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Orientaciones familiares
El sueño del sembrador

Por Pastor Mario Vega
El Diario de Hoy
E-mail: orientaciones.familiares@navegante.com.sv

El sembrador salió a sembrar la Palabra. Trabajó hasta que el sol cayó. Cansado el sembrador fue a dormir. Mientras dormía soñó que en el mundo ya no había maldad.

Nadie vivía para sí sino para el bien común. El terrorismo era desconocido. No había muertos de ningún bando, porque no había bandos.

El hombre había entendido que lo que se le hace a un hombre se le hace a toda la humanidad y, por ello, nadie lastimaba a nadie.

Palestinos y judíos vivían pacíficamente en la misma tierra. Compartían a Jerusalén no solamente entre ellos sino con las otras naciones, como un patrimonio de la humanidad.

No había hombres-bomba ni tampoco bombardeos aéreos. ¿Para qué se tendría que recurrir a tanta barbarie?
Los niños tenían infancia.

Jugaban, estudiaban y tenían derecho a la inocencia. No había abusos físicos, verbales ni de ningún tipo. Los niños no eran considerados el futuro sino el ahora.

Las mujeres no eran instrumentalizadas. Se las respetaba como a personas. Más allá de su función maternal y cuidado de los niños, se las reconocía como seres con plenos derechos.

En su sueño vio que el mundo entero era diferente. Las inversiones multimillonarias ya no eran para las armas de guerras, ya fuesen inteligentes o tontas, sino para fortalecer la producción agrícola y alimentar a la humanidad.

Ya no había desnutrición, prepotencia ni agresividad. Las relaciones humanas se caracterizaban por los fuertes lazos del amor, el perdón y la justicia. Los insultos ya no se imponían a la razón.

El planeta era considerado casa de todos y se cuidaba de él sabiendo que no se tenía otro. Los hombres vivían de lo necesario. El consumo galopante había cedido ante el imperio de la sencillez y la humildad.

La tierra era llena del conocimiento de Dios, como las aguas cubren el mar. De este conocimiento los hombres habían entendido que Jesús es el modelo y que imitarlo es la máxima aspiración de la existencia humana.

El sol comenzó a salir y sus primeros rayos hirieron los párpados del sembrador. Éste despertó de su sueño.
Al levantarse se dio cuenta de que todo había sido un sueño... pero un sueño premonitorio.

De manera que con mayor empeño se levantó para seguir sembrando con mayor convicción la semilla de la Palabra.

 

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