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Sentido común
ARENAS MOVEDIZAS

RICARDO RIVAS*
Editorial
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Negociar la “paz social” y la gobernabilidad como lo están negociando nuestros diputados refleja un encefalograma plano de la clase política criolla

Ha pasado la convención de ARENA, y el partido oficial tiene un nuevo COENA. Pero ARENA sigue movediza. Lo confirma el discurso del presidente Flores para esa ocasión. Flores llegó a esa convención a demostrar que aún estaba vivito y coleando.

Utilizando el carácter y la fuerza que le confiere su cargo, se dedicó a repartir coscorrones sobre las cabezas de quienes, según él, han sido sus principales detractores al interior de su mismo partido. Y evocó a Judas, y habló de arrepentimientos privados, y de absoluciones, y miró de reojo a varios de los ahí presentes, y les dijo sin decirlo: traidores. De paso, aprovechó para poner nombre y apellido a quienes, desde la lógica presidencial, representan el resentimiento arenero, y los invitó a volver al nido. Luego, el presidente regresó a su esquina, dejando vestidos y alborotados a los que le tenían el requiescant in pace como regalo de Domingo de Ramos.

ARENA está movediza. Su fracción legislativa, para el caso, hierve más que un caldo. Asuntos como la codependencia de la fracción al Ejecutivo, la designación del nuevo jefe de fracción y la selección de los diputados que irán a la junta directiva de la nueva legislatura le suben calor al fogón. Luego, y ya en el término más mediato, ARENA se enfrenta con el reto de escoger, primero, el mecanismo de selección de su fórmula presidencial y, después, a la pareja ungida. Por la ansiedad que hemos visto en los areneros, el tiempo parece ser clave: entre más se tarden, peor será. De tejas afuera, ARENA luce desorientada, y a mí se me hace que sólo la definición de la fórmula presidencial será capaz de alinear tantos sentimientos e intereses encontrados.

Pero también nosotros, los ciudadanos, nos movemos sobre ciénagas enfangadas. Estamos a merced de los políticos. Aquí, los asuntos públicos se están decidiendo, más que en beneficio de los salvadoreños, en función de los compromisos partidarios. Por eso hemos visto cómo se han perdonado millones de colones en multas de tránsito, cómo se va a pagar otra millonada en salarios no devengados a médicos y sindicalistas del ISSS y cómo se continúan negociando los puestos en la nueva legislatura, como quien comercia con guineos. De paso, los políticos nos están enviando un mensaje: Aquí en El Salvador, el método para obtener cosas pasa por el camino de la violencia y el desorden público.

Por eso decíamos que estamos sobre arenas movedizas. Negociar la “paz social” y la gobernabilidad como lo están negociando nuestros diputados refleja un encefalograma plano de la clase política criolla. Han sentado peligrosos precedentes. Que vayan a preguntar qué piensa el médico o el empleado que trabajó cumplidamente durante estos siete meses de huelga en el sector salud. O al ciudadano que pagó sus multas.

Que se imaginen qué ocurriría si un ejército de estos salvadoreños cumplidores de la ley se ponen de acuerdo y se va a tirar panza arriba, a las ocho de la mañana, en medio bulevar del Ejército, o en la Roosevelt, o en La Cuchilla, a protestar por la forma como algunos buseros lo tratan, o, porque cotizando al ISSS, no hay quién lo atienda en su enfermedad.

O se van a tirar morteros de alto calibre a la sede del Colegio Médico. O a pintarrajear de insultos la sede de la AEAS, la ATP o el STISSS. O se toman Catedral. O, en su afán de ser oídos se dedican a marimbear periodistas y policías... A ver, entonces, quién tiene el valor de decirles algo. O de aplicarles la ley -¿qué ley?-. Si la Fiscalía, en todo esto, ha tenido tantos dientes como pelos tenía Yul Brynner.

Todos tenemos intereses y aspiraciones, pero el país no es una jungla de 20,000 km cuadrados en donde cada quien puede protestar o legislar como le dé la gana. Una cosa es el pluralismo, la diversidad, la discrepancia, la negociación política, el cabildeo y la contraposición de ideas y actitudes, y otra muy diferente son los trueques, las garduñas, la violencia social, el desorden público y las movidas.
Si lo que ocurre en las últimas semanas de esta legislatura es sólo el preludio de la siguiente, hemos, todos, comenzado a hundirnos en esas arenas movedizas en las que se hunden los países cuando dejan que los políticos manoseen hasta la hora. Al final, siempre ocurre lo mismo: las cuentas las terminamos pagando los ciudadanos. Vaya negocio, entonces.

*Cirujano dentista y columnista de El Diario de Hoy.

 

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