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Sobre
la guerra contra Iraq
SORPRESAS, PREGUNTAS, TEMORES
Luis Fernández Cuervo*
e-mail: lfcuervo@tutopia.com
Son
muchas las sorpresas, preguntas y temores que nos aguardan y amenazan,
a todos y en todo el mundo, con esta maldita guerra
Conforme pasan los días de esta maldita guerra del Iraq
me lleno de sorpresas. Aparecen cosas que se aclaran y cosas que
se oscurecen. Se despejan algunas incógnitas, pero se abren
nuevas preguntas y se van perfilando nuevos temores.
Me sorprende que lo que supo ver hace tiempo un simple columnista
de diario de un pequeño país, como es mi caso, recién
lo estén descubriendo ¡ahora! los altos mandos militares
de Estados Unidos: que esta guerra puede ser más difícil,
más larga y más costosa que lo que habían pensado
en un primer momento. A pesar de todo su alto equipo de expertos
militares, politólogos, sociólogos, espías,
etc., con sus voluminoso informes y cálculos previos, resulta
que las primeras previsiones de un rápido paseo militar,
con pocas bajas y un fulminante desplome del gobierno de Hussein,
estaban equivocadas.
En mi artículo del 24 de marzo (Si los Estados Unidos
no ganan esta guerra
) planteaba: ¿Qué
pasa si optan por una lucha desesperada, calle a calle, casa a casa,
dispuestos a morir peleando antes que rendirse?. También
ahora, para el ejército norteamericano, es un descubrimiento
reciente. Ya comienzan a darse cuenta de que Hussein será
todo lo malo que quieran, pero no es nada tonto, y su ejército
no va a ir a la lucha frontal de ejércitos, sino a una guerra
de guerrillas, donde las ventajas son para los defensores guerrilleros
y no para el ejercito atacante.
El 14 de octubre del año pasado, en mi artículo Los
zancudos no se matan a cañonazos, yo deseaba que no
llegara a haber guerra y que, si eso ocurre, puede ser la
mayor equivocación que pueda ocurrírsele al presidente
Bush. Y ello porque desequilibraría toda la situación
del mundo árabe, produciría serios problemas internos
a los gobiernos islámicos que mantienen buenas relaciones
con EE.UU., aumentaría el número de los musulmanes
intransigentes contra todos los no-islámicos y, en definitiva,
el terrorismo de Al-Qaeda saldría fortalecido, aunque EE.UU.
ganara rápidamente la guerra contra el Iraq de Sadam Hussein
y lo consiguiera con el menor número posible de víctimas
civiles.
Ahora pienso que Bush quiere, muy conscientemente, desequilibrar
el mundo árabe. Son muchos los síntomas de que lo
que se propone en realidad es nada menos que un reordenamiento de
todo el Oriente Medio mediante una ingeniería político-militar.
No está atacando a Sadam porque haya descubierto que es felón
y malandrín y que don Quijote-Bush debe acudir presuroso
a desfacer sus entuertos y liberar sus cautivas princesas,
ni porque tenga armas de destrucción masiva -también
Israel las tiene-, ni porque pueda emplear esas presuntas armas
contra EE.UU. -aunque sí podría emplearlas contra
su ahijado Israel-, ni porque necesite su petróleo para él
mismo aunque sí para usarlo como poder contra Francia,
Alemania y otros europeos que sí se abastecen grandemente
del petróleo iraquí-.
Da mucho que pensar que sea el judío Robert Kagan uno de
los principales mentores de la actual política exterior norteamericana
por sus ideas reflejadas en su libro EE.UU. y Europa en el
nuevo orden mundial, y en artículos en el Der
Spiegel alemán y en El País español,
donde dice que los europeos viven en la ilusión de
que se puede hacer política internacional sin militares ni
poder.
Europa es débil
cree poder
solucionar todos los conflictos con una especie de política
de negociación poshistórica y multilateral.
En cambio, según Kagan, EE.UU. tiene una visión como
la del pensador inglés del siglo XVII Thomas Hobbes: El
hombre es un lobo para el hombre, en donde todos luchan
contra todos y no se puede fiar de reglas internacionales ni del
derecho internacional público.
Estaría, pues, muy de acuerdo con esta visión pesimista,
cínica, descarnada y arrogante, lo que añade Robert
Kagan: Desde un punto de vista estadounidense, un orden internacional
sólo puede tener un centro, EE.UU., y no el Consejo de Seguridad
de la ONU. Más sombrío es lo que Paul Wolfowitz
dijo en el Instituto Washington, de financiación israelí:
una vez derrocado el gobierno de Sadam, los palestinos estarían
obligados a aceptar el tipo de paz que les propusiera el gobierno
de Sharon. Otro pensador norteamericano, Joseph S. Nye, decano de
la Kennedy School of Governement (Harvard University), ve con preocupación
el peligro de una política exterior que combina unilateralismo,
arrogancia y provincianismo.
Son muchos los temores que este nuevo estilo imperial despierta
dentro del mismo EE.UU. y, por supuesto, en Europa y en todo el
mundo árabe. Y en cuanto a preguntas inquietantes, cada vez
se multiplican más. Sadam liberó a las mujeres de
Iraq de los estrechos márgenes sociales del islamismo puro.
Cuando él caiga, ¿cómo quedarán los
derechos de las mujeres?, ¿como en la Arabia Saudí?,
¿como en Irán? Sadam mantuvo respeto y libertades
para las minorías cristianas de Iraq. Después de él,
¿qué pasará con esas minorías cristianas?,
¿serán respetadas también por un gobierno sunita
o chiíta? Bush ya les está riñendo y gruñendo
a Irán y Siria. ¿Estaría dispuesto a ampliar
la guerra contra estos dos países? ¿Estados Unidos
sigue siendo una garantía de orden mundial, o el principal
peligro y el peor desestabilizador para todos los demás países?
Son muchas las sorpresas, preguntas y temores que nos aguardan y
amenazan, a todos y en todo el mundo, con esta maldita guerra. Pero
ya no se puede parar, como proponen los hipócritas y falsos
pacificistas, porque eso sería fatal en primer lugar para
los iraquíes. Sólo cabe esperar y rezar por el mal
menor y que Dios sepa sacar de estos males, bienes, pues Él
sí sabe escribir derecho con renglones torcidos.
*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy.
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