Turismo
 
Inicio del Sitio Lunes 7 de abril
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

Alcohol hizo perder la calma
Salvadoreño víctima de violencia en España

Mientras César Milton falleció por el cuchillo que José le clavó en el abdomen, otra víctima no supera la tragedia

Alberto Fernández Salido
Especial para El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Empleados de una funeraria en Madrid, trasladan el cuerpo del inmigrante salvadoreño que murió a inicios de marzo.Foto: EDH/Cortesía: Paco Toledo

Nos estamos acostumbrando a contar las muertes violentas en Madrid desde la distancia de la cifra y la estadística. La víctima 21 murió hace unas semanas, cuando terminaba el sábado 8 de marzo. Era un salvadoreño recién llegado a Madrid que se pasó de tragos. Lea aquí la absurda historia de su muerte.

El muerto número 21 era salvadoreño, llevaba tres semanas en España y tenía una entrevista de trabajo al día siguiente de su fallecimiento.

Se llamaba César Milton Mejía Reglero, había cumplido 32 años y si ahora se halla a la espera de autopsia se debe, en parte, a que la noche de aquel sábado le perdió la cerveza.

La víctima nunca es culpable, según reza en los manuales clásicos de criminología. Sin embargo, ese día su ebriedad se le volvió en contra hasta sacarle los diablos, forzando que los hechos se desencadenaran para su desgracia y convirtiendo la habitación donde horas antes había comido naranjas, en ese espacio tétrico que la Policía precinta bajo el lema «escenario del crimen».

Lo insólito

La muerte violenta número 21 del año en curso, tuvo algo de inhabitual respecto a las anteriores. Es raro e infrecuente que un salvadoreño muera en España de forma violenta. Primero, porque los habitantes del pequeño país centroamericano «el Pulgarcito de América» casi siempre emigran a Estados Unidos. Está más cerca y es más barato ese destino que Europa, y las más de las veces, más rentable (aunque tengan que lavar platos, limpiar cristales o hacer camas, condenados a oficios separados del público). Segundo, porque el salvadoreño que cruza sus fronteras es trabajador diligente, abnegado y constante, y huye de armas, drogas y otros chanchullos que son patrimonio de otras nacionalidades más fieles a la delincuencia. Lo saben en Houston, Nueva York y Washington: los hermanos ricos del norte prefieren la mano de obra salvadoreña, por encima incluso de la mexicana y la hondureña.

César Milton llegó a Madrid en vuelo de Iberia como turista, tres semanas antes de su muerte. Quería instalarse aquí, mejorar una biografía hasta entonces gris de mensajero mal pagado y otros oficios sin gloria.

Venía invitado por sus compatriotas José Guillermo Beltrán y María Rosa, que le habían buscado la entrevista de trabajo en una floristería y le daban cobijo y comida en el piso alquilado que compartían con cinco ecuatorianos en el distrito de Puente de Vallecas.

Inicio del final

La noche en que todo se torció, José Guillermo llegó débil. No había comido apenas en dos días por culpa de una gastritis que le tenía a merced del vómito y la diarrea. Abrió la puerta de casa y se encontró a César Milton bebido.

- Hey, culero (maricón, en Centroamérica), toma (bebe) conmigo.
- Empezaron los problemas. José Guillermo acabó también bebiendo cervezas. Cuando se terminaron, bajaron a comprar más. César Milton siguió metiéndose con él, buscándole las vueltas. Le decía que era tonto por trabajar tanto y vivir poco. Llegaron empujones y frases hirientes como puñales. María Rosa intentó separarles, zarandeada entre los dos.

 

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal