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Recuerdos
de Alemania
La Schaffhausen Strasse No. 3
Luis Sarbelio Navarrete*
Editorial
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Venusberg significa literalmente el monte de Venus
y a la boscosa colina se llega desde Bonn en unos diez minutos por
carretera
La calle Schaffhausen se llamaba así en honor de un médico
alemán. En realidad, casi todas las calles de la residencial
Venusberg tenían nombres de médicos porque frente
a ella se extendía la enorme planicie donde se encontraban
las clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad
de Bonn, que antes había sido un aeródromo militar
durante la Segunda Guerra Mundial, o sea un predio que perteneció
a la famosa Luftwaffe del mariscal Goering. En la actualidad continúan
allí las clínicas universitarias, que ocupan varios
kilómetros cuadrados de extensión.
Venusberg significa literalmente el monte de Venus y
a la boscosa colina se llega desde Bonn en unos diez minutos por
carretera, que incluía entonces un servicio de trolebús
para los estudiantes del área clínica, mientras en
Bonn existían los edificios adonde concurrían los
estudiantes del área básica.
Nosotros vivíamos en esa residencial, destinada, más
que todo, a diplomáticos de nivel medio. Compartíamos
la casa número 3 de la mencionada calle con la familia del
Dr. Pedro Abelardo Delgado, el agregado comercial de la embajada,
que por entonces estaba situada en Bad Godesberg, separada de Bonn,
pero que ahora forman una sola ciudad. La calle cubría una
sola cuadra, más o menos, y por estar lejos de Bonn casi
no recibíamos visitas.
Un día tuvimos la de un salvadoreño que venía
de Grenoble, en Francia. Era el Dr. Abelardo Torres, a quien ya
conocía desde que era un destacado estudiante de Derecho
en El Salvador. Otro día llegó el Agregado Militar,
creo, a nuestra embajada en España y a quien también
conocí cuando era teniente de alta en San Vicente, muy amigo
de mi primo Domingo Augusto Rodríguez, entonces estudiante
de Medicina. Se llamaba Fidel Sánchez Hernández y
falleció recientemente.
Otro día apareció el oficial del ejército Julio
Adalberto Rivera. Lo conocí entonces. Estaba casado con Bertita
Castañeda, hija de don Benjamín Castañeda,
gran amigo de mi padre, a quien visitaba de vez en cuando en San
Vicente, procedente de Guadalupe.
Cuando llegó procedente de Civita Vecchia, en Italia, donde
hacía altos estudios de Estado Mayor, el tema obligado de
esos días era la guerra que libraba Egipto contra las potencias
de Inglaterra y Francia por el dominio del Canal de Suez. Ambos
conversamos casi toda una mañana sobre esa guerra y fuimos
partidarios del Derecho de Nasser, el presidente egipcio, y como
ese apellido suena en español como el verbo nacer,
mucho se hablaba también entonces de El derecho de
nacer, una radionovela que protagonizó con éxito
el estelarísimo Albertico en el país,
otro gran amigo vicentino, el malogrado actor y humorista Guillermo
Hernández.
Otro personaje que llegó a Bonn fue el Dr. Álvaro
Magaña. Llegó en una gira con su esposa, Concha Marina
Granados, gran amiga de mi hermana Alicia, y una hermana suya. Yo
lo conocí hasta entonces siempre en la Schaffhausen 3 y conversamos
bastante en esos días. El era muy amigo del Dr. Rodrigo Raymundo
Pineda, quien estudiaba en Bonn sobre aspectos penitenciarios del
Derecho. Él y el Dr. Magaña, quien residía
en Italia, sostenían una correspondencia muy animada, y Raymundo
me daba a leer sus cartas personales.
En Venusberg y Bonn, tuve la oportunidad de conocerlo mejor y saber
más de sus opiniones políticas. Los Magaña
andaban turisteando y estuvieron en Bonn poco antes de embarcarse
en el transatlántico italiano Andrea Doria, que
naufragó en su viaje de retorno cerca de Nueva York, salvándose
milagrosamente.
Algunos se preguntarán el porqué de estos recuerdos.
La respuesta es una. Si algún día se escribe en Alemania
la historia de la Schaffhausen 3 de Bonn-Venusberg, tal vez el historiador
mencione que entre sus paredes estuvieron, allá por 1956,
nada menos que tres ex presidentes de la República de El
Salvador, un ex ministro de Economía y un ex presidente del
Banco Central. Y que -sobre todo los ex presidentes- jamás
imaginaron entonces, porque así es, que llegarían
a ocupar tan altos como honrosos puestos en la historia del Siglo
XX en Centroamérica.
* Dr. en Medicina.
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