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Palabras
Geografía del mundo de una rata
Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Suele equivocar los caminos de su supervivencia, o de lo que busca
Desde el momento de nacer y de encontrar un lugar donde vivir,
la rata descubre y memoriza los caminos de su supervivencia.
Con el tiempo aprende de memoria esas rutas, el sistema vial del
mundo que frecuenta, del área de su actividad.
En pruebas de laboratorio se ha cambiado bruscamente a algunas ratas
de su hábitat habitual y en el nuevo hábitat donde
son confinadas, éstas no encuentran la comida ni pueden hallar
la salida del laberinto.
Algo similar pasa con el hombre.
Suele equivocar los caminos de su supervivencia, o de lo que busca;
suele no encontrar la salida a su propio enigma, a su propia confusión.
Día a Día
La Constitución de Estados Unidos declara con contundencia
y claridad que los derechos y libertades fundamentales están
por encima de la ley y de lo que un conglomerado decida.
De la misma forma como una persona no puede venderse como esclavo,
tampoco un pueblo puede anular sus libertades a través del
voto.
La democracia política y, por ende, los procesos electorales
constituyen un derecho irrenunciable, pero no un derecho para suicidarse.
Por más abrumador que sea el voto respaldando a un candidato
o un partido, ese voto no representa un cheque en blanco, ni menos
una renuncia al Imperio de la Ley, la razón ni la libertad.
Que los venezolanos hayan tenido la ligereza de elegir a Hugo Chávez
con un ochenta por ciento de votos a su favor, no legitima lo que
ese bárbaro ha venido haciendo.
Hay similares antecedentes. Adolfo Hitler y sus nacional socialistas
(los nazis) llegaron al poder libremente electos por los alemanes.
Nadie duda que de haber Hitler seguido celebrando elecciones en
Alemania, las habría ganado con amplia mayoría en
toda la década de los treinta y por lo menos durante dos
años de la década de los cuarenta.
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