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Don
Meme, con sus lupas vende sueños
Cada
quien vende lo que puede. Entre esos delantales y maletines se esconden
historias de vendedores que dependen de ese trabajo para vivir
Óscar Tenorio
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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| Por debajo de la pasarela también
están instalados vendedores informales, ellos igual pagan
una cuota. Foto: Arturo Silva |
Don Meme confiesa que se salió del Zoológico porque
no soportó semejante encierro y tan precario trato. Sonríe,
muestra su curtida dentadura y aclara: No es que estuviera
allí exhibiéndome como un animalito, sino que dejé
de trabajar por el salario muy bajo que me pagaban.
De eso hace ya unos cuatro meses. Además de recibir un salario
mínimo, de pagar sus propios uniformes y de escapar en más
de una ocasión de los iracundos monos, que no se cansan de
fastidiar, Manuel Flores deambula desde entonces por las principales
calles de la capital.
Todas las mañanas se coloca en las gradas de la atestada
pasarela que cruza el bulevar del Ejército y que da con la
Terminal de Oriente. Vende lupas made in China. Las
tiene de todos tamaños.
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Lea además |
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Una pasarela que
sirve de mercado
La pasarela situada sobre el bulevar del Ejército Nacional,
aledaña a la Terminal de Oriente es única en
el mundo. Miles de ciudadanos dejan a diario su huella sobre
esa estructura que al final, también es utilizada por
mercaderes del sector informal
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Lleve las lupas para que descubra los billetes falsificados,
lea las listas de la lotería, véale las patas a las
hormigas, para los que ya no mikey (ven). Así
les digo para que se interesen, susurra este hombre, quien
a sus 68 años, se considera joven.
Muchos pasan sin volverlo a ver. Van de prisa, llevan a sus hijos
entre sus brazos o un gran maletín en sus hombros. Se dirigen
a las distintas ciudades del oriente y el norte del país.
Antes de que pasen por donde está don Meme, los apresurados
viajeros ya se han cruzado toda la pasarela, que más bien
parece un mercado aéreo. En ese pequeño microcosmos,
en el que conviven las necesidades, las miserias y las esperanzas,
se vende toda clase de artilugios.
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| Como un mercado, cada vendedor tiene delimitado
su puesto, por el que paga una cuota y así tener derecho
a vender. Foto: Arturo Silva |
El túnel
Tan sólo basta subir la primera grada para encontrarse con
el primer negocio de ropa, vestidos para niñas, ropa interior
para mujeres, camisas para caballeros. Todo cuidadosamente colocado
bajo un modesto plástico negro.
Más adelante está la venta de galletas, dulces, cigarros
y agua para los sofocados. En la otra esquina florece la microferretería:
tenazas, destornilladores, baterías para electrodomésticos,
calculadoras. Todo a dólar. En fin, un túnel recubierto
con plásticos y cartones para cuidarse de los rayos solares
y de las malas miradas.
A pesar de que es un primerizo en las artes de la venta, don Meme
ya maneja trucos. Si la persona vuelve a ver más de
una vez la lupa, la compra, segurísimo. Por eso los sigo.
Dicho y hecho. Justo en ese momento, se cruza una mujer menuda,
que ve de reojo la lupa. Don Meme se la ofrece, mientras ella únicamente
hace una sola pregunta: Es que no veo bien, ¿cree que
me ayuda a leer?. El vendedor la convence y ella la compra
por un dólar.
En menos de 30 minutos, don Meme ha vendido cuatro lupas. El dinero
le sirve para mantener a su compañera de vida y un hijo,
que está un poco grandecito. Es el único
que tiene, pues, su hija murió en Chalatenango en un accidente
hace algún tiempo.
Todos los días viaja desde la populosa San Martín,
ubicado al oriente de San Salvador.
A pesar de su sencillez, está al tanto de los principales
acontecimientos del país y del mundo, de la pasadas elecciones,
de las pandillas y de la guerra en Iraq.
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