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Opinando
Más vale tarde que nunca
Es
una lástima que la iniciativa surja al final del período
presidencial y que, en el fondo, no sea más que una respuesta
obligada ante la derrota del partido gobernante
Salvador Castellanos*
El Diario de Hoy
scastellanos@el
salvador.com
El paquete de medidas sociales y económicas anunciado esta
semana por el presidente Francisco Flores llega cuatro años
tarde, responde a intereses electorales, pero trae esperanza. Si
logra superar el retén de la Asamblea Legislativa y el sector
empresarial, los salvadoreños y salvadoreñas quizá
podamos obtener un alivio parcial a la crítica situación
que aflige nuestros bolsillos.
Es una lástima que la iniciativa surja al final del período
presidencial y que, en el fondo, no sea más que una respuesta
obligada ante la derrota del partido gobernante en las pasadas elecciones.
Pero dejando de lado los verdaderos motivos, lo importante es que
se ha dado un paso en favor de la mayoría y, dadas las circunstancias
actuales, más vale tarde que nunca.
Ahora bien, todavía no se puede cantar victoria; algunas
de las medidas deben pasar por la Asamblea Legislativa, y aquí
estamos en otros dominios. Imagino que el presidente Flores cuenta
con el respaldo de su partido, lo que incluye al sector bancario,
pero qué decir del FMLN, el PCN y los otros partidos. Muchos
desearíamos que éstos dejaran de lado sus intereses
particulares y legislen en favor de la mayoría. Con las elecciones
presidenciales tan cercanas, incluso les conviene proyectar una
imagen de buena voluntad y concertación. Pero es obvio que
el paquete del Ejecutivo ya se ha convertido en un instrumento de
canje; considere el descabezamiento en el Viceministerio de Transporte
o los devaneos por la presidencia de la Asamblea; en fin, la movida
ya comenzó y ojalá que, en el reparto, algo alcance
para nosotros.
No deja de ser significativo que algunos empresarios reaccionen
a la defensiva ante la sola mención de un incremento al salario
mínimo. A lo mejor sus presupuestos andan tan apretados que
un aumento a sus empleados los dejaría en la ruina. Sin embargo,
aunque no quiero utilizar un argumento trillado, lo cierto es que
nadie puede vivir con el salario mínimo actual, y es necesario,
como lo dijo el presidente Flores, acercarnos a nuestra gente. Bien
vale la pena salir de nuestra oficina con aire acondicionado, prescindir
momentáneamente del gerente de recursos humanos y relacionarnos
con los empleados, conocer dónde viven, cómo viven,
a sus familias y sus esperanzas. Es sorprendente lo que tenemos
a nuestro alcance para transformar sus vidas, sin poner en peligro
la economía empresarial.
Recuerdo que, junto a varios colegas de medios internacionales,
tuve la oportunidad de almorzar con el presidente Flores poco tiempo
después de su llegada a la Casa de Gobierno. El mandatario
nos compartió su visión de un país de oportunidades
para todos, respetuoso de la ley y en pleno desarrollo. Hoy me pregunto,
¿dónde quedaron esas buenas intenciones? Supongo que
algunas fueron soterradas por los terremotos y otras se estrellaron
contra el muro de las conveniencias y realidades políticas.
Algo que siempre resulta desafortunado para una población
que depende de su gobierno para alcanzar algún grado de certeza
sobre el mañana. Sin embargo, si usted pregunta cuál
es la sensación que prevalece, muchos le responderán
que es la incertidumbre, la impresión de estar solos y sin
dirección.
El año pasará volando y pronto tendremos un nuevo
Presidente de la República, ¿de qué partido?,
eso es algo que no es tan fácil adelantar. Lo que me parece
importante es que quien llegue debe tomar muy en cuenta el mensaje
de los que votaron y los que no votaron en la pasada elección.
Un mensaje que no necesariamente fue para el partido ARENA, sino
para cualquier aspirante a la silla presidencial.
Por mi parte, me seguiré aferrando a Dios y a mi familia,
trabajando duro, tratando de superar mis defectos y de seguir adelante
con optimismo. Aunque eso no me libra de sentirme solo y abandonado
por mis gobernantes, en quienes me gustaría encontrar no
sólo un guía, sino el motor de una sociedad más
participativa, donde nuestras necesidades sean tomadas en cuenta
a la hora de fijar el rumbo y no sólo a la hora de pedir
el voto.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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