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Mercaderes
de la salud
Miles
de colones percibidos en concepto de cuotas voluntarias por el patronato
del hospital de maternidad fueron malversados en la compra de regalos,
sobresueldos y congresos médicos. Ésta es una de las
anomalías detectadas por una auditoría del Ministerio
de salud
Ivette Amaya/Javier Ramón
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
18 de mayo de 1999, factura 11384. La joyería El Angel Diamantino
extiende al Patronato Pro Servicio de Salud y Mejoramiento del Hospital
de Maternidad un recibo por 9,152 colones como pago de una estilográfica,
un bolígrafo negro y un roller, lapicero que pinta como pluma.
Los utensilios, de la prestigiosa marca Mont Blanc y con la punta
de platino, son parte de los gastos efectuados por el mencionado
patronato con el dinero que ingresa al hospital gracias a las cuotas
de las pacientes.
Siempre en mayo, y lejos de Navidad, cuando las compras de chompipollos,
manzanas y uvas suponen un gasto superior a los 150 mil colones,
ese patronato desembolsó 155 mil colones en concepto de donación
para el Congreso Materno Fetal y 15 mil para el Día de la
Secretaría.
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Lea además
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Se
tiran la pelota
EN el informe
presentado por el auditor interno del Ministerio de Salud,
patronato y dirección descargan responsabilidades por
los números del año fiscal de 1999
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Cuotas voluntarias, pagos por ingreso, cesáreas,
entre otros, de personas de pocos recursos invertidas, según
una auditoría del Ministerio de Salud realizada a los fondos
propios del hospital de Maternidad percibidos y administrados
por su patronato para 1999, en fines distintos a las necesidades
del centro de salud.
¿Qué puede pensar una madre que se rebusca los 75
colones de una ultrasonografía y le dicen que ese dinero
es para mejorar el servicio y la atención? En realidad, ese
dinero, y el de otros contribuyentes, sirvió para el pago
de boletos para que médicos viajaran a Miami. También
para cancelar las cuentas de celulares de altos funcionarios del
hospital y administración.
Además, las cuotas se emplearon para comprar regalos, uniformes
para un equipo de fútbol y hasta para comprar un carro Toyota
del año 97 (según informaciones de médicos
consultados, para uso del propio director Ricardo Burgos). El auto
fue vendido por ese patronato en 2000 a un particular en 118 mil
colones, según consta en la documentación en poder
de este Diario.
No obstante, el mal uso de los fondos es tan sólo uno de
los 20 señalamientos del informe citado, concluido en marzo
de 2002, y que pone contra las cuerdas la gestión y administración
de las autoridades del patronato de ese hospital, encabezado por
María del Carmen Flores de Rubio, y al director de ese momento,
Ricardo Burgos, actual subdirector de Salud del Instituto Salvadoreño
del Seguro Social (ISSS).
Los gastos en cuestión, entre los que hay bonificaciones
a jefaturas por valor de 59 mil colones, son efectuados con la autorización
del Director, según la administración, y como consta
en la auditoría. De ser así, pues no se pudo comprobar
con el doctor Burgos, en la medida que no quiso hablar, aparece
la figura de la autobonificación. El Director
se recetó un bono de 16 mil 205 colones, seis mil más
que el subdirector, doctor Roberto Selva.
Como consecuencia de estos hechos, una auditoría posterior,
esta vez de la Corte de Cuentas, pone especial énfasis en
el desorden contable. En uno de los puntos subraya el faltante de
tres millones 760 mil colones que no llegaron a la tesorería
del hospital. Luego de la investigación, de los siete millones
de colones que recibe el patronato en concepto de pagos de pacientes
por servicios prestados, sólo cuatro han sido justificados
a la fecha.
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Millonario es también el muestreo de la auditoría
dos millones 679 mil colones en lo que se refiere a
compras de bienes y servicios con valor mayor a 20 mil colones,
donde no se llevaron a cabo los procesos de licitación de
forma adecuada. En concreto se obviaron las correspondientes publicaciones
en los medios de difusión masiva y con ello se irrespeto
la igualdad de oportunidades en este proceso.
Dos suministrantes, el arquitecto Héctor Valencia Ruedas
y Valsa, S.A. de C.V., facturaron en conjunto más de un millón
de colones en obras de remodelación de salas de laboratorio
y partos. ¿Dos? En realidad, uno. El Arq. Héctor Valencia
es uno de los dos socios accionistas de esa empresa y director y
administrador de la misma.
Además, en más de 400 mil colones en concepto de honorarios
por trabajos realizados por ese arquitecto, la auditoría
comprobó que no se le había efectuado la retención
del 10 por ciento del IVA.
En ese mar de irregularidades también navegan los apaños
de compra de servicios con empresas amigas, en lo que la auditoria
define como un conflicto de intereses.
Miguel Ernesto López Granados, director presidente de la
empresa PRINTECH, S.A. de C.V, era también segundo vocal
y tesorero del patronato del hospital. Además, Laura Patricia
Jerez Flores aparece en esa sociedad como tercer director suplente
cuando tenía el cargo de secretaria del patronato cuestionado.
En este río revuelto de intereses e irregularidades, caben
pocas dudas de que las personas que tenían la sartén
por el mango hicieron de la salud y, por ende, del dinero recaudado
un atractivo negocio.
Faltante millonario
La Corte de Cuentas señala que durante 1999 y 2000 más
de siete millones de colones percibidos por el patronato no llegaron
a las arcas del hospital.
Conflicto de intereses
El segundo vocal y tesorero del patronato es, también,
presidente de la Sociedad Printech, S.A. de C.V., que facturó,
al menos, ¢70 mil en 1999.
Licitaciones a medias
El irrespeto al proceso de compra en las licitaciones mayores
y menores pone al descubierto la preferencia por algunas empresas
amigas.
Sobresueldos y regalos
La auditoría señala el uso de dinero con fines distintos
a las necesidades del hospital. Los pagos extra a altos cargos
es sólo un ejemplo.
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