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El Salvador en perspectiva
El candidato perfecto

Mario Rosenthal*
El Diario de Hoy
mrelsalv@navegante.com

El candidato perfecto al ser electo establecería como metas aliviar los problemas básicos de los salvadoreños.

El mandatario de un país de régimen democrático necesita el apoyo del pueblo para gobernar con éxito y, para lograrlo, tiene que corresponder dando todo su apoyo al pueblo. Tiene que luchar con todas sus fuerzas a favor del pueblo y oponerse a todo lo que no está encaminado en favor de este.

Pero antes de llegar a la presidencia, tiene que tener el apoyo de un partido político, ya que el Art. 85 de la Constitución estipula que: “El sistema político es pluralista y se expresa por medio de los partidos, que son el único instrumento para el ejercicio de la representación del pueblo dentro del Gobierno”. El artículo 133 de la Constitución limita la iniciativa de ley exclusivamente a los diputados y al Presidente de la República, por medio de sus ministros. Pero todo buen ciudadano puede participar en la vida política del país, siendo activo dentro de un partido e influyendo sobre sus representantes en el gobierno, oportunidad que pocos aprovechan.

De acuerdo con lo anterior, el candidato perfecto tiene que tener el apoyo de su partido para poder dedicar todos sus esfuerzos a favor del pueblo. Sus actuaciones pasadas dentro del partido y en toda su vida política deben atestiguar que siempre ha procedido a favor del pueblo y no de intereses particulares. Si no logra el apoyo incondicional de su partido para la lucha que se propone, rehusaría la candidatura, aunque continuaría colaborando dentro del partido.

En otras palabras, el candidato perfecto sería un hombre (o una mujer) de mucho valor e integridad, probo, desinteresado, honrado, honesto y cabal. Que crea sinceramente que el funcionario público es el sirviente del pueblo y sólo un ciudadano más entre los millones y que no ha sido elevado a un rango superior con grandes privilegios por el hecho de que el destino le haya entregado las responsabilidades del puesto que ocupa provisionalmente, igual que todos los puestos políticos en el mundo democrático.

El candidato perfecto al ser electo establecería como metas aliviar los problemas básicos que afectan a la mayoría de salvadoreños y que lo sienten en carne propia. Asignaría los fondos del Estado a donde más se necesiten, aun los ministros y diputados de no usar carro propio, tendrían que andar en autobús o a pie. Daría prioridad a resolver el máximo problema del país, que es el desempleo, alentando a los capitales nacionales e internacionales a invertir en proyectos de ocupación renovable, fabricar productos de consumo continuo para crear puestos de trabajo permanente.

Apuntaría a la solución de los problemas que señala el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), los más graves del país, cueste lo que cueste. El PNUD señala que el 80% de los adultos y niños no tiene acceso a servicios de salud adecuados ni el dinero para comprar las medicinas requeridas, que el 95% de los niños menores de 10 años no puede leer, que el 20% de la población es analfabeta, que la renta per cápita es tan baja que muchos aguantan hambre, que el 40% no tiene fuentes de ingreso seguro, que el país importa el 30% de los granos básicos, el 100% del aceite comestible, el 50% de la carne y el 32% de los productos lácteos.

El déficit comercial se cuadruplicó entre 1993 y 1998; el 63% de las familias rurales viven en la pobreza, el 81% no poseen agua potable y el 60% de las viviendas no tienen servicios sanitarios; el 92% de los ríos están contaminados y el 80% del territorio está erosionado.

El candidato perfecto es una ficción, pero los datos del PNUD son verídicos. Son las bases necesarias para el desarrollo de un pueblo instruido y de buena salud. Un pueblo indisciplinado, enfermo y sin preparación no puede progresar. Los partidos políticos no le dan la importancia que merecen a estos problemas. Pero cada uno de estos problemas podrían, con las debidas inversiones, convertirse en un haber para el futuro y no una carga para el presente.
*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

 

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