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Desde
Washington
CORRUPCIÓN SIGUE AFECTANDO A C.A.
Marcela Sánchez*
Editorial
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
El
progreso democrático en los países de Centroamérica
ha sido histórico y pacífico, pero todavía
tienen un largo camino por delante
El optimismo ha estado a flor de piel en Washington durante los
últimos días, no sólo por los eventos en Iraq.
Cinco presidentes centroamericanos de Costa Rica, El Salvador,
Guatemala, Honduras y Nicaragua fueron recibidos con brazos
abiertos por funcionarios en esta capital. Estos prometieron un
vigor renovado en su búsqueda del primer acuerdo regional
de libre comercio con Estados Unidos más allá de Norteamérica.
Hace poco más de una década, como lo recordó
el representante Comercial de Estados Unidos, Robert B. Zoellick,
Centroamérica era una región en conflicto, cuya violenta
agitación política era una preocupación principal
en esta ciudad.
¿Cómo se convirtió esa región en una
que mereció reuniones con líderes demócratas
y republicanos del Congreso, empresarios estadounidenses e incluso
una hora de discusiones comerciales con el presidente Bush? Gracias
a años de cambios y, sin duda, a un apoyo oportuno e inequívoco
a Bush en su posición frente a Iraq.
El botín de la guerra no es sólo para los victoriosos.
Aparentemente, aquellos que se aliaron con el ganador tienen también
mucho que obtener. Y aquellos que no lo hicieron deberán
enfrentar las consecuencias.
Ha debido ser el presidente chileno Ricardo Lagos el que por estos
días debió presentarse victorioso en Washington, como
triunfador finalmente en la larga búsqueda para firmar un
acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. En cambio, Zoellick
sugirió la semana pasada que debido a que Chile, como miembro
del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, se negó a apoyar
la posición estadounidense sobre Iraq, la aprobación
final por parte del Congreso del pacto tendrá que esperar
indefinidamente. Y ello a pesar de que mucho antes de que Centroamérica
hubiera empezado sus reformas internas, Chile había emergido
ya como un candidato ideal para dicho acuerdo.
Tras la última batalla en la guerra estadounidense contra
el terrorismo, Zoellick ha puesto en evidencia la más reciente
prueba de cooperación con Estados Unidos, prueba que claramente
afecta la calidad de las relaciones con algunos países.
Es también arriesgada en la medida en que puede demostrar
ser contraproducente. Para aquellos que respaldaron los esfuerzos
de Estados Unidos en Iraq, cumplir con la nueva norma podría
parecer suficiente para ganar el favor de Estados Unidos. El trabajo
real y necesario para asegurar derechos humanos, reforma democrática
y prosperidad para todos -el tipo de esfuerzos que Chile ha estado
haciendo por más de una década- puede parecer menos
urgente.
Tome usted, por ejemplo, a Guatemala, tal vez el caso más
opuesto al de Chile. Este año, Washington determinó
que Guatemala era un pobre aliado en la guerra contra las drogas,
que los derechos humanos se estaban deteriorando en el país
y que estaban aumentando las actividades de grupos clandestinos
vinculados al gobierno, que obstruyen la justicia con amenazas e
intimidación.
Eliminar la corrupción y aumentar la libertad económica,
claves para cualquier acuerdo comercial, continúan eludiendo
a varios de los países centroamericanos. Niveles de corrupción
en Guatemala y Nicaragua se encuentran entre los más altos
del mundo, con Honduras y El Salvador no muy distantes, según
la organización Transparency International. Y mientras El
Salvador, Costa Rica y Guatemala están clasificados como
economías moderadamente libres, según el último
índice de la conservadora Heritage Foundation y The Wall
Street Journal, las de Nicaragua y Honduras son consideradas principalmente
controladas por el Estado.
El progreso democrático en Centroamérica ha sido histórico
y pacífico, pero todavía tiene un largo camino por
delante. En los días inmediatamente posteriores al 11 de
septiembre, Zoellick mismo presentó un poderoso argumento
sobre el comercio como arma potente contra el terrorismo. Haría
bien en recordar sus propias palabras.
El liderazgo de Estados Unidos en comercio puede formar coaliciones
de países que aprecian la libertad en todos sus aspectos,
escribió en la página de opinión del Washington
Post. Otras naciones estarán más dispuestas
a trabajar con nosotros para mejorar los estándares de vida
en su interior si nuestro enfoque es positivo, no intimidante.
Ciertamente, los chilenos estarían de acuerdo con eso.
*Columnista del Washington Post.
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