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Orientando
Madres ejemplares
YANIRA SOUNDY*
El Diario de Hoy
Yanirasoundy2001@yahoo.com
Días atrás me conmovió ver a una madre cargar
en hombros a su hija inválida de aproximadamente quince o
dieciséis años. Esta mujer representa -para mi forma
de pensar- un ejemplo de amor y sacrificio, coraje y dignidad.
¿Cuántas mujeres sufrirían en carne propia
el dolor físico de trasladar de esta manera a sus hijos enfermos?
De seguro muchas. Pero, lamentablemente, no todas.
Pues existen madres que priorizan su bienestar físico y emocional
sobre el bienestar de sus hijos. Así lo podemos observar
en las rupturas de parejas donde los hijos son abandonados por sus
madres, o casos en los cuales la madre coloca en el primer peldaño
de sus intereses al hombre con quien tiene una relación marital,
olvidando su papel de madre.
En lo particular, respeto la decisión de cientos de mujeres
que prefieren abandonar el nido y vigilar de lejos la
crianza y educación de sus hijos, pero no entiendo ni comparto
esta forma de pensar.
Las mujeres somos el primer modelo de amor con que se enfrentan
los niños, no obstante los cambios culturales que han ocurrido
en nuestro país en los últimos veinte años.
De modo que podemos observar cómo las mujeres que trabajamos
fuera de casa para mejorar el nivel económico de nuestras
familias, debemos dejar a nuestros hijos en guarderías y
niñeras que prestan sus servicios ocho horas al día,
en ocasiones antes de que cumplan dos años.
Pero al llegar a casa, debemos diseñar actividades de aprendizaje
para asegurarnos de que los niños están obteniendo
experiencia en interacciones sociales positivas, y brindarles en
el tiempo que podemos estar reunidos, la seguridad, el amor y la
confianza tan necesarios para su desarrollo emocional.
La comunicación entre las madres y los hijos tiene un gran
valor en la autoestima del adolescente e influye en su conducta
social. Por citar un ejemplo: un experimento con ocho macacos rhesus
de seis meses, donde cuatro fueron asignados a una condición
de aislamiento y los otros cuatro a una de control.
Durante las primeras semanas, fueron separados de sus madres mediante
redes de alambre que permitían el contacto físico
en forma limitada. Después, la red de alambre fue sustituida
por paneles de plástico transparente, que impe- dían
el contacto de los monos con sus madres.
Por último, cada mono aislado fue totalmente separado de
su madre. En cada período sucesivo de dos semanas se observaron
protestas y desesperación de los monos. Los monos dejaron
de jugar. Los experimentadores concluyeron: que el sentimiento de
seguridad proporcionado por la madre es un requisito imprescindible
para el juego de estos animales.
Para finalizar esta reflexión, es importante señalar
la importancia de la familia para los hijos; se debe recordar que
es el primer agente de sociabilización con que se enfrenta
el menor.
Los centros de enseñanza preescolar, las guarderías
y las niñeras también han adquirido parte de ese papel.
Pero es la familia la que sigue siendo el factor principal y persuasivo
del desarrollo social de nuestros hijos.
*Lic. en Derecho.
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