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Molotov: Densos y eróticos

Una vez más, Molotov venció al mal sonido y dejó un concierto-bomba para todos -o casi todos-los gustos

Enrique Lopetegui
Estados Unidos
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com

El miércoles por la noche en el Palace, Molotov -la banda más poderosa del rock mexicano- presentaba oficialmente su nuevo disco, Dance and Dense Denso (Surco/Universal).

Como es habitual, Molotov no esperó mucho para “hacerle al eslam”. Inmediatamente arrancó con la canción que da nombre al album y la multitud -que ya había hecho precalentamiento con Rumble Fish- inició uno de los slams más feroces de la historia del Palace.

Siguiendo a mil por hora, Molotov continuó con Nostradamus mucho, también incluida en el nuevo disco, y la línea “que los ex presidentes devuelvan la lana” fue la primera alusión política en una noche sorpresivamente controlada.

Le bastó sólo dos canciones a Molotov para confirmar que, debajo de la onda erótica (o directamente sexual) y las malas palabras, se encuentran cuatro de los mejores músicos del rock latino. Cuando cuatro músicos se juntan con un muy buen equipo de producción, es ahí cuando la magia ocurre.

Para este concierto, Tito invitó al escenario “al maestro Gustavo Santaolalla”, productor del debut ¿Dónde jugarán las niñas? (1997) y el tercero, que estaban presentando esta noche.

Santaolalla, luciendo una playera con la leyenda “Ser naco es chido” hizo los coros en Queremos pastel y demostró que, pese a sus 52 años, estaba listo para sumarse al “eslam” que ocurría pocos metros más abajo del escenario.

Sin embargo, ni la presencia del “Gran Productor” pudo disimular una realidad que al público no pareció importarle: el sonido estaba lejos de ser bueno.

Una lástima, porque Molotov -a diferencia de la banda promedio de hardcore/metal de por ahí- es un grupo con matices, musical y artística y líricamente arriesgada.

Cuando Santaolalla bajó del escenario, el público empezó a gritar el título de su más conocida canción “¡Puuuu- to, Puuuu- to!”, pidiendo lo que sigue siendo el tema más popular del grupo. Tito aprovechó para un toque humorístico: “Se llama Gustavo.... No lo despidan así”.

Comienza la acción

Frijolero, el éxito del momento, dio lugar a la segunda rotación de la noche: Huidos ahora en la batería, Randy y Paco en guitarra, y Tito en el bajo (tocando igual que Hernán, de Los Tigres del Norte, con las clavijas del instrumento apuntando al cielo). Kerpel hizo el acordeón con el teclado, para una versión correcta pero a años luz de la que se escucha en el disco.

Hit Me (Gimme the Power II), en términos estrictamente musicales, fue el mejor momento de la noche. Santaolalla en guitarra, Kerpel en teclados y el Huidos haciéndose el argentino (“Que quilombooooo!”, decía), tuvieron una ejecución perfecta, haciendo justicia con una de las mejores canciones de todo el repertorio de Molotov.

No me da mi Navidad (Punketon) fue la excusa para que el Huidos insultara a Bush por echar tantos misiles. Fue el comienzo del “segmento encuerado” de Molotov.

Varias chicas (muchas de ellas aparentemente menores de edad) subidas en los hombros de amigos mostraban los senos y aceptaban una invitación de la banda.

Pasado el caos, Molotov se despidió con Noko y regresó con Here Comes the Mayo (incluida en la banda sonora de Y tu mamá también), Mátate Tet y, por supuesto, Puto.

En cuanto a las acusaciones de sexismo, el sexo es tan viejo como el rock and roll y es injusto tomárselas con Molotov, cuando Alex Lora viene haciendo casi lo mismo desde hace 30 años y hoy es unánimemente reconocido como leyenda del rock mexicano.

Es cierto, los Molotov son burdos, nacos, groseros y sexahólicos, pero todo eso no deja de ser parte del personaje. Lo únicamente real es que, además, también es cierto que son las canciones y capacidad instrumental lo que les permite que sigan siendo la aplanadora del hemisferio norte del rock latino.

Como dijo Borges: “A los hombres hay que juzgarlos por su faceta más importante”. En el caso de Molotov, se trata de una gran banda de rock and roll.

 

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