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Orientando
La
salud
Pedro Roque*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
La
salud mental es la que nos organiza y coordina en nuestro ambiente
y a cada uno en sus circunstancias. Tener una buena salud mental
quiere decir estar con ánimos y motivados para afrontar diariamente
nuestros compromisos.
Cuando hablamos de salud, la mayor parte de personas entendemos
que esta palabrita significa no estar enfermo; sin embargo,
el significado, según la OMS, es: el estado de completo bienestar
físico, mental y social, y no sólo la ausencia de
la enfermedad o dolencia.
Entiendo que el estado físico significa que todos los sistemas
que nos mantienen vivos y coleando funcionen bien; es
decir, que la sangre circule por las venas y las arterias sin problemas,
que las conexiones nerviosas entre el cerebro y todas las partes
del cuerpo no tengan corto circuitos o, como se suele
decir, que no se nos haya cruzado ningún cable,
que los alimentos que tomamos se conviertan en lo que el cuerpo
necesita para funcionar correctamente y que el sistema digestivo
funcione bien, también el sistema linfático y los
otros sistemas que componen nuestra maquinita. Por cierto,
en mi concepción sobre lo que es propio y lo ajeno, mi salud
es lo único que considero verdaderamente propio, y en mi
caso personal, sólo mío.
Por esta razón es que en algunos de los seminarios que imparto,
donde tratamos el tema de la salud o el del uso del propio tiempo,
hago frecuentemente alusión a estas dos responsabilidades
indelegables: el cuidado de la propia salud y el manejo del propio
tiempo. Desde mi punto de vista, la manera más fácil
y práctica que se me ocurre para definir la salud es que
uno se encuentra bien de salud cuando puede utilizar
correctamente los cinco sentidos, es decir, ve, oye, olfatea, tiene
sensibilidad en las manos y distingue perfectamente entre los cientos
de miles de sabores que disfrutamos durante toda nuestra vida.
Pensándolo bien, cuando los cinco sentidos funcionan, se
supone que se debe a que el resto de los sistemas que los interconectan
entre sí y con el cerebro también funcionan. De forma
que una señal de alarma primaria sobre que algo anda mal
con nuestra salud física es que sintamos problemas con alguno
de los cinco sentidos. Casi siempre que alguno no funciona bien,
el médico le examina la sangre, los órganos internos
o bien el sistema nervioso. Es decir, lo que normalmente sentimos
son los efectos y el médico es quien analiza las causas para
poder curar, si aún es posible, el mal en su raíz.
La salud mental es la que nos organiza y coordina en nuestro ambiente
y a cada uno en sus circunstancias. Tener una buena salud mental
quiere decir estar con ánimos y motivados para afrontar diariamente
nuestros compromisos familiares, laborales, sociales y otros que
usted haya adquirido. Un asunto que, entre otros, desde hace tiempo
afecta a la salud mental es el estrés con el que cada uno
andamos.
Yo en mi forma quizás un tanto primitiva de entender y asumir
las cosas, desde hace bastantes años y así lo hago
aún quizás equivocadamente, siento que el estrés
es consecuencia de la inseguridad; es decir, de no tener
el conocimiento claro de cuáles son las circunstancias presentes
y cuáles serán las consecuencias futuras de lo que
estamos haciendo nosotros mismos, con nuestra gente o con nuestra
familia, es decir, que no tenemos el conocimiento de los efectos
que tiene o que tendrá en el futuro la manera como estamos
manejando las cosas en las que nosotros podemos influir en estos
momentos.
Por otro lado, está el estrés que nos generan las
situaciones y circunstancias cercanas o lejanas en las que no tenemos
nada que ver con que existan y menos con que dejen de existir y
que directa o indirectamente pueden influir en nuestra vida, en
el funcionamiento de la empresa que dirigimos o en la que trabajamos.
Para el caso, la guerra de Iraq o la neumonía atípica
y otras cosas que están sucediendo a muchos miles de kilómetros
de aquí, pero que pueden tener efectos insospechados de un
día para otro en nuestra economía o situación
de calidad de vida.
Otros asuntos más cercanos y que estamos esperando con buenas
expectativas son los Tratados de Libre Comercio, que seguramente
para muchos serán buenos, pero muchos no son todos, por lo
tanto habrá algunos para los que estos tratados signifiquen
salir de su rutina y, como dicen, ponerse las pilas
para estar a la altura de los nuevos requerimientos de hacer negocios.
Por cierto, lo que tanga que hacer no lo deje para última
hora, y tampoco se deje engañar por inexpertos.
La fiesta parece que ya empezó. Si no lo cree, fíjese
cómo por varios flancos a través de campañas
publicitarias se nos está apelando a bien hecho salvadoreño,
consuma lo propio, o bien: cómprenos a nosotros
que somos salvadoreños y conocemos a nuestros clientes salvadoreños
Volviendo al tema de la salud, la social, entiendo que se trata
a las buenas formas y buenos hábitos de convivencia con nuestros
conciudadanos y las instituciones con las que nos interrelacionamos,
así como también cómo desde los estamentos
gubernamentales se organiza el que la sociedad esté y se
mantenga sana y protegida, mejor de forma preventiva que correctiva,
por medio de las leyes, reglamentos y organizaciones propias o concesionadas
para asegurar la salud social.
Concluyendo
¿Estamos bien de salud?, ¿usted
siente que su estado de salud cumple los tres requisitos?, ¿se
siente bien física, psíquica y socialmente? Si su
respuesta es sí, lo felicito, pues a decir verdad, tomando
como punto de partida esta definición, la interpreto más
bien como un reto, que entre todos debemos tratar de conseguir,
que un estado en el que debiéramos mantenernos.
Sabiendo cuál es la definición, lo que sí creo
que podemos hacer cada uno es preparar nuestro proyecto de
vida personal y sin pretender estar al cien por ciento en
los tres aspectos, por lo menos controlar el físico y el
psíquico para tener deseos de contribuir en arreglar la salud
social en lo que nos corresponde a cada uno.
Cuide su salud, es su responsabilidad
*Ingeniero y columnista de El Diario
de Hoy.
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