada, más seductor,
más apetecible, más maduro, más de oro y más
lejos... Ideal para convertir los sueños del cipote pájaro,
del cipote ardilla o aunque sea de cipote garrobo para alcanzarte.
Llegas a los mercados, te venden por manos, por cientos, por guacaladas
y hasta por costaladas.
También estás en los supermercados elegantes en cajitas
de plástico lindamente decoradas y hasta las tienditas más
recónditas de nuestras campiña, te venden en todas
partes, entero, en rajitas, en colochitos y hasta te empacan como
a Caupolicán. Te adoban con salsa de chile rojo, con alhuashte
y con sal.
La mosca de la fruta deposita en ti sus huevecillos, de donde nacen
los gusanos, tú sirves de medio, pero los gusanos no son
excusa para que los hartones te devoren en silencio y en lo oscuro.
Dejas amarillos los cachetes de aquellos que sin importarles, chupan
hasta la parte más recóndita e íntima de tu
semilla.
En algunas ocasiones te culpan del mal de mayo, más sin embargo
sirves de purgante natural y beneficioso.
Eres la principal fruta en el día de la cruz.
Tienes linaje, abolengo, clase. En todas tus formas, colores y sabores,
siempre eres delicioso mango jade, mango de oro, mango piña,
mango Manila, mango panades, mango cuma, mango plátano, mango
alcanfor, mango mechudo y en especial, el rey de los mangos: mango
indio.
Y cuando tu descartada semilla llega al campo, es cubierta por la
tierra cariñosa que con un poco de humedad te hace germinar.
Y allí estás de nuevo.
Palo amigo, palo bueno, palo noble. Creces entre las piedras, luchas
por alcanzar las alturas y cuando te yergues vigoroso no hay quien
pueda con tu robustez y tu altivez.
Tus ramas secas son combustible para cocinar, y cuando caes por
el hacha inclemente del humano que por tanto tiempo alimentaste,
aún así, tu madera fibrosa sirve para féretro
de pobre que lo acompañará hasta la última
morada. Es por eso que sin duda digo. Bendito palo de mango.
Inserto: El Mango es originario de La India, pero es más
indio salvadoreño que cualquier otra fruta.
¡Que vivan los mangos!
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