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Nadie
conocía su nombre
Indigente muere en una acera de capital
Medicina
Legal recogió el cadáver del infortunado y lo etiquetó
como desconocido, a la espera de que lleguen sus parientes
Jaime García
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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| La muerte sorprendió a un indigente
cuando pedía limosna frente al Parque Infantil. La gente
lo esquivaba al verlo. Foto: EDH/Lizette
Moreno |
Nadie lo vio morir, a pesar de que se encontraba sentado suplicando
por unas monedas en la acera de una concurrida parada de autobuses,
en pleno centro de San Salvador.
El limosnero, de ropas raídas y sucias, de larga barba blanca,
calvo y de unos 80 años, murió entre los apresurados
pasos de la gente que, como en toda gran urbe, camina sumida en
sus problemas.
El cuerpo del indigente quedó en la acera de la 9a. Calle
Poniente, frente al Parque Infantil, a unos pasos del monumento
erigido en 1893 a la memoria de los mártires de la
patria.
Un vendedor informal que trabaja en la zona se percató de
que el anciano tenía perdida su mirada y parecía
dormido.
El jugo de naranja que una mujer desconocida le compró minutos
antes de morir casi estaba lleno.
Alguien habló al Sistema de Emergencias 911, de la Policía
Nacional Civil, para informar que un indigente se encontraba enfermo
en la acera.
Una ambulancia policial con cuatro agentes enfermeros acudió
de inmediato al llamado.
Los enfermeros tomaron los signos vitales del infortunado indigente.
Ya está muerto, dijo uno de los paramédicos.
Desconocido
¡Se murió el viejito!, ¡Que
Dios lo reciba en su santo seno!, ¡Aunque sea
deberían de acostarlo!, comentaban personas que se
detenían a ver el cuerpo.
Las personas consultadas sobre la identidad del indigente dijeron
conocerla.
Israel López, un vendedor de relojes, contó que el
viernes anterior el anciano se encontraba sentado en el lugar que
ocupa para vender, por lo que le dijo que lo movería a la
sombra.
Desde ese día no se movió de ese sitio hasta
que murió, lamentó López.
Mario Calderón, un vendedor de guineos, aseguró que
él alertó el miércoles a un policía
para que llamara a la Cruz Roja porque el indigente se veía
enfermo.
Pero el policía sólo le dijo: ¡Es un bolito!.
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