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La boda más esperada
Los preparativos se realizaron durante años, en el más
estricto sigilo. Por la importancia de los involucrados se había
decretado secreto de Estado.
Luis Laínez
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com
Ahora,
en la Comarca, no se habla de otra cosa: ¡la Dama de las Manos
Azules está dispuesta a ser la consorte legítima del
Caballero Tricolor!
El anuncio fue como quien no quiere la cosa. El Regente de la Dama
lo presentó como algo muy sencillo.
Se trata de unir las fortunas de dos de las principales familias
nobles de la Comarca para enfrentar la creciente fuerza del Barón
Rojo, sobre todo porque el próximo año vence el período
del Gran Maestro del Trópico.
Los más suspicaces dicen que algunos preparativos de la boda
estuvieron a la vista del observador inteligente, como aquella vez
que, aparentemente, olvidaron sus diferencias y pararon la suspensión
de los contratos, producto político de la rebelión
de los curanderos.
- Usted no me lo está preguntando, Eladio, pero yo le digo
que las peleas entre la Señora Azul y el Caballero de los
Tres Colores no eran ciertos.
- ¿Por qué lo dice, Zeledón?
- Mire, a todos nos hicieron creer que estaban peleados, distanciados,
pues. Y que la Dama de las Manos Azules había fijado su mirada
en el Barón Rojo. Era sólo una estrategia.
- ¿Sólo era para darle chile al Caballero Tricolor?
- No tanto por los celos. Era para mostrarle de lo que se estaba
perdiendo. ¿O acaso usted no se dio cuenta de la enorme influencia
política que lograron las huestes del Barón Rojo cuando
se sumaron a las hordas de la Dama de las Manos Azules?
En secreto, las doncellas de ambas familias han tejido el ajuar
de la novia.
El lienzo lleva hilos de oro, de papel moneda, de prebenda (un tipo
de lino finísimo oriundo de la Comarca) y de reparto.
Las bebidas para la celebración de la unción matrimonial
fueron escogidas por el más conocedor de la nobleza azul:
Sir Mericknoll.
De hecho, él acompañó al Regente cuando éste
anunció la disposición de la Dama de las Manos Azules
de desposar al Caballero Tricolor.
La dote, en esta ocasión, deberá correr por parte
del futuro marido.
Hace casi dos décadas, la Dama vio con horror cómo
disminuyó toda su hacienda cuando unieron sus estandartes
en una batalla por las comunas.
Ahora llega altiva a exigir un trato de emperatriz. Y está
en todo su derecho.
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