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La nota del día
Niños gordos con diabetes

“Lo que antes era una ocurrencia muy rara, niños con diabetes de adultos, se ha vuelto común. Los médicos echan la culpa a dos factores: mucha comida y muy poco ejercicio, temiendo que cuando esos niños sean adultos, sufrirán complicaciones desastrosas…”
Servicios internacionales

En numerosos hospitales de Estados Unidos comienzan a tratarse casos de niños que van desde “regordetes” (chubby) hasta obesos, quienes ya sufren de diabetes 2, dolencia que es frecuente en personas mayores de cincuenta años. Algunos de estos menores están entrando en la pubertad, mientras otros apenas han cumplido seis años.

Los pobres niños se pueden ver por doquier: en supermercados, centros comerciales, parques, en las calles. Su gordura asombra, como la de algunos adultos que les acompañan, sobre todo mujeres. Los menores además parecen estar comiendo y bebiendo de manera incesante, desde golosinas hasta gaseosas, lo que por cierto ha llevado a varias escuelas a prohibir máquinas dispensadoras.

Los médicos, se nos dice, piensan que están al inicio de un cambio en el estado general de salud entre la población, uno que inevitablemente llevará a fallas en los riñones, ceguera, ataques cardíacos y amputaciones, a medida que más y más niños sufran por diez o más años la diabetes. En ciertas regiones de Estados Unidos, la ocurrencia de la enfermedad se ha quintuplicado, afectando sobre todo a niños de familias con problemas de obesidad.

El niño gordo era con frecuencia ignorado, o visto como “normal” para su edad. Padres y madres suponían que al llegar a los doce y trece años, por coquetería iban a cuidar su peso, lo que por desgracia sólo sucede en pocos casos. El gordo cree que nada puede hacer para cambiar y adopta el papel de figura chistosa.

Además no participa en deportes, pues se siente incapaz de competir con otros jóvenes en buenas condiciones, y no hay sitio para el gordo que no rinde lo suficiente. Son pocos los centros escolares que han tomado conciencia sobre la necesidad de tener programas de educación física dirigidos a estudiantes gordos.

Los padres deben velar por sus hijos

En una etapa de su crecimiento, el niño gordo puede darse por vencido y aceptar como inevitable su gordura. Como “gordos” se gradúan de secundaria, van a la universidad y entran a trabajar. Es también usual que busquen de compañero o compañera a otro con similares volúmenes cárnicos, o que una vez casado, el esposo o esposa adopte los hábitos alimenticios del gordo, engordando a su vez.

El fenómeno ha causado alarma entre las autoridades de salud de Estados Unidos, que ven el sobrepeso, o la obesidad, como una nueva epidemia. Los gordos son menos resistentes a las enfermedades y al ser intervenidos sufren de más complicaciones que las personas delgadas, lo que eleva el costo de los tratamientos.

Los gordos, aunque no sean diabéticos, son más propensos a padecer problemas cardíacos, más si fuman o tienen altos niveles de grasa en la sangre. Y una mayoría de gordos lo son desde la niñez, lo que a su vez indica que sus organismos están ya debilitados.

Los primeros responsables en evitar o corregir la gordura de los niños son los padres y también los maestros, que deben inculcar buenos hábitos alimenticios. Por lo general basta que los niños no ingieran bebidas dulces ni carbohidratos para que adelgacen.

 

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