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“Adiós, señor gobernador”

La solidaridad de la sociedad sonsonateca ayudó a la familia del gobernador René Armando Arce, a soportar el sufrimiento causado por su pérdida.

Érika Prado
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Millares de personas asistieron a los oficios religiosos en memoria del gobernador René Armando Arce Suárez Foto Érika Prado

Fue una tarde de dolor. Diferentes sectores de la sociedad sonsonateca, se unieron ayer al luto de la familia del gobernador René Armando Arce Suárez, fallecido el miércoles.

Políticos, funcionarios, estudiantes y vecinos se aglomeraron en las calles de la ciudad para acompañar el sepelio de quien gobernó el departamento durante catorce años.

Arce murió víctima de un infarto. Fue un hecho que consternó a muchos, ya que el funcionario no había dado muestras de deterioro en su salud.

Sepelio

Cuando el ataúd fue llevado al templo Santo Domingo, había millares de personas en las calles, todos querían, con su presencia, expresar las condolencias a los familiares.

El templo estaba lleno. Muchos funcionarios y políticos ocupaban las primeras bancas tratando de acercarse a la familia doliente.

Monseñor Adolfo Mojica, acompañado por varios sacerdotes, desarrolló los oficios religiosos que iniciaron a las 3:15 de la tarde. “Oremos esta tarde por el eterno descanso de nuestro hermano en la fe”, expresó el religioso.

Luego recordó que René Armando fue un fiel creyente y apoyó las tradiciones religiosas de la ciudad.
Al finalizar la ceremonia, fueron muchas las personas que se acercaron al ataúd. Unos lloraban, otros oraban y la mayoría se acercaba a los dolientes para expresar su pesar.

Bajo el sol

Luego, bajo un fuerte sol, el cuerpo fue llevado al cementerio de la ciudad. Una larga caravana de personas acompañaba a los dolientes.

María Antonieta, René Armando, Juan José y Manuel Roberto, hijos de quien fue gobernador, estaban sorprendidos y agradecidos por el apoyo de los sonsonatecos.

En las calles, estudiantes de diferentes centros, formaban vallas para que pasara el cortejo fúnebre.
Fue Manuel Roberto quien –entre lágrimas–, recordó que su padre gustaba de servir a los demás de una forma discreta.

Para él, igual que para muchos de los presentes, esta era una de las principales virtudes de René Armando Arce Suárez.

 

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