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Opinando
Seguridad jurídica es lo primordial

Carlos Adalberto Fonseca*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

En El Salvador nos invade la zozobra ambiental y el no saber a ciencia cierta para dónde vamos en este hacer y deshacer arbitrario de algunos que dirigen la cosa pública

Lo esencial, lo más importante, lo que constituye la base, el fundamento, lo indispensable para el adelanto de un país, es la seguridad jurídica. Todo lo demás viene como una consecuencia.

Y, en nuestro caso, es debido a la inseguridad jurídica que nos circunda, lo que nos está inhibiendo de asumir proyectos de cualquier naturaleza a largo plazo, manteniéndonos inseguros, temerosos, no sabiendo a qué atenernos, con las incógnitas: de ¿qué nos depara el futuro?, ¿cuál es el rumbo cierto que tomará el funcionamiento de las instituciones gubernamentales?

En El Salvador nos invade la zozobra ambiental y el no saber a ciencia cierta para dónde vamos en este hacer y deshacer arbitrario de algunos que dirigen la cosa pública; desconcertando a propios y a extraños. Es sabido -a través de la historia-que el ser humano prefiere vivir en un Estado bien organizado, con leyes justas, duraderas, y no vivir en la anarquía.

“Exigimos la protección de nuestra propia libertad y la de los demás. No queremos vivir a merced de quien tenga los puños más fuertes o las armas más poderosas. En otras palabras, queremos ser protegidos de la agresión de los demás. Queremos que se reconozca la diferencia entre la agresión y la defensa y que esa última descanse en un poder sabiamente organizado del Estado”.

O sea que aquí, en el país, el invertir, el iniciar nuevas empresas, el sólo hecho de incrementar el capital en las ya existentes se ha convertido en las grandes interrogantes para el hombre de negocios -de cualquier nivel, grande o pequeño- salvadoreño o extranjero, que siente el efecto negativo de la inseguridad jurídica.

No otra cosa es la impresión y el espectáculo de una Asamblea Legislativa que habiendo emitido una ley, a los pocos días la modifica, la enmienda, la deroga, y después da una interpretación auténtica de ella. Todo motivado por la ignorancia de la alta misión que se le ha encomendado, o por la mala intención política a que le inducen los intereses particulares de un partido. El ciudadano tiene derechos y deberes intangibles que el Estado no puede destruir ni modificar.

Ojalá que los nuevos diputados se compenetren de la delicada tarea que tienen entre manos y tengan presente en su quehacer diario que la nación necesita una legislación firme, justa, libre de demagogias y populismo. Que los fracasos de doctrinas extremistas de uno u otro bando sirvan de lección para evitar errores en este pueblo de gente que tiene como consigna el esfuerzo y el trabajo.

Aclarando que “no es, pues, trabajar, dirigir una casa de juego, ni poner taberna, ni tener casa de usura, ni manejar un lenocinio, ni especular con los fondos públicos, ni otras ocupaciones semejantes, verdaderas falsificaciones del trabajo; hábiles maneras de pasar la vida a costa del trabajo de los demás”.

“Todos somos pasajeros a bordo de la misma nave, El Salvador, y no debemos permitir que naufrague. ¿No sería más adecuado prescindir de las cosas que nos dividen en beneficio de los intereses de toda la nación?”.
*Lic. en Filosofía y Dr. en Derecho.

 

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