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La
nota del día
Hay concertación cuando hay moral
¿Concertar? No se acabaría de llegar a un arreglo,
cuando de inmediato surgirían otras exigencias. Como con
los médicos que abandonan pacientes...
Se plantea la posibilidad de concertar con el FMLN
para que haya una efectiva gobernabilidad y se pueda superar la
pobreza que agobia a muchos salvadoreños. La idea se expuso
en una reciente entrevista de TCS, recordando lo que fue el
espíritu de los acuerdos de Chapultepec y el previo
proceso de pacificación.
Concertar, llegar a arreglos sensatos, buscar solución a
diferendos y aprovechar aquello en lo que se coincide, es el normal
afán democrático. En la mayoría de naciones
hispanoamericanas es este el signo bajo el cual se desarrolla la
vida pública, aun cuando siempre hay roces, posiciones irreductibles
y antagonismos.
En las democracias es posible la concertación gracias a un
hecho fundamental: las partes, representadas por institutos políticos
y sectores sociales, se mueven sobre un común suelo de principios
morales y jurídicos, que da forma a las instituciones de
los países libres. Nadie discute ni opone los Diez Mandamientos,
ni pretende inventar nuevas justicias y un flamante Orden de Derecho.
Nadie, eso es, con excepción de movimientos anárquicos,
credos que fomentan el fanatismo, o los partidos comunistas que
sobrevivieron el derrumbe del Muro de Berlín. Anclados éstos
en las elucubraciones de un filósofo alemán de mediados
del Siglo XIX, hace ciento cincuenta años, rechazan la moral,
hacen mofa del derecho y conspiran de forma permanente contra el
orden social de Occidente y la democracia. La concertación
y los arreglos que hagan no son más que maniobras a favor
de su intención última.
No se puede hablar de engaño pues con todas las letras y
sonidos dicen sus intenciones. Los engañados -que caen en
sus propias trampas emocionales, o su falta de discernimiento- son
aquellos que conceden buena intención al movimiento comunista.
Al hacerlo demuestran una patética ignorancia respecto a
la historia del Siglo XX, con sus genocidios y espantosas dictaduras.
Aceptan una, pero piden otra
El aparato estatal que se busca imponer no obedece a ninguna lógica
jurídica, moral, económica, científica ni filosófica.
Su base son las decisiones del partido, las que a su vez son la
expresión de la voluntad del líder máximo.
Esas decisiones varían con el tiempo e inclusive se contradicen
unas con otras, ya que obedecen más a una necesidad o propósito
puntual, que a un esquema político. La colectividad pasa
pendiente de un hilo, pues al no haber un fundamento teórico
o racional, está expuesta a lo pensable y a lo impensable.
Los chanchullos de la Alcaldía (el apelativo
no es nuestro) muestran la clase de desorden y arbitrariedad en
que se caería con los comunistas. Los lectores de EL DIARIO
DE HOY conocen la serie fraudes, vueltas, disimulos y picardías
relacionadas con el asunto de la basura y la planta de transferencia.
Para que abunde, hemos informado sobre la concesión de los
parquímetros y cómo los concejales efemelenistas ayudaron
en forma ilegal a uno de los concursantes para concederle contrato.
Los chanchullos tienen un costo para los ciudadanos,
aunque no necesariamente para los concejales. Al mismo tiempo que
la Corte Suprema declaró ilegal y viciado el procedimiento,
condena a la Alcaldía a indemnizar al otro concurrente.
Esa indemnización, como sabemos, no saldrá de los
bolsillos de los concejales, sino de los bolsillos de los capitalinos.
¿Concertar? No se acabaría de llegar a un arreglo,
cuando de inmediato surgirían otras exigencias. Como con
los médicos que abandonan pacientes...
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