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La
cercana extinción de los zapateros
Los
zapateros de El Salvador comienzan a escasear, sólo un pequeño
grupo aún se dedica a este oficio, la mayoría labora
en reparar calzado
Mauricio Vallejo
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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| Hace mucho, los zapateros no tenían
tiempo para atender todos los pedidos. Ahora, tienen tiempo
de sobra. Foto: EDH/Jorge Reyes |
Encontrar un zapatero que haga un par de zapatos a la medida, al
gusto y de calidad, se ha convertido en una tarea casi imposible.
Los que se dedican a este complicado oficio ya se cuentan con los
dedos.
Hace mucho tiempo, en los 70 y 80, era fácil encontrar muchos
zapateros, pero en los últimos años, éstos
tuvieron que emigrar fuera del país o dedicarse a otras tareas.
La fabricación de zapatos es un trabajo al que muy pocos
se dedican, los que persisten fabrican calzado para damas. Son raros
los que hacen calzado masculino y cuando lo hacen, es por encargo
y a precios altos.
La mayoría de zapateros no fabrica zapatos, porque deben
alquilar hormas (formas de pies talladas en madera). Esta pieza
es necesaria para que el calzado quede exacto, a la medida.
Otros alegan que con la llegada de los zapatos que vienen del exterior,
la gente no busca a los zapateros, afirman que es más barato
comprar el calzado extranjero que hacer uno nuevo.
Nosotros preferimos quedarnos a reparar zapatos. Hacer zapatos
nuevos es un gran trabajo, porque hay que cortar, coser y ensuelar,
afirmó Alejandro Hernández, un zapatero ensuelador,
quien no está dispuesto a fabricar calzado, porque gastaría
más de lo que ganaría.
Gabriel Escobar, zapatero de la colonia La Vega, también
es de la idea de reparar calzado. Tiene cinco años de no
fabricar un par de zapatos, aunque tiene un buen número de
hormas.
Tengo intenciones de poner una tiendita, porque es muy sufrido
el trabajo, explica Escobar, mientras se prepara a trabajar
un cuero de res para ensuelar.
Ellos afirman que en ocasiones hay personas que no quieren pagar
el precio de un remiendo (siete dólares) y les dicen que
mejor se van a comprar otros. Después regresan con los zapatos
que compraron arruinados y pidiendo que les arreglen los anteriores.
Aunque las causas que han provocado la extinción son muy
discutibles, lo cierto es que estos oficiosos hombres ven pasar
los días con más penurias que glorias. Esa es historia
pasada.
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