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La
mayor atracción de La Hachadura
En
la frontera de la Hachadura, departamento de Ahuachapán,
lo que más llama la atención son las decenas de triciclos
que transportan a muchos de los habitantes de la zona.
José Osmín Monge
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
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Al llegar a la frontera de La Hachadura
se pueden apreciar estacionados decenas de furgones y camiones
esperando su turno para pasar a Guatemala.
FOTOS EDH/CÉSAR AVILÉS |
Al llegar a la frontera de La Hachadura se pueden apreciar estacionados
decenas de furgones y camiones esperando su turno para pasar a Guatemala.
A menudo, junto a esas moles de metal suelen verse decenas de hombres
manejando con esfuerzo coloridos triciclos. Pero no crea que son
triciclos para niños; los que ahí se ven son utilizados
para transportar de un sitio a otro a muchos lugareños y
a alguno que otro turista.
En una plataforma instalada en la parte delantera de cada una de
esas máquinas viaja la gente cómodamente sentada,
protegiéndose del sol con una llamativa capota. En cada triciclo
pueden transportarse hasta cuatro adultos.
Este singular vehículo cobró auge en esa frontera
hace unos diez años. Fue un grupo de guatemaltecos, residentes
de una población cercana al punto limítrofe, los que
comenzaron a utilizarlo para llevar y traer gente.
En un principio, los triciclos sólo se utilizaban para
llevar cargas, pero después fueron utilizados para transportar
personas, expresa don Narciso Ismael Ávalos, uno de
los tricicleteros guatemaltecos.
Salvadoreños en desventaja
En la actualidad existen dos grupos de tricicleteros en la frontera.
Por un lado están los guatemaltecos, que pertenecen a un
sindicato, y por otro los salvadoreños, quienes trabajan
independientemente.
Los primeros tienen mayores ganancias, ya que el recorrido que hacen
es más largo: desde la ciudad de Pedro de Alvarado hasta
la mitad del puente ubicado sobre el río Paz (y viceversa).
La distancia entre ambos puntos es de un kilómetro.
Desde la ciudad hasta el puente cobramos cinco quetzales por
persona, y desde la aduana de Guatemala hasta ese puente se cobran
tres quetzales, manifiesta el señor Ávalos.
Los de El Salvador sólo hacen viajes desde el edificio que
ocupa la aduana salvadoreña hasta el mencionado puente (aproximadamente
300 metros). Ellos cobran tres colones por persona.
Hace año y medio los tricicleteros de Guatemala llegaban
hasta la aduana salvadoreña, pero se les impidió la
entrada. Después ellos no permitieron que los de nuestro
país llegáramos hasta su aduana. Nosotros los salvadoreños
somos los más afectados por ese cambio, expresa don
Miguel Ángel Castillo.
Ambos grupos se rigen por su propio reglamento y cada tricicletero
debe esperar y respetar su turno de viaje.
Todos los tricicleteros tenemos las mismas oportunidades de
trabajo. Si no respetamos el orden de salida podemos ser sancionados,
expresa don Narciso, quien tiene siete años de experiencia
en ese arduo trabajo.
En total son 50 los triciclos que funcionan al otro lado de nuestra
frontera, y unos 20 los salvadoreños.
De sol a sol
La mayoría de los que se ganan la vida en este trabajo es
dueña de sus propias triciclos; sin embargo, algunos los
alquilan a otras personas.
Nosotros pagamos a los dueños de los triciclos 20 quetzales
diarios. Con este trabajo mantenemos a nuestra familia, dice
el señor Ávalos.
El trabajo de estos hombres comienza a partir de las 5:00 a.m. y
finaliza a esos de las 6:00 p.m. Pero los tricicleteros salvadoreños
concluyen sus labores aproximadamente a las 3:30 p.m., ya que la
afluencia de visitantes disminuye por la tarde.
Según don Gerbert Valter Escobar, otro de los tricicleteros
chapines, la mayor afluencia de personas en la frontera se da los
miércoles y los sábados, ya que esos días en
la ciudad Pedro de Alvarado llegan muchos mercaderes procedentes
de otros lugares.
Hay más movimiento durante las mañanas de esos
dos días, comenta el señor García.
La vida de estos hombres trabajadores transcurre al ritmo de su
incesante pedaleo. Gracias a ellos y a pesar del divisionismo que
hay en el lugar, esos atractivos triciclos seguirán siendo
la mayor atracción de la frontera de La Hachadura.
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