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Palabra divinas en labios inocentes
A
sus 12 años, Ernesto Hassan López se ha convertido
en predicador católico. A través de sus palabras transmite
a niños y a adultos la Buena Nueva.
José Osmín Monge
El Diario de Hoy
FOTOS EDH/MARITZA SANTOS
vida@elsalvador.com
Al nacer Ernesto Hassan, Dios lo colmó con los dones del
discernimiento y de la palabra. De eso están seguros él,
su familia y todos los que le escuchan predicar.
A su corta edad ha comenzado a cosechar y a producir los frutos
de sus dones, que se reflejan día a día en su comportamiento
y en sus mensajes.
Acompañado de su Biblia y guiado por el poder del Espíritu
Santo, este singular niño ha tenido la facilidad de dar a
conocer la Palabra de Dios a los miembros de la Parroquia Jesucristo
Sumo y Eterno Sacerdote, a la cual él pertenece.
Con voz firme y absoluta seguridad transmite sus prédicas
infantiles, las cuales son entendidas por quienes las escuchan.
Con el Espíritu Santo
En su vivienda, ubicada en la residencial San Pedro, al norte de
la capital, escudriña todos los días las Sagradas
Escrituras y extrae de ellas las palabras que hacen más eco
en su corazón, luego las analiza y las aplica en su quehacer.
Pequeñas frases y versículos enteros de la Biblia
son retenidos en su mente, luego las emplea en sus predicaciones.
Hace unos años yo creía que era imposible hablar
en público, pero Dios me ha dado la dicha y el valor de hacerlo,
expresa Ernesto Hassan, un niño de facciones finas, en cuyo
rostro sobresalen sus grandes y vivaces ojos y sus francas sonrisas.
Fue un 24 de noviembre del 2001 que él tuvo su primera presentación
ante un público grande. Ese día, en la pequeña
iglesia cercana a su colonia, un grupo de feligreses escuchó
en boca del niño un mensaje relacionado con la unidad familiar.
La elocuencia del menor cautivó de inmediato la atención
y el asombro de la gente.
Antes de predicar tuve mucho miedo; mi cuerpo temblaba y mi
voz se me iba, pero después de una oración, el Espíritu
Santo actuó en mí y me ayudó a salir adelante,
comenta el pequeño evangelizador.
Después de esa ocasión llegaron otras, entre ellas
la presentada el año pasado en una asamblea dirigida sólo
por niños. Esa vez no sólo demostró sus dotes
de predicador, sino también sus habilidades para el canto.
La última presentación del pequeño predicador
ocurrió hace dos semanas, exactamente en el Vía Crucis
realizado en el sector donde vive. A él le correspondió
meditar y predicar la XII estación.
Niño carismático
Ernesto Hassan no sólo se caracteriza por su facilidad de
expresión, sino también por la simpatía, el
carisma, la extroversión y por su inmensa capacidad para
amar y ayudar a los demás. En su casa es un niño que
no da mayores problemas, y en su escuela es un alumno ejemplar.
Él estudia séptimo grado en la Escuela San Alfonso,
de Mejicanos.
Mientras permanece en casa se dedica a ayudarle a su abuela Esther
en los quehaceres. También le gusta jugar y ayudarle a Hamed,
su hermano menor.
Mi abuela, mi madre y el Espíritu Santo son mis mejores
consejeros. Ellos me orientan en todo momento, manifiesta.
El deseo de seguir perseverando en el camino del Señor está
vivo en Ernesto. Sus actos de bondad y de obediencia tan testimonio
de ello. La gente que los escucha queda asombrada y alimentada con
los mensajes que él les proporciona y aseguran que es Dios
el que se manifiesta a través de las palabras de este excepcional
niño.
El padrecito
Fue la madre de Ernesto Hassan quien quien motivó a aventurarse
en el mundo de la predicación. Un día ella lo llevó
a un curso para predicadores (realizado hace dos años en
la parroquia a la que él acude).
En una de las clases de la capacitación, el instructor le
preguntó al pequeño cuál era la profesión
que a él le gustaría desempeñar cuando fuese
grande. El niño, sin pensarlo dos veces, contestó
que su mayor anhelo era convertirse en sacerdote. Desde ese momento
el chico fue bautizado con el sobrenombre de el
padrecito.
Cuando sea grande quiero ser religioso. Ojalá que mi
deseo se haga realidad, aunque acepto la voluntad de Dios,
manifiesta el niño, con absoluta seguridad y confianza.
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