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Analizando
¿Se apagaron las luces en Naciones Unidas?

El estallido de la guerra en contra de Iraq es una derrota para la comunidad internacional. Las posturas políticas y protestas ciudadanas han dividido al mundo. Es un momento grave para la comunidad internacional

Carmen Gallardo de Hernández*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

En el momento en que EE.UU. decide atacar por la vía militar a Iraq para derrocar en un primer tiempo a Sadam Hussein, la comunidad internacional se ve obligada a desviar su mirada hacia el campo de batalla. El escenario inherente a las relaciones internacionales multilaterales dejó de ser el centro de atención de los medios de comunicación y suscitó un cierto cuestionamiento acerca de la eficiencia misma de la Organización.

No se puede negar la gravedad de la crisis institucional. Queda por esperar que EE.UU. y los miembros de la coalición reconsideren el plan de reconstrucción de Iraq en un contexto de participación multilateral con la participación de Naciones Unidas.

La complejidad de un proceso de reconstrucción político, económico y social en Iraq constituye una costosa y desgastante tarea incluso para EE.UU. En la fase pos-Sadam habrá, según lo señala la administración Bush, fuertes ganancias para aquellas empresas estadounidenses o procedentes de países que han apoyado la guerra.

Y aquí cabe la pregunta: ¿Redundará en algún beneficio para El Salvador el haberse adherido en forma tan acelerada al ataque unilateral lanzado por EE.UU. en contra de Iraq? Queda claro que si hemos quedado en el campo de los “buenos” para EE.UU., nos hemos situado en el campo de los “malos’’ ante la opinión de los países árabes, y hemos desconcertado a algunos países latinoamericanos y europeos.

La decisión política se ha tomado y como país debemos de asumir las consecuencias, esperando que éstas no pongan en peligro la vida ni los intereses de los salvadoreños.

Una decisión de política exterior tiene sus repercusiones internas. Y si no, que lo digan en este momento políticos de la talla de Tony Blair y de José María Aznar, quienes se ven llamados ante sus parlamentos, a fin de explicar su apoyo a EE.UU. en la guerra para derrocar a Sadam Hussein, por considerarlo una amenaza a la paz mundial.

Cuanto antes El Salvador vuelva a situar su postura en el contexto de las decisiones multilaterales de Naciones Unidas, en consonancia con los países de América Latina que poseen cierto peso en la tradición diplomática del hemisferio, tales como México, Chile, Argentina y Brasil, será beneficioso para nuestro país. Fue en el marco de las negociaciones auspiciadas por Naciones Unidas que encontramos la vía hacia la firma de la paz. Nuestro compromiso con el máximo organismo internacional requiere consistencia en nuestros pronunciamientos ante la comunidad internacional.
Lo que se avecina al ser derrocado Sadam Hussein serán serios problemas para la coalición, así como fuertes disyuntivas. En la reunión de las Azores, EE.UU., Gran Bretaña y España decidieron que la vía diplomática se había agotado y era hora de pasar al ataque armado en contra de Iraq. Hoy en día, la victoria armada se perfila, aunque ciertamente en forma más difícil de lo esperado. En vista de ello, Gran Bretaña, aliado incondicional de EE.UU. en la acción bélica, declara por medio de su ministro de RR.EE., Jack Straw , la necesidad de someter a consideración del Consejo de Seguridad una resolución que permita contemplar una “administración apropiada de Iraq en la fase posconflicto’’.

En otras palabras, Gran Bretaña admite que la reconstrucción sólo puede llevarse a cabo con la participación de los miembros de la coalición y demás miembros de Naciones Unidas que no han apoyado la guerra. Ese es el momento en que El Salvador debía haberse pronunciado, enmarcando su decisión en torno a una limitada ayuda humanitaria.

La propuesta de Gran Bretaña será recogida en la próximas horas en las respectivas reuniones de la Unión Europea y de la OTAN. Volver a darle protagonismo a Naciones Unidas en el plan de reconstrucción de Iraq parece recoger el consenso generalizado de los países. La Casa Blanca ya señaló de que existe diferencia de opiniones en cuanto a la forma en que se debe concebir la reconstucción nacional de Iraq.

Estas diferencias a su vez siguen creando escisión entre la postura del Pentágono, deseoso de establecer una autoridad interina una vez derrocado Sadam Hussein, y el Departamento de Estado, encabezado por Collin Powell, quien se ha pronunciado por una participación amplia de Naciones Unidas en el proceso pos conflicto. Según el Departamento de Estado, conviene que Naciones Unidas supervise la creación de una autoridad civil. Por el contrario, el ala conservadora de la administración Bush estima que Naciones Unidas debe limitarse a apoyar la autoridad interina que EE.UU. designe en Bagdad.

El estallido de la guerra en contra de Iraq es una derrota para la comunidad internacional. Las posturas políticas y protestas ciudadanas han dividido al mundo. Es un momento grave para la comunidad internacional, que llama a los países a analizar con prudencia y visión a largo plazo las posibles consecuencias de los actuales acontecimientos. La recomposición de las alianzas internacionales no debe llevar a cometer errores en la formulación y ejecución de la política exterior.


* Columnista de El Diario de Hoy.

 

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