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La
tragedia que provocó el alcohol
Eran
muy amigos, casi familiares. El fallecido era el hermano de la novia
de José Guillermo, ahora detenido, una persona que siempre
le ayudó.
Alberto Fernández Salido
Especial para El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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| Las muertes violentas en España se
están convirtiendo en algo usual. El incidente 21 fue
diferente por la víctima.Foto:
EDH |
José Guillermo, de 27 años, vino hace nueve meses.
Le buscó empleo su madre, una mujer salvadoreña que
en San Salvador había trabajado limpiando en la residencia
del embajador español. Una vez asentada en España,
encontró para él un trabajo en la floristería
de un hospital madrileño.
Su jefe estaba encantado con José Guillermo. De domingo a
domingo, de 8:00 de la mañana a 8:00 de la noche, y le pagaban
150,000 pesetas (a 416 pesetas cada hora). Era puntual y cumplidor
por un precio de risa.
La compañía
A los dos meses de su llegada, José Guillermo convenció
a su novia, María Rosa, para que le hiciera compañía
y cruzara el Atlántico.
Ella encontró un empleo en la primera semana. Cuidaba los
hijos de un matrimonio (ella, abogada), planchaba, cocinaba y limpiaba
las tres plantas del chalet en el que vivían, en el distrito
de Chamartín. De lunes a sábado, de 9:00 de la mañana
a 9:00 de la noche, por 90,000 pesetas (a 288 pesetas cada hora).
Al acabar el día, José Guillermo y María Rosa
llegaban baldados a casa, con las fuerzas justas para cenar, ver
un poco la televisión y contarse sus cosas. Eso no era vida
para ellos, decían. Volverían a El Salvador cuando
terminaran de pagar las deudas de los billetes de avión.
Era comprensible. La vida en ese quinto piso sin ascensor, de pocos
metros cuadrados y muebles que se aprietan bajo una tenue luz amarillenta,
era limitada. La única lámpara del salón tiene
fundidas tres de las cinco bombillas. El único brote de color
lo pone un Roberto Carlos a escala real que cuelga de la pared.
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