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Palabras
Todos cuesta arriba

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Subir, destino del hombre... De hecho, su ascensión evolutiva se dio primeramente en su anatomía: El homo erectus

A donde llega el hombre altera el medio ambiente e infecta la ecología con sus desechos tanto físicos, químicos, orgánicos como morales.

Yo comparo el alto del monte Everest con la vida. Todos andamos allí, luchando, subiendo cuesta arriba. Es destino de las especies subir a los planos superiores, y de ahí surge la ley de la evolución, demostrada por los grandes naturalistas antiguos y modernos.

Subir, destino del hombre... De hecho, su ascensión evolutiva se dio primeramente en su anatomía: El homo erectus. La prehistórica columna dorsal de este “hombre erecto”, antecesor de la raza, se irguió al universo. El vertebrado mamífero, nieto de las therápsidas, se alzaba a la luz como una espiga...

Muchos de igual manera, en los grandes templos del poder, del arte, de la religión, de las ciencias, logran subir con su esfuerzo tenaz el monte de su vida cotidiana...


Día a Día

El argumento de que incrementando el salario mínimo, o los salarios en general, se “eleva el poder adquisitivo” es el mismo que esgrimen los partidarios de inflar la moneda. Según estos, al existir “mayor demanda”, por fuerza habrá una mayor producción. Pero a lo largo del Siglo XX, la centuria de las inflaciones, se demostró lo contrario.

El argumento recuerda lo de levantarse uno mismo tirando hacia arriba de la silla donde estamos sentados. Pues sería más que suficiente incrementar en forma regular los salarios para que en igual manera se vaya incrementando la producción. El problema es que no se puede separar producción de consumo, o para decirlo en otras palabras, el consumo corresponde a una determinada producción.

El consumo de Juan es equivalente a lo que Juan produce, y el consumo de un conglomerado tiene que ser básicamente igual a lo que ese conglomerado produce en bienes y servicios, y lo que obtiene del intercambio con otros países. En esencia no podemos consumir lo que no hemos producido, a menos que nos hagan un regalo, o llueva maná del cielo.

 

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